Redacción MXPolítico.- Un golpe demoledor para la mafia delincuencial que —en vías de hecho— aún mantiene el poder en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), representa la solicitud del Fiscal Federal, Carlos Melo Ponce, de 55 años de cárcel para Gerardo Sosa Castelán, por delincuencia organizada y lavado de dinero. La noticia, difundida el lunes 26, coincidió con el cumpleaños del indiciado, por lo que los invitados degustaron un pastel con sabor a centavo.

El anuncio resulta una sorpresa mayúscula como aquella que retumbó en medios políticos, sociales y universitarios, tras la captura de Sosa Castelán, el 31 de agosto de 2020, por agentes federales, porque después de varios decenios de impunidad total, daba la impresión que el cacique universitario era totalmente intocable.  

La “Sosa Nostra”, después de los comicios de 2018, había salido fortalecida con su cambio de camiseta, del PRI a Morena y los hidalguenses ya se resignaban a más años de poder de los matones y porros cobijados por la UAEH.

Sosa, astuto y desfachatado cuando hace algunos años, parecía que su estrella política se opacaba y tendría qué rendir cuentas por sus trapacerías, en un giro de 180 grados, buscó a la cúpula de Morena y ofreció al nuevo partido apoyo económico, acarreos de votantes y por ende, una sólida alianza política en Hidalgo con el nuevo partido, en forma similar como antes lo hizo con otras siglas.

Así, Morena ganó mayoría aplastante en el Congreso Estatal y colgado en el nuevo barco político, campeaba en el Grupo Universidad la idea de que habría muchos años más de poder.

La noticia de la contundente solicitud de la FGR para, de hecho, encarcelar casi de por vida al más prominente delincuente de la política en Hidalgo, se le encuentra relación con la posible presencia del ex Fiscal especial para delitos financieros, Santiago Nieto, en el gabinete de Julio Menchaca, toda vez que fue quien armó la compleja investigación a nivel internacional que hizo posible la acusación y encarcelamiento posterior de Sosa Castelán.

El — ¿ex? — cacique de la UAEH recibió la noticia en una de sus residencias en la entidad, toda vez que con fecha tres de febrero pasado obtuvo el cambio de prisión preventiva en Almoloya (oficialmente Penal del Altiplano), de máxima seguridad, a prisión domiciliaria, ya que el equipo de abogados que ejerce su defensa alegó con éxito que su cliente padece hipertensión arterial y tres preinfartos.

Gozó de ese beneficio legal exactamente un año y cinco meses y dependerá del juez si se sostiene o se ordena su retorno al Altiplano.

Sosa Castelán inició su carrera como líder estudiantil, siempre ligado a los gobiernos estatales, a los que mediante la extorsión, con la amenaza de huelgas y violencia política, paso a paso llegó a tener el control total de la universidad, colocaba rectores y los demás funcionarios a dedazo vil y negociaba con el gobierno federal otros cargos. Sin descontar el manejo privado que por décadas hizo de fondos públicos, tanto estatales como federales, asignados a la Máxima Casa de Estudios del Estado.

En los momentos en que fue detenido, se le consideraba entre los personajes de mayor fortuna en Hidalgo, además del poder político y delincuencial, con la sospecha de no pocos crímenes nunca resueltos por la autoridad.

Con la alianza política obtenida con relativa facilidad en la cúpula de la 4T (pese a representar todo lo que el nuevo régimen proclama combatir), en los medios políticos hidalguenses se comentó que enfrentarían “otros años más de “Sosa Nostra”, cuando sucedió la sorpresiva captura.

Pero todo parece indicar que, no necesariamente, la acción demoledora ejercida desde el poder central, significa una política de limpieza política, sino que para la jefatura máxima de la 4T no tienen cabida poderes, aún de tipo local, de tal magnitud que en cierto momento se sientan con la capacidad de presionar por mayores privilegios. Solo eso, y por lo mismo, la acción tan sorpresiva y demoledora. 

Nada de cacicazgos y menos tan poderosos como lo llegó a ser “La Sosa Nostra”.

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