Redacción MXPolítico.-A pesar de que en los tres primeros trimestres del año ingresaron 32 mil 147 millones de dólares como inversión fija directa, su impacto en la economía nacional se ve reducida por llegar a industrias fílmica, video y automotriz, donde los salarios bajos, no cambian. En cambio, en los sectores de infraestructura, detonantes de empleo y desarrollo como la construcción, las expectativas son que se mejorará hasta 2025 y se estabilizará entre 2026-27.

Simultáneamente, la inflación general que en octubre se reportó con dos décimas a la baja, se empató con la subyacente, por lo que la carestía no cede, aumenta y es factor de deterioro del ingreso en todos los sectores sociales.

Y es que, de acuerdo al Índice Nacional de Precios al Consumidor, si bien algunos productos de la canasta básica se mantuvieron estables o disminuyeron para colocar la inflación general en 8.41 por ciento, la subyacente subió a 8.35, afectando el valor de tortillas, alimentos procesados, estudios y consultas médicas, medicinas, rentas de casa, colegiaturas, útiles escolares, tasas de interés, aguas embotelladas, papeles de baño, cocina, oficina y en general, artículos de consumo generalizado. 

Gasolinas, gas y luz, mantienen subsidio electorero, pero su costo de producción y generación son costosos, los asume el gobierno en un monto que supera ya los 450 mil millones de pesos que se absorben vía déficit presupuestal no programado. No obstante, son fluctuantes y gravitan en los salarios. 

De tal suerte, según la encuesta de Citibanamex de Expectativas, la inflación general y subyacente cerrarán 2022 en un promedio de 8.48 por ciento. Esta cifra se modificará de inmediato al iniciar el año con el aumento a los bienes, servicios y tarifas de gobierno como predial, agua, peajes, pasaportes, licencias, trámites y demás que, de acuerdo con la ley, subirán el mismo porcentaje inflacionario del año. Desde luego que el comportamiento de tasas de la Reserva Federal de EU a cargo de Jerome Powell, será fundamental pues la tendencia es al alza.

Es decir, si los aumentos salariales son de un nivel menor o similar, serán “tragados” por la carestía inicial de 2023, con sus consecuencias en pobreza, a la cual se sumaron 4.3 millones de mexicanos, mientras que la Concamin advierte de expectativas de crecimiento económico menores por el rezago en la industria de la construcción la cual en el mejor de los casos, alcanzaría el mismo nivel previo a la pandemia hasta 2025. La verdad es que el parámetro debería ser: antes de la cancelación del NAIM.

Es decir, tendremos un sexenio perdido donde no se recuperará el nivel de antes de la llegada de la 4T, con todo y el neoliberalismo y corrupción de los de “antes”.

Eso se explica según el Inegi, porque el ramo constructor reportó otro retroceso del 3.3 para ubicarse 10 por ciento abajo del nivel alcanzado en 2020, y 20.1 menor a su máximo histórico registrado en septiembre de 2017. 

Por ello, José Luis de la Cruz, presidente de la Confederación Nacional de Cámaras Industriales considera que regresar a niveles históricos será hasta 2027. Esto es una década perdida que se paga con desempleo, bajos salarios que, sumados a inflación, da como resultado mayor pobreza general y laboral.

La falta de inversión según el Bank of America y la propia OCDE reside en las políticas dictadas desde el gobierno no sólo en materia económica sino también educativa, energía, seguridad y salud, principalmente.

Desde luego que en Palacio Nacional se niegan los números reales que además afectan a nivel global. Ante el fracaso de la promesa de crecimiento por arriba del cuatro por ciento, el ganso presume la bandera de los pobres que son cada día más, mientras el número de aspiracionistas clasemedieros disminuyó de 53.5 millones en 2018 a 47.2 millones de personas en 2021, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH) del Inegi.

En eso el éxito del caudillo es rotundo. Tal vez por eso continuará alimentando la precariedad, mediocridad e improductividad de los mexicanos mediante un mayor presupuesto a los programas clientelares con lo que miles de mexicanos dicen:

 ¿Para qué trabajamos o nos esforzamos si papá-caudillo nos da dinero para sobrevivir?

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