Redacción MX Político.- El poder presidencial lo es todo en un sistema como el mexicano, que por cierto ya es un ave rara entre los latinoamericanos, que han reducido o desaparecido los poderes metaconstitucionales de los presidentes antaño intocables. En todo el mundo sólo queda una docena de países con esta característica disfuncional. Los demás se fueron para no volver. Han sido sustituidos por congresos y por mecanismos horizontales de control y de opinión pública.

Así, nadie se imagina, excepto los que los defienden a ultranza porque les va en ello la permanencia, los poderes reales de grupos que siempre han sido favorecidos desde el poder presidencial. Es un contrasentido. Una verdadera aberración, producto de la ignorancia y de las fantasías de los empoderados de ocasión. Ni son tan fuertes, ni son indispensables.

Y no estamos hablando desde la autocracia o con una visión totalitarista de las cosas. No. Se trata sólo de un acercamiento a nuestra realidad. ¿Qué hubiera sido históricamente de los grupos de poder mexicanos si hubieran sido abandonados por el poder político de las presidencias seudo republicanas?‎ Jamás se hubiera sabido de ellos.

La terca realidad del sistema político mexicano supera muchas fantasías de la ciencia política. No le quedan esos parámetros. Los grupos de poder que existen allende nuestras fronteras son producto de la competitividad histórica por el mercado, de las invenciones científicas, de la evolución del mundo. Aquí no.

En México la única competencia que ha existido entre los poderosos y adinerados surgidos de la miseria ancestral del campo y las ciudades, es la competencia por el favor del dedo unipersonal que los protege. Mientras más cerca, mejor y más fortuna. Siempre y cuando no estén tan cerca que se quemen.

Siempre y cuando al mismo tiempo de que mamen, den de topes a la ubre. Es la fórmula mágica, el único misterio, la trinidad de los encantos de las clases doradas. ¿Sabrán esto sus paniaguados? ¿O se hacen como el Tío Lolo? Como nunca les ha interesado la vergüenza, a lo mejor sigue siendo igual.

‎Vale más que de una vez se enteren que la gran mayoría del pueblo quiere el cambio. Pero el cambio de guardia. La renovación total de lo inútil, la cancelación de las traiciones. Quiere saber qué es lo diferente. Ser gobernada por leales a su causa, no por espantajos ni tigres de papel.

Cambio de guardia en los mastines privilegiados, en los que se creen parte de los estamentos superiores de la represión, cambio de régimen, de sistema, de formas, de gobierno y hasta de modo de andar.‎ Que la clase popular llegue al poder, aunque sea doloroso. La otra forma es la revuelta armada.

Una nueva visión sobre el desarrollo regional equilibrado, sobre la distribución del ingreso, sobre el ejercicio republicano del poder, sobre los deberes esenciales del Estado, sobre la finalización de las dinastías, los cenáculos y las oficinas de pirrurris ignorantes y demasiado bien pagados.

No les basta con saber que la vida en México es ya lo más parecido a un circo bufo de rarezas políticas, de complicidades, de ambiciones y codicias sin freno. Los loros que defienden el establecimiento tienen gran parte de la culpa en esto.

Los delitos acompañan y sostienen una manera desquiciada de ejercer el poder. Somos ciento treinta millones de náufragos en un horizonte impredecible, que luchamos por la sobrevivencia, por la dignidad y por lo que queda de patria.

Desafortunadamente para ellos, a los grupos de interés esto no les importa. Ellos quieren todo, rápido y en efectivo.
Como si lo merecieran. Es cuanto.

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