Redacción MXPolítico.-Como si no le bastaran tantos problemas, actos de corrupción, errores, muertos, mentiras, abusos, desaciertos; creyendo que todo lo sabe, que todo lo puede, que todo lo controla, y sintiendo que no hay nada más grande que él, ni el mismísimo Zeus siquiera, recorre las oficinas y pasillos del majestuoso Palacio Nacional para hablar con el Juárez que cree lleva dentro, y en esa mente torcida, se hace historias de éxito de un país en verdadero fracaso. 

Se ve y se siente dueño de la pelota, del bat, del guante, del estadio mismo, y está tan convencido de que tiene enorme grandeza, talento, habilidad, inteligencia, pericia y astucia, que según su enorme ego, le permitirían jugar dominó y ajedrez al mismo tiempo y derrotar a los más avezados para ello. 

Él es el supremo que se atreve a hacer lo que ningún otro presidente había hecho a la mitad de su gobierno: abrir la sucesión presidencial, mencionar a los posibles, aceptar que será él quien determine, como el fiel de la balanza, quien debe ser el elegido dentro del partido que también dirige, Morena, para que a partir del 2024, inicie su gobierno.

Y mientras la pandemia avanza en una tercera ola que al parecer será más agresiva y peligrosa, él juega y ríe desde su atril mañanero confrontado a críticos, señalado a adversarios que dice lo atacan por perversos y corruptos; promueve su programa para sumar a adultos mayores de 65 años para que obtengan una pensión universal, planeando que eso le permita atraer simpatías y adeptos de esta alta población, y amenaza con reformas para darles duro y a la cabeza a organismos como el INE.

No parece López Obrador entender que si no toma decisiones más drásticas como autoridad para exigir mayores medidas de precaución y vuelve a cerrar lugares que son centros de contagios, va a lamentar que el Covid no abandone este país, en el que también los ciudadanos deben poner de su parte para mitigar los riesgos de contaminar y contaminarse.

Pero como para él vamos “requetebién”, en el caso de la pandemia, no ordenará urgentes confinamientos; no tomará medidas para por fin dejar los abrazos y comenzar a perseguir a bandas de criminales que le disputan regiones y poder; no castigará a ningún corrupto de los claramente señalados de su gobierno; tampoco perseguirá a los corruptos del pasado; menos sancionará a los responsables de la tragedia de la Línea 12 del Metro, ni a los que siguen haciendo de las suyas con el “huachicol”, a los que el ejército tiene instrucciones de no perseguir y detener.

Él es omnipotente. Es infalible. Todo es y sucede porque así lo quiere, y su tan monstruosa arrogancia, lo hizo salir a destapar a los que querían por estrategia seguir tapados, esperando tiempos y circunstancias. Los sacó, los soltó, los emocionó; les despertó la ambición, les quitó el sueño; los hizo empezar a moverse y a mover fichas, amigos, compromisos; a revisar éxitos o fracasos y a ponerlos a trabajar con más cautela, destacando y expresando cada que pueden que le son ciegamente leales. 

Al hasta hoy más sólido de todos, más cuajado, más sereno y reflexivo, con experiencia administrativa y legislativa al haber gobernado su estado, la entonces delegación Cuauhtémoc, haber pasado por la Cámara de Diputados tres veces y dos la de Senadores que hoy preside; quien en la pasada elección presidencial le coordinó su campaña, le mandó dos señales para decirle que hasta hoy no lo tiene contemplado.

Primero López Obrador no lo mencionó por su nombre -como lo hizo con otros-, pero sí consideró con posibilidades a gobernadores y legisladores. Después, mandó a Martí Batres, que le había peleado posiciones en el Senado, a la Secretaria General de Gobierno con Claudia Sheinbaum, quien afirma fue culpa del zacatecano no haber ganado la alcaldía más importante de la capital, la Cuauhtémoc.

Con la llegada de Martí a esa posición, dicen los que creen saber e interpretar ese nombramiento, que es su boleto directo para suceder a doña Claudia.

Los perversos que rodean al presidente y la misma Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, le recuerdan cada que pueden a López Obrador, que Ricardo Monreal le disputó ese cargo y amagó con irse por otros colores, por lo que afirman no es de fiar. 

Marcelo Ebrard y Sheinbaun, junto con Julio Scherer y otros malos consejeros del tabasqueño, están soltando la versión de que el mensaje para Ricardo Monreal Ávila es muy claro: no va ni por la Presidencia ni por el Gobierno de la Ciudad, pero el líder del Senado es muy habilidoso y sabe jugar muy bien sus cartas y ha mostrado respeto, apoyo y lealtad al Ejecutivo federal, por lo que el presidente deberá pensar varias veces su decisión, aún y cuando su corazón lo lleva hasta hoy sin cambio a la que ocupa el Palacio del Ayuntamiento. 

AMLO sabe que sólo Claudia le daría total continuidad a su fracasada Cuarta Transformación y su obsesión por lograrla, lo llevará -según los enterados- a que sea ella y nadie más la elegida, pero ya recibió el mensaje de Ricardo Monreal de que jugando limpio y en el momento oportuno, estará en la boleta con Morena o fuera de ese partido. 

Como dije en anterior colaboración, ser líder de otro Poder le ofrece mayor libertad y en su momento, tomará su decisión. 

Marcelo Ebrard Casaubón hará lo mismo si ve que sus posibilidades se agotan.

Aún así, estos tres políticos deberán esperar los cambios que seguramente en siguientes días hará López Obrador, y si llega al gabinete el doctor Juan Ramón de la Fuente, vendrá una sacudida al interior del gobierno federal y la baraja tendrá varios ases.

Autor:  Emilio Trinidad Zaldívar 

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