Redacción MXPolítico.-

 1.

 Hace un año, cuando empezaban a ser evidentes los efectos que tendría la pandemia de Covid-19, Francis Fukuyama advertía sobre el impacto que ésta podría tener en el mundo. En un ensayo publicado en Foreign Affairs (The Pandemic and the Political Order, julio/agosto 2020), derivaba grandes consecuencias de todas las grandes crisis. Por ejemplo, la Gran Depresión generó dinámicas aislacionistas, nacionalistas y fascistas, provocando la Segunda Guerra Mundial, el fin del colonialismo y los imperios y el ascenso de Estados Unidos como superpotencia. Más recientemente, la crisis financiera de 2008 auspició una ola de liderazgos antiestablishment alrededor del mundo.

2.

 La incógnita giraba en torno a cuáles serán las consecuencias de la pandemia, dependiendo de cómo ésta evolucionara y se aplicaran los remedios. Para mal, los presagios funestos se han cumplido. Para Fukuyama los elementos que influirían en el buen o mal manejo de la crisis serían: un aparato estatal competente, una sociedad con confianza en su gobierno y un liderazgo efectivo; por el contrario, los Estados disfuncionales con sociedades polarizadas y liderazgos pobres, estarían dejando a sus ciudadanos y economías expuestos y vulnerables. La disputa por la distribución global del poder seguiría moviéndose hacia el este, al obtener China beneficios, por lo menos relativos, por ser el país donde inició el brote y tener, de una u otra forma, más conocimiento de la enfermedad y cómo controlarla. Adicionalmente, el desprestigio estadounidense de la administración Trump, agudizado por su inadecuada respuesta a la pandemia, significó mayor ventaja para el país asiático.

3.

 Estados Unidos sería el ejemplo perfecto de cómo un país con gran capacidad estatal no supo ser eficaz ante la contingencia sanitaria debido a un líder incompetente y una sociedad altamente polarizada. Y no obstante que el gobierno de Joe Biden podrá festejar la Fiesta de la Independencia el 4 de julio en relativa libertad al revertir la situación y controlar la pandemia gracias a la rápida aplicación de vacunas, habrá de esperarse un poco más para hacer el balance de los daños en un mundo que aún no ha conseguido un triunfo sólido contra la enfermedad. 

4.

 Por desgracia, las advertencias sobre un aprendizaje disfuncional de la pandemia se han ido cumpliendo. Lejos de disminuir, se han ido acelerando las tendencias de nacionalismo, aislacionismo, xenofobia y ataques al orden mundial liberal y a la democracia, pues gobiernos como Hungría y Filipinas aprovecharon la crisis para otorgarse poderes de emergencia, alejándose aún más de un sistema democrático y marcando la pauta para otros países como China, El Salvador, Uganda y ahora Nicaragua. Adicionalmente, otras naciones han preferido cerrar sus fronteras y volcarse hacia adentro antes que cooperar de manera constructiva. Todo esto también impulsa el reduccionismo y la posibilidad de que la problemática se utilice como distractor de otras dinámicas internas. Por último, los países más pobres, que carecen incluso de los insumos básicos para mantener una higiene adecuada, están siendo los más afectados, no sólo por las consecuencias directas de la pandemia, sino por el impacto del cambio climático y la cauda de sequía y hambre aparejada.

5.

 El impacto desmesurado de la Covid19 y la falta de coordinación internacional para enfrentar sus efectos ha incrementado la necesidad de emigrar y esta situación habrá de agudizar las resistencias a la movilidad transfronteriza ya de por sí reservada ante el temor de nuevas oleadas por otras tantas cepas. Finalmente, una recuperación asimétrica prolongada seguirá aumentando la brecha entre ricos y pobres. Un escenario más alentador sería la posibilidad de que la crisis impulsara la solidaridad y el apoyo financiero a la recuperación, estimulando de esta manera la cooperación internacional y el respaldo a los países más débiles, opción ésta aún por construir. 

Autor: Luis M Cruz

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