• Temiendo que en el Estado se reproduzca la rebelión que encabezó hace unos días en la sede nacional del PRI, el ex gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, operadores de la actual Secretaría General del CEN tricolor, lanzan un documento de tres párrafos, llamando a la unidad del priísmo hidalguense, para no hacer olas a las aspiraciones de Carolina Viggiano Austria

Redacción MX Político.- En 1997 el PRI tuvo el primer descalabro que prefiguró la pérdida de la presidencia: Cárdenas ganó el GDF y el PRI perdió la mayoría simple en el Congreso ante una coalición opositora. Empero, dos gobernadores “salvaron el honor” del tricolor con dos “carros completos” gracias a las habilidades de “alquimia” de Ulises Ruiz, quien operó entre Tabasco y Puebla, con un jet privado a su disposición, para que Roberto Madrazo y Manuel Bartlett colocasen planilla completa de sus diputados federales.

Ulises ya era “legendario” en el todavía partido oficial por sus habilidades para manipular resultados electorales y tenía decenas de aventajados discípulos en el comité nacional.

Pero tres años después, con un IFE ya consolidado y con una legislación que hacía ya muy difícil la operación tradicional de relleno de urnas y falsificación de actas, el PRI perdió la presidencia: los nuevos tiempos requerían de ganar el voto con una campaña que convenciera a los electores, algo que el tricolor había desdeñado a lo largo de 70 años.

Comenzó la nueva era de los operadores del “marketing electoral” en los medios de comunicación, y en los años recientes en “las benditas redes sociales”.

Después de los resultados del seis de junio, donde morena ganó 11 de 15 gubernaturas, esa sacudida amenaza, ahora sí de forma ominosa, la supervivencia del PRI como partido nacional y verse reducido a sólo algunos triunfos locales.

Y como si estuviera el horno para bollos, de pronto surge una acción gangsteril de “toma” del edificio del comité nacional, en avenida Insurgentes, a cargo, precisamente, de Ulises Ruiz al frente de una horda de facinerosos armados con garrotes y pistolas. Después de una semana el saldo son un herido de bala y vigilantes del edificio secuestrados, los “sitiadores”, al final, se retiraron.

En esta situación, en Hidalgo surgió “una carta”, de sólo tres párrafos, en lenguaje críptico, con un título que recuerda los regaños familiares: “Si algo le debemos al partido, es momento de pagarlo con unidad”.

Comienza el texto con una “verdad de a kilo” donde dice: “Después de la última elección nacional, nuestro partido ha quedado en situación muy frágil”.

Llama la atención que la larga lista de “abajofirmantes” la encabece Alberto Jonguitud Falcón, exsecretario de Salud en las administraciones de Manuel Ángel Núñez Soto y de Osorio Chong, le secunda Jaime Costeira Cruz quien ejerció como delegado estatal del Conafe cuando Carolina Viggiano Austria era la directora general del organismo, y precisamente es señalado en Hidalgo como el promotor y difusor de la breve misiva, la que dice: “El camino más directo a la destrucción es el enfrentamiento interno; debemos evitarlo a toda costa (porque) las riñas intestinas son propias de partidos emergentes y antropófagos (¿?), no del PRI, que tiene obra, historia y política”.

Lo que a los priistas -por lo menos de Hidalgo- les queda claro, es que Carolina está mortificada por los acontecimientos en CDMX por sus aspiraciones a ser la presidenta del comité nacional y, por lo mismo, lanza esa dolorida súplica de “unidad”.

La diputada aspirante a la dirigencia nacional pretende ignorar, precisamente, la historia, sobre todo la reciente, del que fue partido oficial.

Para comenzar, surgió desde el poder, cosa por supuesto muy conocida. Y el antecedente inmediato fue el famoso “pacto de caballeros” de 1929, entre las facciones de revolucionarios para suspender de una vez por todas las matanzas surgidas, por lo menos desde 1913, para sentarse en “la silla”. La última, que se olvida como los pecados de familia, fue precisamente en ese 1929, con la revuelta del general sonorense José Gonzalo Escobar.

Se acordó que la presidencia se ocuparía por riguroso turno y los perdedores tendrían puestos, negocios, impunidad garantizada por el presidente en funciones. (Por cierto, esa impunidad está de vuelta, según fuertes indicios).

Las elecciones eran un simulacro con el resultado conocido por anticipado.

Cincuenta y nueve años después, en elecciones que le pusieron contra la pared, el gobierno decidió aplastar los resultados electorales que posiblemente -nunca quedó claro- favorecían a Cuauhtémoc Cárdenas, quien al frente de priistas disidentes, exigían “retorno a los orígenes” del partido. El operador de esa maniobra, que exhibió a México como país tercermundista químicamente puro, fue Manuel Bartlett, en estos días, director de la CFE y personaje muy prominente y favorecido por el gobierno de Morena.

Si en los años 20 el asunto se arregló con una matanza en Huitzilac, en 1988 fue obligadamente “civilizada” la situación: se culpó a una falla de la tecnología de avanzada, “la caída del sistema”.

El presidente Salinas de Gortari, con parte de su equipo, intentó formar un nuevo partido, “Solidaridad”, al concluir que “el PRI no tiene remedio”. No pudo.

Pero el PRI, otra verdad de a kilo, era la organización que tenía los administradores, los técnicos, diplomáticos, los parlamentarios, los juristas y los funcionarios de mediano nivel, los que tienen el pulso del país.

Fox y Calderón echaron mano de no pocos de ellos, en tanto que AMLO fue asimilando a los priistas nostálgicos de glorias pasadas, como Manuel Bartlett, que nos envenena ahora con el carbón y combustóleo en tanto planea desmantelar la energía eólica porque “afea el paisaje”.

Pero en el PRI vapuleado el seis de junio quedan muchos “nostálgicos” que añoran la vuelta a ese pasado. Uno de ellos dio la cara de forma muy abierta: Ulises Ruiz se mostró al frente de la banda de hampones que “sitiaron” el edificio del comité nacional.

Ese intento “de toma” de las instalaciones tiene una carga simbólica clara: hay corrientes en el PRI que manejan la creencia de que es posible “la restauración”, pero tal parece que no se dan cuenta que esa “restauración”, en gran medida ¡está en marcha en Palacio Nacional!

Si Ulises Ruiz y otros de su calaña no han sido recibidos con los brazos abiertos en Morena, quizá es porque Bartlett no quiere que AMLO se percate que Ulises es “el efectivo”, el auténtico y real priista de cepa, como lo es AMLO.

El PRI de 1929, de 1940 (cuando “tomaron” casillas con metralletas Thompson), el de 1988, cuando se fabricaron resultados a sangre y fuego para salvación de la “revolución”, ese es ahora el PRI que abandonó AMLO porque ya no defendía los principios revolucionarios.

En Morena está ese PRI, el que aboga por el encierro del país, de espalda al mundo moderno y aliado de los tiranos “redentores del pueblo” en Cuba y Venezuela, además de los demagogos de Bolivia, Argentina y ahora de vuelta en Perú.

Ulises Ruiz debería llenar su solicitud de ingreso a Morena… y Carolina, quizá lanzar su candidatura a la presidencia del comité nacional de manera abierta, transparente, con un programa de trabajo definido, y no hacer “al ensarapado” como si hubiera un presidente de la República que mantuviera a todos mudos (¿o sí?).

Eso, en lugar de promover “cartas” con abajofirmantes que representan al viejo cacicazgo hidalguense y sus ramificaciones.

Entre esos hay unos 25 personajes (y “personajas”) ligados a José Antonio Rojo, de la estirpe de Javier Rojo Gómez, el cacique que, fiel a la moda de la época, hizo ligas nupciales con la hija del rico hacendado español Inocencio Lugo); otros en la lista son gente del definitivamente impresentable Gerardo Sosa Castelán, distinguido huésped de Almoloya y otros, con el ex gobernador Francisco Olvera.

Sin olvidar que Carolina, es poseedora de una historia de beneficios y canonjías que muchos años le dieron varios gobernadores, desde Murillo karam hasta Francisco Olvera ¿Capacidades o exquisiteces?

Todos ellos, representantes prominentes de un PRI que no puede caminar en estos años del siglo XXI, como parece claro.

Es necesario entender que la clientela electoral tradicional está capturada por Morena, pero queda la parte moderna (o en trance de serlo) del país.

Algunos de estos últimos, encandilados, han votado por Morena, pero muchos andan a la búsqueda de otra opción.

No es tan difícil entenderlo.

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