A un año del atentado contra Omar García Harfuch, secretario de Seguridad de la capital del país, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) solo se ha expandido más sin que las autoridades hayan podido evitarlo, a sabiendas de que sus continuos desafíos al Estado mexicano reafirman el poderío criminal para mantenerse como una de las organizaciones más peligrosas del mundo.

El embate de aquel 26 de junio de 2020 no ha tenido consecuencias concretas. La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México lleva un caso que terminará por rebasar sus capacidades, mientras que instituciones federales prefirieron mantenerse al margen, ante otra declaratoria de la guerra que deja ríos de sangre y decenas de víctimas cada día.

Claudia Sheinbaum, jefa del gobierno capitalino, informó ese día del ataque que el secretario sufrió represalias por acciones de impacto contra criminales, pero los expertos indican que eso no se ciñe a lo realizado en la capital del país, sino aquello que llevó a cabo como jefe de la Agencia de Investigación Criminal en la antigua Procuraduría General de la República.

Durante la gestión de García Harfuch, desde junio de 2019, datos de estadística delictiva de la fiscalía capitalina indican un vaivén en ilícitos cometidos por kilómetro cuadrado en cada una de las 16 alcaldías, con bajas durante la pandemia de COVID-19 y ligeros aumentos tras la reactivación económica.

En el transcurso de febrero a marzo de 2020 hubo aumento consecutivo en la incidencia delictiva. Pero en abril se contabilizó una caída significativa, periodo que coincidió con la disminución de movilidad por medidas contra la pandemia, pues las cifras se redujeron cuando menos a la mitad. Por ejemplo en Cuauhtémoc, donde se registraban hasta 92.3 delitos ocurridos por kilómetro cuadrado, la cifra se redujo a 50.2.

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