Redacción MX Político.- Después de que Tomás Zerón adquirió en Israel el software Pegasus durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, una profunda investigación realizada por The Washington Post, Le Monde, Süddeutsche Zeitung, Die Zeit, The Guardian, Daraj, Direkt36, Le Soir, Knack, Radio France, The Wire, The Organized Crime and Corruption Reporting Project, Haaretz, PBS Frontline, Aristegui Noticias y Proceso (El Sol de México 19-07-21), se confirmó que cuando menos 15 mil teléfonos utilizados por la clase política fueron pinchados y escuchadas conversaciones privadas. No se informa nada sobre la intervención de móviles pertenecientes a personas del sector privado o de la sociedad civil.

La novedad del reporte se centra en que cerca de 50 allegados a Andrés Manuel López en su campaña electoral, entre quienes se encontraban su esposa, hijos, un médico y asistentes, fueron escuchados por quien operaba el sistema Pegasus y que no era otra institución que la Procuraduría General de la República al mando de Jesús Murillo Karam. No sorprende que se mencione a Felipe Calderón, su esposa y algunos operadores políticos.

Según el actual gobierno el espía cibernético no está siendo utilizado por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) ni por la Guardia Nacional, según afirmación de la Secretaría de Seguridad Pública Ciudadana (Federal), lo que obliga a preguntar ¿quién lo posee?, ¿quiénes lo operan?, ¿dónde está?

Porque la revelación hecha por el diario británico The Guardian no precisa si el software en posesión de quien está y salvo la información de la SSPC no existen más datos.

Con independencia de qué hayan escuchado en la PGR, los resultados no se advierten en ningún sentido.

Si, en el caso de López, se buscaba saber qué hacía y cómo avanzaba para frenarlo, el propósito no fue alcanzado.

Si se trataba de saber los nexos de Calderón con el crimen organizado, parece no haber elementos obtenidos con el espionaje.

Nadie aporta información confiable en torno que revele planes y acciones políticas más allá de las conocidas.

Se podría entender que la PGR recibiera instrucciones precisas para monitorear las estrategias electorales del candidato de Morena para que el presidente Peña pudiera estar prevenido por los descubrimientos que hubiera hecho quien a la postre se convirtió en su sucesor.

Sin embargo, todo parece quedar en un mal cuento de espías en el que la información obtenida sirvió para lo que se le unta al queso: para nada.

Lo importante ahora no es el pasado, al que no se le cambio el rumbo para nada, sino en dónde está el equipo espía y quién los utiliza y para qué.

El presidente López ha negado que en su gobierno se espié a adversarios o a periodistas críticos; empero, tiene informaciones que podrían estar siendo utilizadas para intimidar a quienes lo cuestionan por sus decisiones políticas. Al presidente no se le ha tocado en su vida privada a diferencia de lo que él hace cotidianamente al referirse a sus adversarios, los conservadores, que le han demostrado que no están desmoralizados ni desaparecidos.

Hay situaciones de las que habla en sus mañaneras y que no son públicas y tampoco se han filtrado por los presuntos involucrados. ¿Cómo obtiene la información?

La sospecha que se levanta es que a través del espionaje negado conforma “los otros datos” y por ello se sostiene en sus dichos, acusaciones, revelaciones y hasta intimidades.

Si Pegasus cabalgó en el pasado ¿qué nos haría suponer que está en los establos?

Porque alguien está en la montura.

El gobierno tiene la obligación de informar en dónde está el software y para qué se está utilizando. Es lo menos que se le puede exigir al presidente López.

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