Redacción MXPolítico.-No son pocos los que creen en Chihuahua, que el triunfo legítimo y contundente de la ex alcaldesa de Chihuahua, la panista, María Eugenia Campos Galván, en los pasados comicios del 6 de junio, se debió en buena medida al factor miedo, que prevalecía entre los potenciales electores de la vasta entidad, días antes de las elecciones, que habían despertado los desplantes autoritarios desde el poder de AMLO, pero también en buena medida, por su estrecha relación con regímenes autoritarios de América del Sur y de Cuba; es decir, Fidel Castro y Hugo Chávez, respectivamente. 
            
Ligados a una palabra que en Chihuahua, genera urticaria:
            
Comunismo.
            
 No obstante que ambos ya son historia.
             
Es muy difícil explicar cómo es posible que una candidata tan cuestionada por actos de corrupción, como fue el caso de la ex alcaldesa de Chihuahua, Maru Campos, por sus evidentes nexos con el putrefacto ex gobernador de Chihuahua, el impresentable, César Horacio Duarte Jáques, del cual, la Fiscalía General del Estado, encabezada por César Augusto ´Peniche Espejel, documentó actos de corrupción dentro de la “Nómina Secreta” por poco más de 10 millones de pesos que habría recibido entre 2014 y 2015, cuando fungía en calidad de diputada local del PAN, teniendo como líder cameral de esa bancada, a su homólogo, César Jáuregui Moreno.
                 
Nunca en la historia de Chihuahua, se había registrado que un candidato que estuviera vinculado a un proceso penal, más allá del instituto político al que perteneciera, se le hubiera permitido contender, aun con todas las pruebas documentales que se presentaron y con casi 50 testigos que dieron fe de los actos de corrupción que habría cometido, la ahora virtual gobernadora electa de Chihuahua. 
            
En buena medida, Campos Galván, logró pavimentar su camino a la candidatura, porque el Instituto Estatal Electoral y el Supremo Tribunal de Justicia del Estado, le jugaron las contras, al todavía huésped de palacio, Javier Corral Jurado, a quien ya veían demasiado desgastado en su credibilidad y en su fallido gobierno, pero además porque ya iba de salida…
               
Los titulares de ambas dependencias se la jugaron antes a favor de la futura gobernadora, que en favor de un gobernador, demasiado confrontado con su mismo partido.
               
Con un tipo rabioso y rencoroso, como el inepto de Javier Corral.
            
 Decíamos líneas arriba, que días antes de los comicios, que los ciudadanos de la más extensa entidad del territorio nacional, sobre todo los de la capital del estado, a quienes bien podría considerarse conservadores o “mochos” desde la óptica de López Obrador, quien detesta a los clase-medieros o aspiracionistas, los que veían desde estas latitudes, con una gran desaprobación, pero sobre todo con un marcado temor, que un abanderado protegido a todas luces por el Caudillo de la 4T, como era el caso del ex súper delegado en Chihuahua, de Juan Carlos Loera de la Rosa, quien había realizado un lamentable papel como tal en los dos años que fungió como tal, llegara a la Primera Magistratura de la entidad, sin haber ganado una sola elección antes y por ende, sin la requerida experiencia para gobernar una entidad bronca, y con álgidos problemas de índole social, política, ni que decir de los relacionados con temas de inseguridad, violencia, ligados per se, invariablemente al hampa organizada, que hoy tiene en un puño a autoridades y pueblos enteros.
            
No fueron pocos, los que dijeron a quien esto escribe como periodista y consultor, que preferían a “una vieja que había robado poquito” que a un sujeto, que en su calidad de representante del Mesías Tropical, se había caracterizado por el nepotismo rampante de sus colaboradores o escuderos, pero también por haberle dado la espalda a los agricultores de la zona centro de Chihuahua, sobre todo de la presa La Boquilla, en su disputa con la Guardia Nacional, que había ultimado por la espalda a una persona como resultados de dichos enfrentamientos.
              
“Si llega Loera de la Rosa, al gobierno, nos va a cargar la chingada ahora sí”, decían no pocos..
                
“Van a querer darnos atole con el dedo, como lo hacen con los tabasqueños o los de Chiapas”, decían en las redes sociales los detractores de las políticas públicas de AMLO, los mismos que le atizaban duro y macizo al gobierno de la Cuarta Decepción, por el decepcionante papel en relación al tema de las vacunas del Covid -19 y las muertes que había generado dicha pandemia desde marzo del 2020…
                 
Hay que resaltar el hecho de que una buena cantidad de purpurados, es decir, ministros de la grey católica antes de los comicios, habían invitado a votar con responsabilidad a sus feligreses, y hacerlo por el PAN, antes que por otros institutos políticos ligados al comunismo…
              
 Definitivamente la marca MORENA, vinculada a López Obrador y a Loera de la Rosa, en 50 de los 67 municipios de los que se compone la geografía política de Chihuahua, no logró permear, no obstante que los operadores políticos de la 4T, trataron de sacarle provecho a los diversos programas sociales, para coptar el voto de los chihuahuenses tanto de la zona serrana, como de las ciudades medias y las urbes focalizadas en Ciudad Juárez y la capital, Chihuahua.
                
Quedará para la historia de Chihuahua, como parte del anecdotario, como una aspirante a gobernadora como fue el caso concreto de María Eugenia Campos Galván, con todas las vinculaciones que se le imputaron penalmente desde la administración estatal, encabezada por Javier Corral Jurado, nomás no pudieron hacer efecto ya no digamos en las instancias judiciales, que se la jugaron a muerte, por quien veían con piernas de jinete rumbo a la gubernatura de Chihuahua, sino en las conciencias de miles de conciudadanos, que con todo los enjuagues que se había dicho de la ex alcaldesa de Chihuahua, vinculados al ex mandatario de Chihuahua, César Duarte, le dieron el voto de confianza, a una funcionaría que siempre le respondió de frente a su feroz perseguidor, Javier Corral, que de lo que se le acusaba eran viles mentiras y que ella nunca habría recibido ni un cinco del erario estatal, cuando el entonces secretario de Hacienda, Jaime Herrera Corral, era el responsable de recoger las firmas de recibidos los recursos en beneficio directo de Campos Galván y César Jáuregui Moreno.
               
Si como diputada local del PAN, Maru Campos, recibió tales “distinciones” por parte de su ex empoderado amigo, César Duarte, que habremos de esperar de como actuara cuando sea la titular del Ejecutivo estatal, frente a los “grandes jugadas económicas” que habrá de encabezar y cabildear con los grandes capitanes del empresariado chihuahuense, que sin ninguna duda, también ellos se le jugaron por ella en las pasadas elecciones, así fuera enfrentándose a su enemigo número uno, como lo fue López Obrador, antes, durante y después de los comicios del 6 de junio.   
                
En resumidas cuentas, desde nuestra muy particular óptica, mucho, pero mucho influyó en los pasados comicios, la palabra “miedo” o “temor” entre los chihuahuenses a la hora de cruzar su boleta.
                 
 Tenían dos opciones reales o se apegaron a un viejo adagio popular:
                    
“Más vale malo por conocido, que bueno por conocer”.
                  
Es un hecho que ante dicha disyuntiva, optaron por darle el sufragio a una funcionaría a la que se acusaba de estar ligada al ex gobernador priista, César Duarte, pero también en forma paralela, a una mujer perseguida por la administración estatal corralista, que con mal timming y peor tacto, pretendió descarrilar demasiado tarde, haciéndola a la postre, mártir o víctima, desde la percepción del imaginario colectivo, que terminaría por darle el antídoto, o el salvoconducto para evitar su posible aprehensión penal, antes de que concluya el mandato constitucional de Javier Corral, quien hay que decirlo con todas sus letras, se va con la cola entre las patas, por su nefasta actuación al frente de la actual administración estatal, pero también por su ineficaz forma de operar su “Justicia para Chihuahua” para la que habrá de convertirse en su enemiga número uno, a partir del 3 de septiembre, además claro está, del presidiario en Miami, Florida, César Duarte, que una vez que sea extraditado a su patria, México, se da como un hecho, que logre en el menor tiempo posible su libertad, y cobre venganza de todas y cada una de las afrentas que le quiera cobrar al actual inquilino del palacio de gobierno.
          
Corral, no se echó un alacrán encima, sino dos.
            
Maru Campos, quien fue humillada públicamente no una, sino muchas veces por el gobernador Corral, pero también, César Duarte, el cual se dará el gusto, de devolverle golpe a golpe, todo lo que le ha hecho, no solo a él en lo personal, sino también a su familia, y a varios de sus ex colaboradores, que se la han jugado lealmente con él, en las buenas y en las malas, en las duras y en las maduras, como luego se dice.
               
Ya veo a Javier Corral huyendo a su segunda patria, los Estados Unidos, porqué es ciudadano norteamericano, y a Campos Galván, embistiéndolo con todos los medios a su servicio, pero también por otro lado a César Duarte, haciéndolo lo propio, porqué si algo le sobra, son recursos económicos, y todos los deseos de una vendetta, que podría pagar con sangre….
              
POSDATA:
               
MUCHOS DE los priistas duartistas que se la jugaron con Maru Campos en las pasadas elecciones, así como con el edil electo, Marco Bonilla, esperan que a la hora del reparto del pastel, mejor dicho, que a la hora de figurar en la nómina no secreta, sino estatal, no se vayan a olvidar de “su contribución” con la causa azul, para derrotar a las hordas del partido guinda.
                  
 Ojalá no les vayan a pintar un dedo en la frente a muchos dinosaurios que están más quemados que un cartucho de sicario. Mamaron pero en serio de la ubre de Duarte o de Peña Nieto, y ahora querrán hacer lo mismo, con Campos Galván o con Bonilla. 
                  
A ver si no les dan una patada en las posaderas, por zalameros y arrastrados. O por ponerse de tapete, que no deja de ser lo mismo……
              
                 
Autor: Juan Antonio Torres
   


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