Redacción MXPolítico.-La verdad es que, en materia migratoria, poco puede reclamar Estados Unidos a México cuyo gobierno ha llegado hasta la ignominia de contradecir sus principios persiguiendo indocumentados centroamericanos para evitar su llegada a la frontera norte, la cual se satura con los 65 mil connacionales que se quieren brincar “al otro lado”.

De tal suerte que el tema migratorio que además es mundial, habitantes de países donde se da la dualidad de regímenes autoritarios y pobreza extrema, como los centroamericanos o africanos, no se soluciona con persecuciones ni alzando muros militares, físicos o electrónicos, sino con gobiernes democráticos que fomenten en crecimiento, el bienestar y desarrollo, sin fincar su permanencia en pueblos miserables.

Esto viene a colación por las dos notas del día: llegarán al país más de 52 mil 700 millones de dólares en 2021 y la reunión del Ganso con el presidente Joe Biden y el primer ministro Justin Trudeau.

Para empezar, y como es recurrente en el machuchón tabasqueño, no debe presumir el ingreso de esas carretadas de dólares que en pesos sumaría poco más de la sexta parte del presupuesto de egresos 2022, es decir, cerca de 1.3 billones de pesos los cuales no se reflejan en la economía del país, aunque sí ayudan a miles de familias de migrantes, que curiosamente tienen como origen, estados como Michoacán, Guanajuato, Jalisco, Sinaloa, Nayarit, Colima, Oaxaca, Zacatecas y San Luis Potosí, amén de todos los fronterizos.

Y no se notan como debieran por dos razones: esas zonas del territorio nacional, tienen una gran presencia de criminales y por lo visto a ellos les llega mayor flujo de dólares que a las familias de los expulsados.

Los reportes del Departamento de Estado de EU, revelan que, con el envío de remesas de migrantes, la mayoría de ellos indocumentados (los legales ya se llevaron a sus familias), llegan dineros de los criminales, en un flujo que se vuelve de ida y vuelta, ya que, con los dólares de la droga, se adquieren armas, como ocurrió con parte del millón 800 mil que se vendieron en Texas en 2019 o las 680 mil de California o las AR-15 de Maryland.

Se detectó que también, algunos empresarios exportadores o importadores, utilizan esa vía para eludir impuestos y se han comprobado domicilios falsos en los remitentes.

Pero el tema es que, en México a pesar del cambio, fin de la corrupción, de abrazos y no balazos, contar con servicios de salud de primer nivel para todos, crecer a más del cuatro por ciento anual, abatir la pobreza y ser felices, la inseguridad crece y las masacres aumentan, la más reciente este jueves con nueve colgados en Zacatecas.

Esto a pesar de que, en tiempos de la guerra de Calderón, había 52 mil militares contra los delincuentes, se capturaba a cabecillas, se interceptaban cargamentos, destruían laboratorios, sembradíos y los muertos en tres años llegaron a 35 mil.

Hoy hay en el tema de seguridad, además de la ministerial federal que se convirtió en política como lo fue la DFS, una Guardia Nacional con 100 mil tropas y 80 mil militares “regulares”. A pesar de ello y no estar en guerra, el número de muertos del crimen va en aumento. NO termina el trienio y ya son 104 mil los asesinatos reportados por el Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública, donde se incluye a tres mil 700 mujeres.

Tal vez por eso la migración de mexicanos aumentó y de los 32 mil mensuales que querían irse el año pasado, ahora son 65 mil como lo reconoce el propio Instituto Nacional de Migración, cuyo estudio revela que muchos de esos connacionales, salen expulsados, huidos de sus comunidades para evitar ser reclutados (Michoacán y Guerrero) o victimizados por los criminales como en Zacatecas, Sinaloa, Tamaulipas, Guanajuato, Estado de México. 

Incluso se asegura que de los 43 de Ayotzinapa, la única vía que no se ha dado a conocer, es que los jóvenes normalistas fueron reclutados, no asesinados. Es decir, los hicieron sicarios.

De tal suerte que todo llega al punto de inicio, la inseguridad, el crecimiento de la influencia de los cárteles que incluso llega a la capital de la República. Los datos del mismo Secretariado Ejecutivo “hablan” de ello.

Tal vez por eso y a pesar de la recuperación del empleo, los mexicanos insisten en irse del país atosigados por la violencia, la inflación creciente y que superará el siete por ciento, la disminución del poder adquisitivo de los salarios, aumento de la pobreza laboral y efectiva, deterioro en la atención de la salud y ausencia de oportunidades.

Es decir, cada vez más connacionales quieren salir del paraíso que nos describen todas las mañanas desde el púlpito de Palacio Nacional en una estrategia goebbeliana trasnochada que pocos creen hasta que les llega el “agua a los aparejos”.

Ahí está una realidad, no todo es culpa de la soberbia e ignorancia del Mesías tropical, pero si la mayoría derivada de políticas públicas viejas, del proteccionismo, de regímenes idos y de probados resultados empobrecedores.

Por Mi Raza Hablará el Espíritu

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