Redacción MX Político.- Sólo alguien como Isaac Asimov podría tener el algoritmo de letras preciso y contundente, para describir el escenario que la vida nos permitió ver a los mexicanos la noche del 15 de septiembre pasado cuando, renegando de una cultura popular de innegable calidad estética, la sociedad mexicana transmutó por decreto o quizá hasta por capricho, a otra de notable degeneración… que alcanza ya el terreno de la distopía a la que nos llevó esta kakistocracia que padecemos.

Asimov dijo en alguna de sus frases célebres, en alusión al hombre cretino y al ignorante: “Ellos no van a escuchar… ¿Sabes por qué?… Porque tienen ciertas nociones fijas sobre el pasado. En sus ojos cualquier cambio sería una blasfemia incluso si se tratara de la verdad… Ellos no quieren la verdad, ellos quieren costumbrismo”.

Todavía más contundente es el mexicano Antonio Plaza, en su poema inmortal “La voz del inválido”, para definir plásticamente, el tipo de autoridades que son… en que se han convertido: “No te oirán Andrés si no te encorvas; ya que ellos tienen Andrés, las orejas en los pies… ten tú el talento en las corvas”.

Porque cualquier comentario sugerente o propuesta hacia este gobierno definitivamente no llega; se ha ensoberbecido quien es la principal autoridad en Palacio Nacional y, consecuentemente, el séquito de cortesanos que le acompañan.

Han resultado más “utilitaristas” que los gobiernos anteriores… y más vanidosos en aquello de pretender que se les “queme incienso” y se les ofrezca laurel como borricos.

Prefirieron contratar a los “legendarios y entonados” Tigres del Norte, que fomentar en ese espacio que pudo ser un espacio inmejorable para esculpir un mensaje de paz y hermandad, que ensalzara la amistad, el amor sincero, el amor filial, el esfuerzo genuino a cualquier artista… que en vez de cantar temas que hagan apología del delito como los narcocorridos (como lo han hecho “Los Tigres del Norte”), por el contrario inciten a destacar lo mejor de las tradiciones de este gran país.

Los Tigres del Norte no son precisamente el extracto de lo mejor de la cultura popular mexicana… ni siquiera son lo más representativo.

Son, eso sí los artistas que se prestaron a estarle enviando “saludos lambiscones” desde el templete-escenario al presidente durante todo el concierto, dos o tres veces entre cada interpretación que hicieron.

El suscrito nació y se crió a poco más de 100 kilómetros del rancho de donde son originarios estos ya –senectos artistas-, que sin pudor alguno y por negocio desde luego, no obstante ser septuagenarios, siguen usando el peinado “ochentero”, hecho con pistola de aire y dejándose “un greñero” teñido, por demás antiestético hasta la mitad de la espalda.

En esa, mi ciudad natal, estos “grandes artistas”, empezaron a buscar la vida cuando dejaron su natal Rosamorada, Mocorito.

En una cenaduría muy famosa, cuando no llegaban a Tigres y eran simples “gatitos”, materialmente siendo niños, amenizaban el rato a los comensales en una ciudad donde siempre se ha comido bien y cuyo recuerdo de ese pasaje, lo que más rescato son las gorditas (que en realidad son sopes, pero allá les dicen “gorditas”) de gallina frita, de chorizo o de res deshebrada, freídas en manteca de cerdo y a fuego de leña de mezquite, que disfrutaba casi siempre después de un buen juego del mejor béisbol de México que se juega en aquella plaza, adscrita a la Liga Mexicana del Pacífico.

Tiempo después se volvieron “Tigres”, después de que entraron a California por la frontera Mexicali-Caléxico a principios de los 70´s y seguramente su esfuerzo, les fue premiado por el destino o por Dios o por quien Usted guste y mande.

Poseedores de un estilo “nada original”, los Tigres del Norte, son émulos del éxito que tuvieron cantantes de la región de la Laguna, en el norte del país, como los Cardenales de Nuevo León o los Cadetes de Linares, entre otros, que para la década de los sesentas habían incursionado con mucho éxito en la industria discográfica y radiofónica y que a su vez, obtuvieron el estilo de la tradición del “canto cardenche” que se canta en la región sur de Durango, en la región desértica. Muy parecido por sus orígenes, al “blues”, porque es “a capela” y en un tono muy agudo... con una voz “chillona” para decirlo en términos claros. En el “canto cardencehe” se le canataba por lo regular al dolor y al desprecio recibido por un amor ingrato.

Los Cardenales, los Cadetes y los Alegres de Terán, le incluyeron al género “cardenche” la guitarra española y el acordeón alemán. Con un resultado particularmente agradable.

Pues la moda esa y el éxito observado en grupos que hicieron su época en estaciones radiofónicas de Nuevo León y en el sur de Texas, llegó hasta la sierra de Sinaloa... hasta Mocorito, para ser claros y fue adoptado por el primer grupo que usó el mismo canto “cardenche” en el Pacífico, específicamente en Tijuana; era un grupo originario de Rosamorada, Mocorito, Sinaloa, osea, el mimso rancho de donde son los famosos “Tigres”, que se nombraron los “Incomparables de Tijuana” y que entre otras cosas, son tíos y primos de otro grupo del mismo corte, llamado “Los Tucanes de Tijuana”, que vendría “a revolucionar” también el mercado de la múscia en los noventas… y así por el estilo… todos son del mismo poblado, se reitera.

Pues los famosos “Tigres”, igual que sus copias, Los Tucanes, cometieron la blasfemia de quitarle la guitarra española al canto cardenche que interpretan y le pusieron guitarra eléctrica, más un espantoso y desentonado saxofón, que no se de dónde sacan…. pero que les funcionó en su estilo “muy particular”, para decirlo generosa y decentemente.

Lo cierto es que sí le sufrieron y su esfuerzo, como el de cualquier artista, como el de cualquier gente, es digno de reconocimiento, por supuesto.

Aunque de mi parte sí es objeto de reproche (y debiera serlo también de sus seguidores con mayor razón) que con tanto dinero que han percibido y en tanto año de trajín, no hayan sido suficientemente honestos para autoexigirse un curso de solfeo mínimo, para que puedan cantar entonados lo que “cantan”.

Se retorcerían en sus tumbas muy seguramente, Lola Beltrán , Pedro Infante, Luis Pérez Meza, Ferrusquilla (en su condición de autor), así como Enrique Sánchez Alonso “El Negrumo” y tantos y tanrtos artistas de calidad surgidos de Sinaloa, si escucharan quienes son ahora los artistas sinaloenses más prolíficos de México: los “Tigres del Norte”, además del desaparecido “Chalino Sánchez” y el también desaparecido “Lalo El Gallo”, papá de Valentín Elizalde.

¡Qué fea... qué horrible ha resultado esta democracia a la mexicana! Esta transición democrática que ha ido en casi todos los órdenes, de lo feo, a lo horrible.

La comparo con esa horrorosa melodía llamada “La puerca negra”.

Esa misma noche del jueves 15, el suscrito quiso encontrar el gusto por la “música” que proyectaban en su espectáculo los “Tigres” desde el Zócalo capitalino.

Y desde esa noche tan pesada, no he podido olvidar el sonsonete antiarmónico y la letra ausente de “cuadratura” de esa pieza que fue éxito “comercial” hace más de 20 años y a la que por cierto yo nunca le puse suficiente atención: “La puerca negra”, que a la letra dice:“Ya está encerrada con tres candadoooooos… y remachada la puerca negraaaaa y aunque sus padres están celosos y tienen miedo que yo te quieraaaaa”…. “Pero la puerca no es la culpableeeeeee….” y así por el estilo, interpretada claro está, con la vocecita “chillona y desentonada” del cantante y para rematar con el estruendo del saxofón ese que le incluye el arreglo musical.

En sendo problema me metió el malhadado estribillo esa misma noche del 15, pues al convivir con unos vecinos, la suegra de uno de ellos nos hizo un reclamo a quienes entonábamos la “melodía” esa, pues en su beodo estado la santa, robusta y muy morena señora, interpretó que la destinataria era ella y que mi “cople” en la guitarra, a la postre novio de una de sus hijas…. “la quería encerrar para robarse a su hija esa misma noche y evitar el procedimiento ordinario de ceremonia y fiesta civiles”... ¡Habráse visto!

...”¡Pero la puerca no es la culpableeee!”.

Autor: Héctor Calderón Hallal

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