Redacción MXPolítico.- La satanización oficial de los ciudadanos es el peor mecanismo que un gobernante puede utilizar. La agresión como política masiva o selectiva es lo que hoy aplica en México el propietario temporal de Palacio Nacional, en aras de lograr el respeto de la población, lo cual no ha sucedido, ni sucederá si continúa por ese camino. Por el contrario, el rechazo aumenta y se incrementará.

La mencionada satanización, es el segundo acto del drama que se escenifica oficialmente, con el principal actor de la agresividad, ese personaje nefasto cuya actividad fundamental (de acuerdo a los psicoanalistas) es la agresión en la mayoría de sus acepciones.

He aquí tan sólo algunas pronunciadas en el Zócalo y que viajan por toda la República Mexicana, de frontera a frontera y de océano a océano, aunque en ocasiones traspasan el territorio.

Verbal: es el señalamiento que resulta nocivo a través de insultos o comentarios de amenaza o rechazo, (como acusar con base a “los otros datos”).

Indirecta o relacional: manipulación de las relaciones, control directo, dispersión de rumores, mantenimiento de secretos, silencio, avergonzar en un ambiente social, alienación social, rechazo por parte del grupo, e incluso exclusión social. (Ejemplos, las descalificaciones contra feministas, clasemedieros y conservadores).

Hostil: es la acción intencional encaminada a causar un impacto negativo sobre otro, por el mero hecho de dañarle (asunto Lilly Téllez).

En este caso la conductora de televisión, hoy senadora, al ejercer su derecho como legisladora criticó las acciones presidenciales, ante lo cual el mandatario respondió que no estará presente en la ceremonia de la entrega de la medalla Belisario Domínguez y de cierta manera la culpó de agresiones. Tras las declaraciones agresivas de AMLO, se produjeron decenas de amenazas contra ella y su hijo menor de edad, a través de las redes sociales, realizadas por los incondicionales pagados desde las oficinas de presidenciales.

“Cuidadito con hacerle daño a otra persona por pensar distinto. Hay que respetar”, dijo López al señalar que la senadora se quejaba de estar siendo acosada. Tardíamente el presidente pronunció esas palabras, como algo similar a un inservible antídoto, cuando el daño está hecho.

Pero en el catálogo de las agresiones hay más que aplica el tipo que habita en el zócalo capitalino.

Social: es la acción dirigida a dañar la autoestima de los otros, su estatus social o ambos, a través de expresiones, rumores o la manipulación de las relaciones interpersonales (ejemplo, el rechazo a los habitantes de la colonia Del Valle, de la Ciudad de México, porque en su inmensa mayoría no votó por Morena en las pasadas elecciones).

Reactiva: es la conducta aversiva y no provocada, sino deliberada, controlada, propositiva, no mediada por la emoción, dirigida a influenciar, controlar, dominar o coaccionar a otra persona. (Casos Carlos Salinas de Gortari, Silvano Aureoles y cientos de políticos)

De irritabilidad: ante la presencia de cualquier organismo atacable en el medio, y reforzada por la frustración, la privación o el dolor (casos Huachinango, Puebla por el huracán “Grace”).

Por dominancia: es la acción para establecer niveles de poder, una jerarquía de prioridades y beneficios. (Casos la controversia contra España, Cristóbal Colón y, además del PRI al que se le exige ser salinista o cardenista).

Y por moralismo: son formas avanzadas de altruismo recíproco que pueden dar lugar a situaciones de sutil hostilidad o abierto fanatismo (caso la Cartilla Moral).

No hay que pensar que los estudiosos del tema “agresión” se han quedado con los brazos cruzados en México. No, hay universidades que a la chita callando ya trabajan en esa materia, ante la evidencia que se presenta abiertamente desde el máximo poder de la nación.

La rivalidad impulsada contra lo privado y su satanización cuando el país requiere de la unidad ante una crisis que está carcomiendo a la sociedad en general la más afectada por el impulso que, al mismo tiempo, ha tomado el apoyo al crimen organizado, mismo que tras el proceso electoral de junio pasado ocupó posiciones en una que otra gubernatura y en varios ayuntamientos, desde donde siguen las enseñanzas que se ofrecen diariamente en Palacio Nacional.

Lo lamentable es que este personaje hoy en el poder pretende eternizarse y llevar a México al desfiladero. Y hasta ahora no hay nadie que detenga sus abusos verbales.

Autor:  Iván Ruiz Flores

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