• Zurciendo el México de hoy con Hiladas Verde Olivo
• Cuenta con 319,080 Elementos Entre la SEDENA y la SEMAR
• En Este año se Pretende Incorporar a 50,000 Personas más
• El País Ocupa la Posición Número 12 Mundial en Cuanto a Número
• La Marcha Acelerada Continúa, Decidida en Palacio Nacional
• De las Dictaduras a las Disfrazadas Fórmulas Para Militarizar
• INEGI: 50% de Jóvenes Estarían de Acuerdo con un Gobierno Militar

Redacción MX Político.- En México no se inventó el hilo negro, pero se está zurciendo con el verde olivo…y con el blanco marinero. Con agujas largas, puntiagudas y de ojo alargado se materializa el punto de cruz, la ida y vuelta, el punto atrás y la punta del diablo: sí las puntadas del bordado que lleva a cabo actualmente el gobierno.

Como dice la “Canción de la Costurera”, de María Elena Walsh:

“Flaca lagartija/ con un solo ojo/ la aguja se escapa vestida de rojo.

“Se escapa y se mete / sin pedir permiso/en la casa rubia/ del botón de vidrio”.

No, en esta historia no hay novedad alguna y sí existe poca diferencia entre los gobiernos de la “nueva izquierda” latinoamericana (al que se presupone pertenece el de México actualmente) y las dictaduras, porque aquellas se sostenían en los brazos de los militares y éstas presuntamente otorgan “relevancia política” a la defensa y a las fuerzas armadas, al tiempo que dispensan poder político a los militares para poder apuntalarse en el poder. Casi lo mismo, pero… con disfraz.

Se supone, dicen los estudiosos del tema (Jorge Castañeda, por ejemplo) que en la “nueva izquierda” de América Latina hay dos vertientes: la buena, radical en cuanto a sus raíces, pero ahora de mente abierta y moderna y la mala, de mente cerrada “y fuertemente populista”.

Y debido a la realidad mexicana… Tomando en cuenta que, como escribiera Francisco J. Verdes-Montenegro Escánez del Instituto Complutense de Estudios Internacionales y de la Fundación Carolina:

“Ningún militar tiene per se una conducta mejor o peor que un civil, y pueden existir civiles (políticos, empresarios y sociedad civil) con discursos y prácticas más militaristas que algunos militares”. Pero es preciso señalar que de todas maneras en lo internacional México está siendo ya considerado como un Estado que forma parte del protagonismo militar en la región latinoamericana.

Hay que recordar, lamentablemente, las terribles consecuencias de la etapa militarista en América Latina, especialmente aquella en firme iniciada allá por 1971 en Bolivia; seguida en 1973 en Chile y Uruguay. Previamente, en 1968 en Brasil llegó a su clímax con el famoso “golpe dentro del golpe” (de Estado) en 1968, año en el cual los expertos mencionan a México por la “intervención policiaca-militar” ordenada por Gustavo Díaz Ordaz en la Plaza de las Tres Culturas.

Sí, porque México ha sido señalado varias veces como Estado-militarista. Es el caso de la segunda y terceras décadas del siglo XX, después del triunfo de la Revolución Mexicana. Posteriormente, en las etapas de Díaz Ordaz y Luís Echeverría Álvarez (verbi gratia “el halconazo”).

Pero, con o sin gobiernos verdaderamente democráticos, en nuestro país se trató diplomáticamente a los militares que mandataban en Latinoamérica. Varios de estos respetaron la distancia con México: Kjell Eugenio Laugerud, de Guatemala y Omar Torrijos, de Panamá (en sendas entrevistas de esta reportera para medios de comunicación en sus países) o vinieron a México, como Hugo Chávez, de Venezuela, durante el mandato de Vicente Fox.

Y LOS MILITARES SON HOY LOS MULTIUSOS

Ahora nuestro país camina en otra vertiente. Sí, como consecuencia del ingreso de la denominada “nueva izquierda” al poder se avecina la futura militarización de la Guardia Nacional (que de todos modos habría estado vigente tres años y no el sexenio como se tenía contemplado en el decreto presidencial), mientras que aumenta la penetración de integrantes de la Secretaría de Marina y de la Secretaría de la Defensa Nacional al desarrollo de actividades que antes estaban en manos de los civiles.

Se calcula que una treintena de oficinas y de desarrollo de obras que durante años llevaron a cabo los civiles hoy están a cargo de los militares. Y aunque desde Palacio Nacional han rechazado la palabra militarización, los hechos y la realidad reconfirman la aplicación de este sustantivo en el actual gobierno, tal y como ha ocurrido en Venezuela, Cuba y otras naciones desde hace años.

Así, en la República Mexicana las actividades que efectúan en estos tiempos los militares son, entre otras: aeroportuaria (construcción del Aeropuerto Felipe Ángeles y Tulum en Quintana Roo y la administración de dos más en Chetumal y Palenque); ferroviaria (construcción del Tren Maya); bancaria (1.600 sucursales del Banco de Bienestar); aduanera y portuaria (vigilancia de personal administrativo de ambos); hospitalaria (vigilancia, también administrativa); Forestal (aportan árboles para el programa Sembrando Vida); de reparto (de fertilizantes, vacunas y libros de texto gratuito en la República); de edificación (viviendas en Santa Fe y Nayarit, así como cuarteles para la Guardia Nacional); educativas, (el Programa Jóvenes Construyendo el Futuro); custodia (de pipas y de repartición de combustible) y… en fin.

Hay que hacer notar que, mientras tanto, en escasas ocasiones se ha aplicado el Plan DN-III que era el orgullo militar ante los desastres naturales y traía como resultado el enorme agradecimiento de la población civil.

Pero el crecimiento exponencial de las fuerzas armadas mexicanas sigue su marcha. México tiene actualmente 319,080 elementos entre la Secretaría de la Defensa Nacional y la Fuerza Aérea y en la Secretaría de Marina, pero en este 2021 se tiene proyectado incorporar a 50,000 elementos más a un supuesto plan denominado de Seguridad y Paz.

¿De dónde saldrán? En parte de la Guardia Nacional y del reclutamiento abierto que siempre se ha llevado a cabo, pero que hoy se ha reforzado.

De acuerdo a los tiempos que corren el decreto que dejaba en abril de 2024 fuera de la seguridad pública a la Guardia Nacional, quedará para la historia, porque ésta formará parte de las fuerzas armadas mexicanas.

TRASCENDIENDO LAS FRONTERAS

Pero la militarización de la Guardia Nacional ha recibido el rechazo de la mayor parte de la sociedad.

Cuando se anunció, también la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA) señaló:

“El despliegue de las fuerzas armadas mexicanas en tareas policiales durante la última década y media ha provocado graves violaciones de derechos humanos y ha fracasado como estrategia para controlar la violencia criminal. WOLA aboga por un modelo de seguridad basado en la construcción de instituciones sólidas y con rendición de cuentas, en vez de la militarización. Monitoreamos la asistencia de Estados Unidos a México en materia de seguridad y promovemos que tal cooperación se enfoque en la reforma policial y de las fiscalías, en las acciones anticorrupción y en la protección de los derechos humanos, no en la asistencia militar”.

Hay que recordar que WOLA nació en 1974, en plena etapa militarista en Latinoamérica. Fue fundada por una coalición de líderes de la sociedad civil y religiosa, asegura la institución, para promover el respeto por los derechos humanos, la democracia y la justicia social y económica como elementos de la política estadounidense hacia América Latina y el Caribe.

Hasta 2018, México ocupaba el sitio número 16 en el Índice Global de Militarización para los países de América Latina (2014-2018) y ni siquiera se ubicaba en el Top-15 de países más militarizados de América Latina. En esos sitios estaban en orden descendente: Cuba, Chile, Perú, Uruguay, Colombia, Ecuador, Paraguay, El Salvador, Bolivia, Brasil, Venezuela, Guyana, Honduras, Nicaragua y Guatemala.

Tras la llegada del actual gobierno México ya está en el tercer lugar por número de efectivos y por su presupuesto de defensa, sólo superado por Brasil y Colombia.

¿POR AMENAZA O POR PROYECTO POLÍTICO?

Tal vez sea, también por estos lares, como señala Jorge Battaglino, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y profesor del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella de Buenos Aires, en su investigación “Políticos y militares en los gobiernos de la nueva izquierda sudamericana:

“La defensa y las fuerzas armadas han adquirido relevancia para los gobiernos de la nueva izquierda por dos motivos distintos. La nueva izquierda ha identificado amenazas de índole externa e interna, así como nuevos escenarios de empleo de las fuerzas armadas -no relacionados con una amenaza percibida-, que han contribuido a una mayor centralidad de la institución militar. Del mismo modo, los proyectos políticos de transformación que se han implementado en los distintos casos le han otorgado a la defensa y a las fuerzas armadas un espacio y un rol que no habían tenido en la etapa anterior. Se desprende de este argumento la existencia de dos tipos de relevancia, por amenaza y por proyecto político”.

Una de las tantas grandes verdades del trabajo de Francisco J. Verdes-Montenegro Escánez dado a conocer por la Fundación Carolina, es que “ante la crisis de misión que empezaron a registrar las Fuerzas Armadas de la región con el fin de la Guerra Fría y la oleada democratizadora, se ha comprobado cómo, desde la década de 1990, se han ido ampliando las tareas a realizar por parte de estas, hasta llegar a contar con su participación en los gobiernos. Este recurso a las Fuerzas Armadas en cuanto herramienta multiusos -o navaja suiza-, al servicio del político de turno que ocupa el palacio presidencial, tiene fuertes implicaciones para las democracias de la región”.

Sí, pero en sus conclusiones explica, por ejemplo:

“La proliferación de responsabilidades atribuidas a las Fuerzas Armadas -o el uso de la “navaja suiza”- está cristalizando ya en una serie de efectos para las democracias latinoamericanas fruto de la institucionalización de lo excepcional como, por ejemplo, el auge de la autonomía militar, al acrecentarse el margen de decisiones que escapan al poder civil, la intensificación de la polarización discursiva, y su carácter virulento, la extensión de políticas de “mano dura”, ineficaces en sus resultados pero todavía populares, o la ampliación de privilegios y fueros para el estamento castrense, empezando por la propia impunidad por los excesos cometidos”.

Efectivamente y en México el proceso de militarización sigue viento en popa y a toda vela…

Pero ¡cuidado!, la Encuesta Nacional de Cultura Cívica llevada a cabo por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en 2020 y dada apenas a conocer, advierte que, entre los jóvenes encuestados de 15 a 17 años, el 40.8 por ciento dijo estar “muy de acuerdo” o “algo de acuerdo” con tener un gobierno encabezado por militares, mientras que entre los de 18 a 19 años el porcentaje alcanzado en el mismo tema fue de 50.8 por ciento.

Por lo tanto…

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