Redacción MXPolítico.-En su justificación a la sumisión de militares ante bandas criminales que los corretean, amenazan, desarman, secuestran, escupen, humillan o asesinan, el ganso de Macuspana dijo que sus instrucciones son cuidar la vida de los delincuentes porque “también son seres humanos”.

La declaratoria fue desde Palacio Nacional y aunque a muchos sorprendió, incluyéndome, el profeta cuatrotero no dijo nada nuevo o que no se supiera dada la inmovilidad ante la creciente violencia de la delincuencia organizada, sólo que esta vez lo hizo en cobertura nacional y luego de conocerse videos donde los militares aparecen como cobardes a pesar de las armas y equipamiento que portaban.

Antes el 16 de febrero de 2020, el mismo machuchón, en su carácter de jefe máximo de las fuerzas armadas, ordenó a través de un video dirigido a la Guardia Nacional “tenemos que ser respetuosos de los derechos humanos. Los delincuentes son seres humanos que merecen nuestro respeto y el uso de la fuerza tiene límites, básicamente es para la legítima defensa”.

Pero muchos antes, trazó su ruta, su dizque política de combate al crimen organizado al declarar que la “guerra” iniciada según él por Felipe Calderón Hinojosa, había terminado y que a los delincuentes en vez de balazos había qué prodigarles abrazos. Con ello dijo se acabaría el derramamiento de sangre, bajarían delincuencia, asesinatos, secuestros y desde luego la producción y trasiego de drogas.

Contradictoriamente a ese discurso y promesa de campaña que le valieron votos de muchos crédulos, ordenó la integración de la Guardia Nacional con un mínimo de 100 mil hombres; destinó mayores recursos a las fuerzas armadas a las cuales, contra lo ofrecido, no metió en sus cuarteles a los soldados ni en sus bases navales a los marinos, sacó más con presencia mayor a lo largo y ancho del país.

Es decir, por un lado, dijo que la criminalidad disminuiría, pero por el otro, fortaleció a las fuerzas armadas y les agregó lo que sería una policía civil que más tarde militarizó. No se entendió la jugada, salvo que los fines sean distintos al combate a la inseguridad la cual, aumenta todos los días.

A estas alturas mientras insiste en el respeto a los seres humanos que matan, secuestran, envenenan y crean empresas criminales, el número de asesinatos “totales” alcanza los 118 mil, de los cuáles se considera que 25 mil corresponden a feminicidios y al menos 15 mil a menores de edad mujeres y varones.

Más aún, las cifras de mujeres desaparecidas supera las 24 mil y de niños los 18 mil en tanto que la “desaparición” de migrantes aumentó 300 por ciento según el Servicio Jesuita de Migrantes. 

Esto significa que podría haber cerca d 42 mil asesinatos más de mujeres y niños cuyos cuerpos vivos o muertos no aparecen.

Y eso que terminó una guerra que en tiempos de Calderón no superó en sus primeros años ni los 36 mil asesinatos. Es más, en el mismo periodo, el ganso está a punto de superar lo de todo el sexenio de la “guerra”, donde los soldados sí enfrentaban a los delincuentes y se capturó a muchos de sus capos o murieron en escaramuzas.

Y es que en esos tiempos neoliberales se buscaba defender a las poblaciones que hoy, son sojuzgadas por los criminales, que emplean a sus pobladores para convertirlos en “soldados” y a quien se resiste, lo matan. Para ellos no hay clemencia, respeto a los derechos humanos; los delincuentes no tienen respeto por sus vidas ni propiedades.

A esos chacales que secuestran, matas, torturan y envenenan a la sociedad es a quienes el mesías tropical llama a respetar, a cuidar, aunque con ello obligue a las fuerzas armadas a perder el honor, huir, morir o someterse de manera cobarde ante sujetos que hoy, gozan de total impunidad por órdenes presidenciales.

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