Redacción MXPolítico.- Hoy, más que en ninguna otra estación de la humanidad, comunicar es vivir. La comprensión de este aserto se desprende de la lectura de El infinito en un junco, donde Irene Vallejo nos conduce por el camino en que “aprendemos el oficio de pensar”, lo que no es sencillo, pues quienes sueñan con establecer un control de la humanidad, llenan de ruido la comunicación, a fin de evitar que reflexionemos por nosotros mismos.

Verbalizar dejó de ser suficiente. Quien no lee difícilmente entiende. También la letra impresa -para satisfacer la necesidad de comunicar- pasa a segundo plano, y al suceder el lenguaje se modifica e internacionaliza. Hemos transitado de la palabra al símbolo cibernético y a la hermenéutica del algoritmo. Quien no accede a la comunicación en tiempo real adquiere el estatus de analfabeta funcional, y disminuye su capacidad de oír y comunicar.

El resultado inmediato de lo que ahora vivimos es terrible. De manera automática y sin opciones, desaparecen las oportunidades de vida de aquellos incapaces de sumarse al modelo comunicacional del presente. Por lo pronto los sistemas bancario y comercial se digitalizan a la velocidad que exige el crecimiento económico, que casi nunca tiene que ver con el bienestar general de la humanidad, sino con el poder de unos cuántos.

¿Tenemos idea de cuánto desempleo se propiciará con el e-comerce y la banca digitalizada? En el primero de los casos, los sistemas de distribución se hacen eficientes a una velocidad sin precedentes, so pena de quedar rezagados ante la competencia. Así, se establece una división social drástica, tajante. Arriba, los que tienen la posibilidad de resolver sus problemas de bienes y servicios sin salir de casa. Abajo, los que, a riesgo del contagio, salen a las tiendas departamentales a adquirir sus productos, lo que por otro lado abre una oportunidad a los tianguis y misceláneas.

Con los servicios bancarios sucede lo mismo. La tendencia es disminuir la clientela de ventanilla que, por el momento, se mantiene fija debido a que muchos carecen de teléfono inteligente, Tablet o computadora para realizar sus transacciones bancarias e incluso disponer de sus salarios, depositados. Hay quienes acuden a los cajeros, pero otros no se sienten tranquilos si no es gracias al trato personal.

El verdadero problema está en el modelo educativo, ya ineficiente antes de la digitalización y la pandemia. ¿Cuántos de quienes hoy cursan primaria y secundaria tienen acceso al mundo digital, ya sea proporcionado por el plantel escolar, o por los padres? La educación del Estado nunca ha dado respuesta cabal a las necesidades mínimas para resolver los problemas de identidad y formación para lograr una vida digna. De ahí que el México bueno y sabio sea sujeto de una despiadada manipulación social, política y cultural.

La brecha digital se hará, simultáneamente, más ancha y profunda. Los proyectos de desarrollo de seguridad nacional distan de contribuir a resolver el problema. Lo profundizarán, porque consumen los recursos necesarios para poner al modelo educativo en permanente actualización.

www.gregorioortega.blog                                                     @OrtegaGregorio

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