Deambulando por Dublín.

Redacción MX Político.- Hace un siglo, en 1922, Shakespeare & Co. le publicó a James Joyce su novela Ulises, una obra que resultó ser un parteaguas de la literatura moderna y que trata de los sucesos en “un solo día, el jueves 16 de junio de 1904; un día en las vidas mezcladas y separadas de numerosas personas que deambulan, viajan, se sientan, charlan, (recuerdan, dejan que fluya el inconsciente y arrastran la culpa por las calles), sueñan, beben y llevan a cabo diversos actos fisiológicos y filosóficos, importantes e intrascendentes, durante ese único día en Dublín (hermanada con Guadalajara en el 2013), hasta las primeras horas de la madrugada del viernes”, como lo resume Nabokov.

Este próximo jueves 16 celebramos el Bloomsday, recorriendo virtualmente la ciudad de Dublín, bebiendo algunas Guinness y leyendo partes de la novela en donde conocemos, entre otros, a Esteban Dedalus, Leopoldo Bloom y Molly su mujer, una cantante en la plenitud de su vida que se ha repasado a una buena parte de la parroquia dublinese y que va a cantar Lá ci darem, en un programa que, por la tarde, le llevará Boylan, su empresario.

Joyce fue un genio irlandés y lo que escribió refleja lo frágil que era, así como lo memorioso, despiadado, erudito, crítico de la parálisis irlandesa, irrespetuoso, cínico, perfeccionista, escatológico, burlón, conocedor de lo local, lo universal y lo inútil, que hay que leerlo como hacen los arqueólogos: destapando un capítulo a la vez, hasta descubrir el sentido de la obra.

En el Curso de literatura europea (Debolsillo, 2016), Nabokov explica los capítulos de la novela y resuelve el misterio del “Hombre del Macintosh café”, como nadie lo había hecho. Ese hombre aparece y desaparece once veces desde que lo vemos en el entierro de Paddy Dignam cuando “el señor Bloom se queda atrás, el sombrero en la mano contando las cabezas descubiertas. Doce. Soy el trece. No. El tipo del Macintosh café es el trece. El número de la muerte. ¿De dónde diablos salió?”

Hynes está anotando los nombres de los asistentes al entierro para publicarlos en el periódico, por eso, le pregunta a Bloom:

—Y dígame, ¿conoce a ese tipo con, el tipo que estaba con el…

Miró alrededor.

—Macintosh. Sí, lo vi —dijo Bloom— ¿Dónde está ahora?

—M’Intosh —garabateó Hynes—, no sé quién es. ¿Ese es su nombre?

¿Adónde se ha metido? ¿Alguno de ustedes lo ha visto? ¿Es la muerte, la opresión, la persecución, la vida, el amor? Lo que Bloom ve es a una rata gorda que sale de la tumba y camina por la orilla de la cripta.

Ese misterioso personaje vuelve a aparecer al lado de Bloom en el Kiernan Bar, donde llega Lenehan, el reportero de los deportes. Bloom confiesa que “pertenece a esa raza que es odiada y perseguida. Ahora, en ese mismo momento…”

Y cuando Bloom sale del bar, Lenehan dice:

—Yo sé a dónde va.

—¿Quién? —digo yo. (Who? Say I.)

—Bloom —dice él—, ha ganado apostando a Throwaway y ha ido a cobrar la apuesta.

—¿Ese infiel de ojos blancos? —dice el desconocido—, ése, no le ha apostado a un caballo en su vida.

Ese “yo” que pregunta “¿quién?”, es la voz del desconocido que Nabokov asocia con lo que dijo Esteban Dedalus en la Biblioteca: “Shakespeare ha ocultado su propio nombre, un nombre hermoso, William, en sus obras: es un comparsa aquí, allá, igual que el pintor de la vieja Italia colocaba su rostro en un rincón oscuro de su lienzo”, o como Hitchcock aparecía en sus películas, digo yo.

“Esto es lo que ha hecho Joyce —asegura Nabokov— el hombre del Macintosh café que cruza el sueño del libro es el propio autor. ¡Bloom llega a ver a su creador!”

Con razón dice “yo”, es decir, Joyce, cuando pregunta “¿quién?”

Nabokov resulta ser Ariadna que nos ayuda a salir del laberinto de papel cuando estamos perdidos y también es Sherlock Holmes que resuelve el caso del Macintosh andante en ese desfiladero solitario.

  • — –

Los comentarios emitidos en esta columna son responsabilidad de sus autores y no refleja la posición del medio.

(7 , 7)