Redacción MXPolítico.- Tiene razón el ganso cuando dice que los criminales son humanos y debe protegerlos, pero a los asesinados y desaparecidos, ya para qué, casi todos están muertos. 

Tal vez por eso personajes como los que agrupa el colectivo Madres Buscadoras de Sonora, piden permiso y protección de os grupos delincuenciales para que les permitan encontrar a sus desaparecidos que, por lo general, aparecen en fosas clandestinas o de plano fueron incinerados o desintegrados precisamente por esos “seres humanos” llamados criminales a quienes el mesías tropical afirma que protege.

Más aun, a las madres de los desaparecidos y asesinados, no las recibe el machuchón de Palacio Nacional porque le mancharían no solo el plumaje sino la investidura presidencial y de seguro los pisos de su lujosa residencia.

Pero a cambio, justifica y defiende el hecho de que salga del púlpito palaciego, viajar centenas de kilómetros, adentrarse en tierras pertenecientes al narco para saludar a una dama, mamá de uno de los más “emblemáticos” jefes de los cárteles de las drogas mexicanos, la de Joaquín Guzmán Loera, a quien tampoco nombra el ganso por su apodo de El Chapo, sino por sus apellidos, por el respeto que le merece ese otro ser humano, juzgado por la justicia estadounidense.

Y además justificó el bajarse de la camioneta y le dio la mano porque dijo que ese era su deber, mano y saludo que le niega no sólo a los de los LeBarón víctimas de una masacre en Bavispe, Sonora o a la madre de dos hijos desaparecidos, Cecilia Flores quien, cansada de pedir audiencia y auxilio al gobierno, al caudillo, decidió desistir y mejor pedir auxilio a los jefes regionales del crimen para que la dejaron buscar a sus vástagos.

Lo primero dijo el mesías, era su deber, lo segundo ensuciaba su investidura, como lo hacen otros ciudadanos víctimas de las bandas asesinas o que se llevan a jóvenes y niños de comunidades de los estados del Pacífico para convertirlos en soldados y a los que se resisten, simplemente los asesinan.

Parece de locos, lo es y lo peor es que en las mañaneras, el declarado protector de asesinos, secuestradores, traficantes de drogas, armas y personas, lo justifica. ¿Será porque unos están tan vivos, bien armados y forrados de dinero que los hace temibles, y las víctimas ya están muertas?

Pensará que los difuntos, desaparecidos y sus deudos no le hacen mella a su investidura ni a su plumaje, pero más allá de lo que sería un mal chiste de humor negro, si lo salpican de indignidad e inquina de parte de las familias de las víctimas.

Diario se acumulan 25 desaparecidos en tanto que el promedio de asesinatos por día para el mes de abril, se fijó en 76.1 casos mientras que en marzo el número final fue de dos mil 224 víctimas con un promedio de 72.3.

Lo peor no es el repunte en las masacres de los seres humanos disfrazados de criminales, sino que el 97 por ciento resultan impunes, que, de los 120 mil asesinatos acumulados en los tres años de gobierno de la 4T, 25 mil corresponde a mujeres, que, sin defensa, se enfrentan a la orfandad ya que hasta los refugios para agredidas les fueron cancelados y el presupuesto de 460 millones asignados para ello para 2022, nadie sabe dónde están.

Se olvidan en el palacete que, de los asesinados, 24 mil son menores de edad, que, si se suman a los niños desaparecidos, la cifra redondea en 50 mil vidas extraviadas. A ellos tampoco se les dio protección como tampoco a los niños que por falta de tratamientos y medicamentos fallecieron de cáncer. Tal vez no se les consideró seres humanos.

En esa lógica, habitantes de zonas cooptadas por las armas de los criminales, tampoco son seres humanos; para el caudillo de Tepetitán hay prioridades y esos desarrapados no tienen el privilegio de ser protegidos, mejor dicho, no se lo merecen.

(Nota: a propósito, se escribe la contracción “el” cuando nos referimos al ganso y otras acepciones con único fin de indicar que no se merece ni las mayúsculas).

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