Mencionada como una de las corcholatas -más por llenar los renglones- después de haber debuta en el colegio cardenalicio, Tatiana Clouthier Carrillo, decidió renunciar mediante una carta de 6 párrafos y dos líneas. Una: estimado presidente. Otra: muchas gracias.

Sin explicaciones de su partida. Sin razón aparente. Con muchos pendientes por resolver. Cantinflescamente, dejó el campo de juego y se integró a la porra.

Una despedida en la que no se demostró el respeto, cariño y amistad que dice el presidente de la República concederla a la que le renunció. Ni siquiera le permitió abrazarlo y menos él abrazarla a ella.

Amarga despedida. En las afueras de Palacio Nacional los reporteros intentaron entrevistarla y lacónica, respondió: ya dije allá adentro todo lo que tenía que decir.

En realidad, no dijo nada que justificara irse. Se echó porras y, por supuesto, con la confianza que presuntamente tiene con el presidente, le habló de tú. 

Y colorín colorado. Abandonó el colegio cardenalicio y arrojó la vestimenta guinda para alzarse la sudadera, la cachucha y subir a las graderías para estar en la porra.

¿Qué orilló a la sinaloense a dimitir?

Admitió estar agotada físicamente. No tener la residencia de su jefe y que las levantadas a las 3 de la mañana la dejaron exhausta.

Nada trascendente como para renunciar.

Sin embargo, lo hizo.

Enseguida, conocido el abandono del barco que hace agua, en las redes sociales corrieron diversas versiones. La más recurrente: le jalaron las orejas en Washington. Es probable. Atender el problema de las consultas solicitadas primero por Estados Unidos y después por Canadá por las violaciones al T-MEC, no era un durazno en almíbar. Sus contrapartes no accedieron a peticiones de ampliar los plazos y todo indica que los reclamos llegaran a los paneles de controversia, en los que México lleva todas las de perder.

¿Cómo su jefe no tiene razón?

En su relación con el sector empresarial parece ser se brincó las trancas y fue generosa con quienes son, por regla general, defenestrados desde el púlpito guinda. Y seguramente el trato no es el que esperaba su jefe. Porque al conocer su partida, varios de los capitanes de las confederaciones empresariales, se llamaron a sorprendidos porque “ha hecho muy buen trabajo”, como diría el de Concamin.

El Pinabete fue otra piedra en su zapato. Corresponde a la Secretaría de Economía otorgar las concesiones mineras. Y el fracaso en el rescate de los 10 mineros que quedaron atrapados hasta morir, se sumó a otros problemas menos conocidos, pero de suyo importantes.

Según el titular de exteriores, Marcelo Ebrard, las consultas, el diálogo y los acuerdos, con los socios comerciales, no se afectan por la partida de Clouthier. Seguramente, como ocurrió desde el principio de las consultas, junto con su equipo fue corresponsable de las entrevistas.

Es lamentable que no haya explicaciones para remover a los cardenales. Es vedad que el presidente nombra y remueve a sus colaboradores sin pedirle permiso a nadie. Sin embargo, los ciudadanos tenemos derecho a saber las razones que obligan a una funcionaria con rango de secretaria de Estado y en una cuya responsabilidad es inmensa, porqué abandona el barco.

Si es porque hace agua, mal. Si es porque la brújula le fallo al capitán, simplemente debió decir: rumbo equivocado. Todo es especulación. 

Lo que no la es, es el mal trato al despedirse. 

Como dice el hermano de la exsecretaria: el presidente demostró con su actitud de no abrazarla, que su consigna o estás conmino o en mi contra. ¿Habrá estado en su contra’

Vaya usted a saber.

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