Redacción MX Político.- Francisco Xavier, es menester reconocerlo, siempre tuvo aspiraciones muy grandes. Quiso ser gobernador para, desde ese puesto, aspirar en automático a la Presidencia de la República, y es una conjetura válida, tomada en cuenta su trayectoria que, vista en retrospectiva, es triste.

Cantante en la medianía, se convenció que nunca llegaría a ser una versión menor de Marco Antonio Muñiz o José José (¡Ni en sueños!) y optó por… ¡la política!

La verdad, como que parecía tener algún talento —por decir algo— como lo describimos en este espacio en algunos momentos, su talante de “especialista en escándalos”; de “naturaleza estridente”, “bravucón y desfachatado”, con exhibiciones de “cinismo rampante”.

Aquí sostuvimos no hace mucho que Francisco Xavier Berganza era muy proclive al “escándalo autoinducido” para hacerse visible. (Táctica publicitaria de moda entre vedettes en decadencia, por cierto).

Se dedicó a filmar y difundir borracheras, escenas algo indecentes y/o comentarios execrables hacia algunas celebridades y así ganar “notoriedad instantánea”.

De la misma forma, hicimos notar que en esos esfuerzos, Berganza vivía una paradoja: Nunca ha sido un desconocido, sino… todo lo contrario. Era y es muy conocido y más de lo que a él mismo le gustaría.

¿DE LO PERDIDO BUENA ES LA CURUL ESTATAL?

Berganza ya era un “cartucho quemado” cuando Morena, en una estrategia a nivel nacional —que al final le produjo más ganancias que pérdidas— se dedicó a recoger de todo a lo ancho y lo largo del país. No hubo revisión, ni siquiera superficial, de currícula, se trataba de llenar planillas y lo demás se resolvía con “la magia” de la tercera campaña de AMLO por la Presidencia.

Berganza resultó diputado al Congreso de Hidalgo y no solo eso, sino presidente de la Mesa Directiva.

Se hinchó de caldo flaco y renunció a la curul para ir a la contienda interna para la candidatura a gobernador. Pero para su sorpresa, el procedimiento fue otro: la selección del nominado fue rigurosa y el abanderado de Morena fue Julio Menchaca.

Berganza renunció a Morena e intentó una candidatura independiente. Ni siquiera se acercó al mínimo de firmas para lograr la inscripción. Con minutos para el cierre de registros en el Instituto Estatal Electoral, Dante Delgado sorprendió a todos y postuló al ex cantante como candidato de Movimiento Ciudadano.

La ilusión no “viajó en tranvía”, sino en jet de utilería: creyó repetir la hazaña de Alfaro en Jalisco, se sintió gobernador, pero el sueño se hizo humo.

Meses después de rumiar su frustración, recordó que por ahí había una curul estatal que podía recuperar con solo tronarle los dedos al suplente.

Fue cuando el suplente, Andrés Caballero Zenón, aclaró que “no he sido notificado” de la intención de Berganza y que esperaba que “cumpliera su palabra”. ¿Cual palabra? Y entonces reveló lo siguiente: “Él me dijo: ‘Mira Andy, tú te vas de diputado; yo ya no regreso, te doy mi palabra”.

Caballero Zerón comentó enseguida: “Es su derecho, en lo que respecta a la legítima (sic) y la moral constitutiva a los valores de cada persona”.

“TARTUFO” EN HIDALGO

El diputado —en trance de “ex”— apeló a cualidades que nadie puede encontrar en la personalidad de Berganza, como es ampliamente conocido en el medio político hidalguense.

En poco más de 20 años, este personaje ha sido repetidamente acusado por diferentes personas. De falsario, difamador, traidor y de otras cosas más graves, es la fama de este personaje.

Una frase suelta captada por la prensa fue cuando a una pregunta acerca de la “guerra sucia” en campañas electorales respondió: “Es un recurso válido”, pero también otras frases: “Quiero hacer de Hidalgo un lugar donde se rescaten valores, principios, con familias unidas”, “yo puedo caminar de frente, no guardo rencores porque soy creyente… lo único que digo es la verdad”.

Con todo este pasado, el “cantante”, presume entre sus más cercanos que ya cuenta con un “pacto” con el nuevo gobernador Julio Menchaca; hoy es un simple Tartufo que ya nada puede sostener para hacer crecer su credibilidad, como cuando declaró que no regresaría a su curul, pues era “una posición de Morena”.

En mayo de 1644 el gran dramaturgo francés Juan Bautista Poquelín (“Moliere”) estrenó la inmortal obra “Tartufo”, en donde hace cera y pabilo de la hipocresía y la doblez de las congregaciones religiosas en Francia y el resto del mundo.

Dice la crítica que “Moliere crea un cuadro de costumbres de la época y una obra satírica, como finalidad de una obra de alto significado moral”. En el análisis de la caracteriología del protagonista, se define: “Tartufo es un pordiosero /bribón, doblado de hipócrita beatería”.

Por lo que se ve, poco han cambiado las cosas del siglo XVII a la fecha, de Francia al estado mexicano de Hidalgo, se pueden encontrar personajes similares… muy similares. (Con perdón del “Doctor Simi”).

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