Redacción MX Político.- Muchos recordarán sin duda el apodo que a Vicente Fox Quezada le dispensaron con toda razón y jocosidad… ¡La Cebra!

Pues semejante individuo con un intelecto bastante disminuido sigue siendo un idiota, un oligofrénico, un “pendejazo” pues, y por ello señalado como el “burro” que se fue rayado (frase coloquial que evoca mucha suerte), pero incluso ese lacerado intelecto fácilmente sería rebasado por mucho y sin esfuerzo por el de cualquier burro, animales bastante inteligentes, pero erróneamente señalados por el “pueblo bueno y sabio” como estúpidos.

Y a pesar de haber sido, ser y morir con esa condición de inepto, a la partidocracia de aquel entonces le pareció que sería un buen candidato (y no se equivocó) tan solo por ser un tipo de porte atrayente, muy alto, güero, mitad español mitad gringo y totalmente ignorante, manipulable como plastilina, un Forest Gump mexicano, extrovertido y de hocico veloz, un ranchero con botas, copia barata de aquel entrañable personaje ¡Cruz Treviño Martínez de la Garza! representado magistralmente por Don Fernando Soler allá por 1949, el Chente valiente con las tepolcatas, sin pelos en la lengua, bigotón, sombrerudo, el arquetipo no del campesino sino de alguien con más estilo “western” que igual vivía del campo, aunque realmente vivía entonces del “sablazo”, un tipo carismático sobre el cual se escenificó fama y éxito como empresario y administrador a pesar de vivir casi en la ruina y de la caridad de los amigos, tan diplomático como una “flatulencia” en un elevador, tan educado como el Reguetón, tan culto como una piedra sobre otra piedra, tan profundo como plato sopero, dicharachero bilingüe aún cuando realmente es trilingüe pues habla español, inglés y puras pendejadas.

Así la selección de semejante imbécil para ser elegido presidente se dispuso cómo otra gloria más de nuestra democracia charra auspiciada por la partidocracia.

Esté monstruo ideológico parte PAN, parte PRI pero completamente engendro sin cerebro nos obsequió arcones llenos de anécdotas vergonzosas, moralinas, cómicas, tristes, de catequesis, desbordadas de frivolidad pero sobre todo desproporcionadas y carentes de consciencia social y ética.

Pues así y todo algunos aún consideran su periodo de gobierno es uno de los mejores en la historia de México, consideración que comprendo sea sostenida por cualquiera de la misma calidad intelectual de “La Cebra”.

Pero lo que es aún más sorprendente es que aquellos acólitos de “La Cebra”, seguramente individuos acéfalos o al menos con motricidad solo gracias a la presencia de un cerebelo puedan leer y escribir atreviéndose además a publicar las declaraciones oportunistas de alguien que debería estar por bien de toda la sociedad y humanidad sino tras las rejas si con una camisa de fuerza comiendo papilla en un centro de reclusión médico aprovechando que Marthita lo sigue drogando.

¿En serio hay en la “derecha” quién crea que utilizar tales declaraciones de Mr. Fox propiciaran algo más que risa y vergüenza ajena? Y lo mismo se puede decir ante declaraciones de Calderón, Margarita, Ceballos, Carlos Loret de Mola, Adela Micha, López Doriga, Carlos Marín, etc.

Pero igualmente de eso se trata, de no tomar en serio u olvidar la realidad de la historia política contemporánea distrayéndonos en la algarabía de un bufón del reino o partidocracia.

Esto me lleva irreversiblemente a concluir que nadie en su sano juicio conociendo realmente al Chente le hubiera dejado a cargo de otra cosa que la distribución de refrescos y colocarlo después por lástima o “cuatismo”, y seguramente para evitar rompiera más botellas, en un puesto gerencial pues su única gracia es hablar tan bien en inglés como para atender el teléfono a los huevones gringos de la Coca-cola lo cual como presidente le significó ser la más redituable mascota del Imperio.

La pregunta seguirá siendo ¿Cómo carajos logró semejante animal llegar a la presidencia? La respuesta es simple, agregas un pueblo “bueno y sabio”, miles de millones de pesos en publicidad que ese pueblo bueno y sabio paga de su bolsilllo a través del mismo gobierno, publicitas hasta el cansancio una supuesta lucha de clases no importa lo absurda que suene, la que sea; pobres contra ricos, poderosos contra vulnerables, empresarios contra burocracia, derecha contra izquierda, católicos contra ateos, americanistas contra chivas, fifis contra chairos, güeros contra prietos, tortillas contra bolillos, etc, añades visitas a toda ciudad que se encuentre en el camino pavimentado, terracería o empedrado, abrazas niños, abuelitas, campesinos, obreros, criminales, realizas discursos falsos, fatuos, denostantes, demagógicos bajo la lluvia, sol, polvo o nieve, prometes cosas que ni un niño de primaria te creería, pero sobre todo añades carretadas de dinero proveniente de empresarios, lavado de dinero, narco, crimen organizado, derecha, centro izquierda, aportes del extranjero, lo bates todo en la olla de partidocracia y lo sirves como único platillo en un menú de elección libre para el comensal ahora hambriento de venganza.

Así hemos llenamos un salón de la fama donde trofeos democráticos como Vicente Fox Quezada, Felipe Calderón, destacan por el momento debajo de Enrique Peña Nieto acompañados por otros grandes de la partidocracia; Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León, Miguel de la Madrid Hurtado, Luis Echeverría Álvarez, y otros tantos más que como en cualquier colección de trofeos se precia orgullosa de atestiguar y señalar la gloriosa historia de lo que el “voto libre” en manos de los partidos pueden lograr… y lograrán.

-V. Roccas.

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