Redacción MXPolítico.- Es cierto, Andrés Manuel López Obrador no miente, pero tampoco cesa de engañarnos con la verdad día a día. No combate la corrupción, la denuncia de dientes para afuera, porque en su fuero interno él sabe que, para permanecer sentado en la silla del águila, debió convertirse en el gran corruptor. Guarda silencio sobre el envilecimiento de la voluntad de “sus” generales.

     En cuanto a la pobreza, el presidente mexicano, como todos los gobernantes del mundo, sabe a ciencia y paciencia que es una figura retórica en el discurso político, que les permite hacer promesas e incumplir proyectos. Los pobres, los desarrapados, los precaristas, los sin techo, todos ellos son útiles para que los políticos hagan florituras con el lenguaje y ofrezcan que, ahora sí, primero los pobres.

     Y es cierto, son esos miserables los que antes que todos resienten los efectos de la inflación y los que perderán más con la recesión, y nada hará para rescatarlos, porque de hacerlo, después qué… nada, el vacío y la imposibilidad de identificar un dolor, una molestia que justifique se proceder como gobernante que no miente, no roba y no traiciona. Leo a Antonio Muñoz Molina en El País del último sábado: “La ineptitud pasa a la ofensiva y se convierte en una negación descarada de la realidad, en un despliegue de fantasías delirantes que provocarían risa si no llevaran por dentro la semilla antigua del odio”.

     Los grandes proyectos de desarrollo disfrazados de “seguridad nacional”, para no rendir cuentas, en nada favorecen a los pobres, pues éstos no poseen vehículos con los cuales trasladarse y ser beneficiarios de la refinación en dos bocas; tampoco tienen suficiente “cash” para adquirir boletos de avión y sacarle jugo al AIFA -y ni cómo llegar al aéreo tianguis de ropa de segunda-, y mucho menos se servirán del tren maya, que quedará convertido en transporte turístico de lujo. ¿Van de vacaciones los pobres?

     Lo mismo ocurre con la procuración y administración de justicia, conceptuada y diseñada para los que tienen conocimiento y saben defenderse a través de abogados o de influencias políticas, si no pregunten a César Yáñez y a su esposa. Los pobres ni manera de desafanarse, mucho menos cuando la prisión preventiva oficiosa se convierte en la reina de las pruebas.

     Todos los gobiernos administran la impostura, engañan en el discurso y en los hechos, aunque las consecuencias difieren de acuerdo al cinismo con el que se conducen los gobernantes. Por lo pronto acá, y desde el salón de la Tesorería, gobierna el rey de los impostores, más que el rey del “cash”.

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