MARCELO EBRARD CASAUBON, SECRETARIO DE RELACIONES EXTERIORES:

-Soy periodista, no un criminal

Abraham Jiménez Enoa

El 11 de julio marca un antes y un después en Cuba, cuando los cubanos protestaron en las calles como no se tiene memoria después del triunfo de la revolución castrista.

Pareciera una coyuntura explosiva generada por la pandemia, pero no, el conflicto es más profundo y evidencia los problemas estructurales de la isla que ahora derivan en una crisis económica, social y política.

Veamos el pasado reciente:

El primer presidente fuera de la familia Castro, Miguel Díaz-Canel, emitió en su primer año de gobierno (2018) el Decreto 349, mediante el cual el gobierno debe corroborar que las obras artísticas a exhibir coinciden con la política cultural de la Revolución. Mal asunto.

En protesta, los artistas e intelectuales hicieron una “sentada” frente al Ministerio de Cultura, lo cual les valió arrestos domiciliarios y la confiscación de sus obras a algunos de ellos. Como respuesta, crearon el Movimiento San Isidro, organizaron conciertos al aire libre y compusieron el rap que se ha convertido en el himno de las protestas actuales: “Patria y Vida”.

En el campo económico y a raíz de la crisis sanitaria, Cuba perdió una fuente importantísima de ingresos y el hundimiento del turismo el turismo, contrayéndose su economía en 11 por ciento durante el 2020. Como respuesta, el gobierno lanzó la Tarea de Ordenamiento, suprimiendo el sistema de dos monedas (peso y dólar) para llegar a “la unificación monetaria y del tipo de cambio, la eliminación gradual de subsidios excesivos y una reforma de ingresos”, con incremento de salarios y pensiones.

Al parecer, el gobierno hizo mal la Tarea, pues generó apagones, una escalada de precios y una devaluación con la agravante de que muchos artículos solo se consiguen en tiendas donde se paga con dólares. Los alimentos siempre han estado racionados, pero con la pandemia son mayores las restricciones. Colas y colas se forman en las tiendas de barrio para conseguir lo más básico.

El gobierno cubano responsabilizó de la situación económica al embargo estadounidense; la explicación es poco plausible, pues Cuba tiene acuerdos comerciales con 44 países, principalmente España y Países Bajos. El problema radica en que sus exportaciones son materias primas como tabaco y níquel; hay muy poca industria y, por supuesto, el emprendedurismo no tiene lugar.

El año pasado, el gobierno cubano pudo más o menos controlar la pandemia, pero para 2021 los contagios fueron a la alza y Cuba no ha podido producir su propia vacuna en cantidad suficiente.

En este contexto se encendió la chispa en San Antonio de los Baños, cerca de La Habana. Lo sorprendente fue la rapidez con que se propagó la manifestación de inconformidad en otras 50 poblaciones (¡benditas redes sociales..!).

Como lo reportó The New York Times, “el domingo el miedo a sumarse desapareció y la solidaridad se impuso a la mentalidad cubana de arreglárselas cada quien como pueda”. ¿Qué pedían? Alimentos, vacunas y libertad.

Visto desde fuera, todo indica que la respuesta del gobierno no pudo ser más torpe con su llamado a la batalla. Suspendió los servicios de Wi-Fi y procedió a la represión, que obviamente provocó una reacción airada de los manifestantes. Díaz-Canel afirmó que “no se permitirán provocaciones”, porque “la calle es de los revolucionarios”. Hasta antier, organismos de derechos humanos contabilizaron 500 detenidos.

El gobierno cubano parece no ver que las viejas generaciones están hartas del sacrificio interminable en aras de la Revolución y las generaciones del siglo XXI reclaman otros significados de la Patria.

No más “Patria o muerte”, como arengaba Castro.

Ahora es “Patria y vida”…

Investigación: Upa Ruiz upa@delfos.com.mx

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