Cambiar de nombre no borra el pasado.

Menos los actos de corrupción.

El secretario de marina, almirante José Rafael Ojeda Durán, cree que sí.

Redacción MX Político.- Que basta cambiar la denominación Administraciones Portuarias Integrales a Administraciones del Sistema Portuario Nacional, para acabar con los vicios que se han dado por décadas en todos los puertos que operan en el país.

Como es bien sabido, las aduanas marítimas junto con las de los aeropuertos y las terrestres, han sido minas de diamantes para quienes las administraban. Por ellas pasaban lo mismo armas de alto calibre que toneladas de drogas. El contrabando se hizo parte de la cotidianeidad social.

La clásica “mordida” para pasar pacas de ropa “usada”, introducir o sacar del país por la vía marítima toneladas de acero -como se hacia por Lázaro Cárdenas- o precursores químicos por Manzanillo, eran acciones que nadie veía.

Por supuesto que es plausible que se ponga orden en todas las aduanas y operaciones tanto de buques, barcos, yates y lanchas como de aviones, ferrocarriles y transporte terrestre.

Porque, por ejemplo, México se queja de que de Estados Unidos provienen miles de armas que ingresan ilegalmente. Nada más preocupante que aquellas, las .50, los rifles de combate, “caminen”, muestren su tarjeta verde o pasaporte para que caigan en manos de la delincuencia organizada. Lo mismo ocurre con los precursores con los cuales se elaboran las drogas sintéticas que causan más daño y muertes que las provocadas por el consumo de heroína o cocaína.

Sin poner en tela de juicio o duda al personal naval que ya está al frente de las administraciones portuarias -en principio 14-, hay que valorar la experiencia administrativa que tenga. Porque no es lo mismo regirse por la disciplina castrense que lidiar con civiles que se las “saben de todas, todas” en aquello de hacer caminar los contrabandos de cualquier índole.

Deberá creerse que la corrupción se combatirá, más no desaparecerá.

Los marinos no son almas de la caridad y nunca, ni con el uniforme, pierden su estatus de seres humanos. No se conocen muchos casos de corrupción entre el personal naval, pero sí en el ejército. Y ambas instituciones son, presuntamente, incorruptibles.

Si bien los marinos no están entrenados profesionalmente para ser “solamente administradores”, hay que confiar en que durante el tiempo que llevan a cargo hayan superado la curva de aprendizaje.

Con la modificación de nomenclatura queda más claro que el agua bendita la militarización del país.

Ejército y Marina desempeñan actividades generalmente reservadas a los civiles. Y claro, hay que ser o tratar de ser objetivos: el cambio puede y debe ser positivo. El prestigio de la Marina y sus integrantes corre el riesgo de corroerse.

Porque no solo es cambiar de nombre… es cambiar de actividad. La mentalidad no puede ser la misma.

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