Sucede cada 20 de noviembre en un país como el nuestro, con un pueblo que permanece irredento por su propio destino de grandeza… castigado innecesaria y exageradamente a lo largo del tiempo, por la historia misma.

Un pueblo al parecer sin aliento ya para detestar actitudes que desbordan el límite de la humillación a su memoria y a su inteligencia colectiva.

Todavía hacemos propicio el día, para que el príncipe en turno festeje algo al que nombran grandilocuentemente “la Revolución Social Mexicana” y, lo que resulta más ofensivo aún, que lo hagan estos líderes de pacotilla tornados en autoridad magnánima, para autoadjudicarse la paternidad de esta supuesta gesta heróica, al haberla propiciado o continuado a esa mal llamada “Revolución Social”, por el solo hecho de asumir una actitud de rebeldía contracultural permanente… porque con ese solo hecho ya hicieron la “Revolución de las Conciencias”.

Y así siguen, tramposamente, manipulando con dialéctica y sofismas la historia oficial: “son los buenos porque siempre han sido las víctimas, los perdedores sempiternos, los “agachados”… los que nunca han ganado nada

Desde el rabioso productor de narcoseries, que regaña a analistas y reporteros que no asumen a ciegas sus “teorías”, hasta el más prolífico y genuino “chairo” de barrio, que sataniza al vecino que “no jala con la 4 T”.

Y siguiendo la entelequia discursiva de los que los antecedieron y en quienes siempre han focalizado sus ataques retóricos… este 20 de noviembre desde el balcón central de Palacio Nacional y, hasta en el más modesto Palacio Municipal del país, los zánganos se regodearon como “moscas en la miel” de la fiesta “Repúblicana” por excelencia, sin llegar a establecer un solo criterio general de interpretación de lo que realmente fue esa “carnicería entre hermanos”…. esa genuina “Guerra Civil” que fue el conflicto armado de 1910 a 1921 y con algunos rebrotes hasta la década de los treintas”, en el siglo XX.

Se quitaron la mariconera y el huipil los y las activistas “jipiosos (as)” y endémicos, que reclamaban el poder por la gracia divina; se dieron un baño y se pusieron traje sastre ayer, para dirigir engolados y románticos discursos, haciendo disquisiciones sobre la Revolución Mexicana:

“La tierra libre, la tierra para todos, la tierra sin capataces y sin amos… Viva la Revolución”, gritaron desgañitados en los eventos oficiales, citando a Emiliano Zapata, cuando la realidad es que los modos de propiedad , posesión y explotación de la tierra, se han vuelto más complicados que en el pasado, pues la disolución de la propiedad comunal (ejidal) desde la década de los noventa y hoy por hoy es más fácil poseer grandes extensiones de tierra con un origen comunal, gracias a las nuevas disposiciones legales en la materia.

Al campo lo han vuelto un enfermo progresivo y crónico, que se acerca cada día más rápido a la convulsión y al colapso, pues pronto no alcanzarán los recursos gubernamentales para mantener a los campesionos cada vez más improductivos y con un Gobierno con clara tendencia a revivir el modelo paternalista en el campo… a evitar hacerlo competitivo, por motivos de complacencia electoral.

“Pueblote que somos”… cada vez más ingenuo o ¿más noble?…

No falta mucho para que voltee hacia arriba buscando autoridades o responsables, en la inteligencia de que el día que los busque … no estarán para él; mucho menos para rendir cuentas o responsabilidades.

El día de mañana, no muy lejano por cierto, en que sólo la tristeza quiera hablar con el campesino, con el obrero, con el desarrapado nuevamente, no tendrá ningún soporte real, objetivo ese pueblo del que hablamos.

El día que “la marea de la realidad” vuelva a su cauce y descubra la auténtica fuerza de los actores que se dicen protagonistas del actual Gobierno, que pretenden despojar ya a la democracia mexicana, hasta el último girón de su vestido, entonces muchas torres “se derrumbarán”; muchos mitos no alcanzarán a anidar incluso en la historia patria nacional.

El día en que la amnesia popular llegue a tal grado de gravedad, que olvide lo que realmente representa el pueblo agraviado en el desarrollo de la historia de México como Nación. En que los pobres ya no tengan capacidad ni de recordar lo que en el pasado fueron: esa fuerza que era capaz de acompañar a pie a Emiliano Zapata o al propio Villa… o de marchar sin pago ni consigna alguna, en la defensa de su tierra y sus costumbres.

¡Cuándo despierte verdaderamente el pueblo mexicano y se dé cuenta que si ha sido lo que fue y lo que es, lo debe al esfuerzo de todos y cada uno de sus propios integrantes… a su resiliencia personal y grupal, nunca a lo que los gobiernos han sido o han querido hacer de él.

Del pueblo los políticos se han burlado inmisericordemente, hoy, ayer y siempre….

Particularmente este Gobierno de la 4 T, que invoca impunemente.

Trata de engañar con trampas al “pueblo”, a la sociedad civil, sobre el verdadero papel que ha tenido en la consecución de la democracia y de la libertad… dos conceptos… dos dulces y poderosas palabras tan prostituídas hoy en la boca de cualquiera.

Dos dulces conceptos que suenan tan sencillas hoy.

A la democracia y a la libertad, también irredentas en el México de nuestros días, se suman el ilusorio progreso económico y la casi nula distribución de la riqueza:

En los últimos 80 años de “Posrevolución”, en México, En 1930, 55.2% de la población se concentraba en sólo ocho entidades, composición que, prácticamente, no ha cambiado en los últimos 80 años, pues en la actualidad, en estos mismos estados, radica 52% de los habitantes.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) (2014) reportó que, en promedio sostenido en los últimos 42 años (desde 1980), alrededor de 600 mil mexicanos abandonan el país cada año (sobre todo hacia EE.UU.), con la intención de encontrar mejores oportunidades de empleo; de éstos, se estima que 75.4% son hombres (en promedio, mayores de 26 años).

Y por si fuera poco, la composición de los hogares mexicanos, base fundamental de la organización social en México a través de la familia, en 90 años de posrevolución quedó casi intacta; al contrario, resintió ligeramente en contra sus cifras; véase la siguiente gráfica:

Así entonces… cada 20 de Noviembre debemos recordar con firmeza que hay muy poco qué celebrar… o más bien nada.

Que el concepto de Revolución Social, a quienes nos lo quieren vender desde el otro lado del templete, les queda muy grande como concepto.

Pues las revoluciones las hace el pueblo y no surgen por capricho ni impulso de gobernantes ni grupos fácticos de poder de ninguna índole ideológica.

Que le quede bien claro al Presidente y a sus panegiristas.

Autor: Héctor Calderón Hallal

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