EL CASTILLO

Redacción MX Político.- Las aguas debajo de Palacio Nacional están resultando pantanosas para quienes ahí habitan y, entre más se mueven, la estructura se debilita y tiende a hundirse. Es demasiado escandalosa la relación autoridad-delincuencia, marcada en opiniones tanto de analistas políticos como de los encargados del tema seguridad nacionales, como internacionales. Se cuestionan diferentes institutos de investigación sobre la actuación del gobierno mexicano e inclusive en la información proporcionada a Estados Unidos, particularmente a su Congreso y las emanadas de sus órganos de seguridad, advierten posiciones inusuales en los mandos oficiales y, en ellos ya se incluye a las fuerzas armadas.

¿Por qué en México no se actúa en contra de la delincuencia organizada? ¿Por qué se ha permitido existan zonas en las cuales los cárteles se significan como autoridad? ¿Por qué no se escuchan las denuncias de los ciudadanos prácticamente secuestrados en sus comunidades, sobreviviendo a expensas de los mandos criminales quienes deciden quien entra, quien sale, y ejercen controles hasta con la dotación de agua? ¿A que se debe sea el Triángulo Dorado la zona de mayor y mejor comunicación? ¿Por qué se insiste en los “abrazos, no balazos”, como estrategia cuando es solamente una frase más corriente que común?

Poca atención se presta al asesinato del guía de turistas, de nuevo se trata de tapar el Sol con un dedo y hacer referencias a conveniencia. Ninguno de los tres crímenes encuentra ni explicación ni justificación valedera. En el caso de los sacerdotes se trato de dos ancianos, uno de 80 años y el otro cercano a cumplir los mismos. Pero, en Chihuahua, particularmente en la Sierra Tarahumara, uno de los atractivos turísticos por excelencia se encuentra en el recorrido del Tren Chepe, el cual abarca 350 kilómetros y se realiza en nueve horas. Parte de Los Mochis, Sinaloa para llegar a Creel en Chihuahua. La travesía abarca vistas del desierto, las barrancas del cobre, la sierra, el mar, y en el punto en el cual se cometieron los crímenes, se cuenta con paraderos en donde se ofrece la gastronomía del estado, pero también de todo el país.

Ahí, desde la tienda, la paleteria, la fonda, el restaurant, el hotel, todos están bajo el control del crimen organizado. Se les extorsiona con el cobro de piso, se ejerce toda la autoridad y, la tragedia en la Iglesia ha dejado al desnudo la realidad en la cual se desenvuelven muchas regiones del país, lo cual no es aceptado por yasabenquién, y eso no es lo más grave, porque lo reprochable se enmarca en el conocimiento que se tiene sobre lo que ahí ocurre y no se actúa, se deja hacer y pasar, se desdibuja el gobierno.

Pedro Eliodoro iba huyendo de su agresor. Se refugió en la iglesia del pueblo Cerocahui perteneciente al municipio de Urique, lugar famoso por las festividades religiosas realizadas por los habitantes de la Sierra Tarahumara. Hoy se sabe el nombre del asesino: Noriel Portillo Gil, alias “El Chueco” supuesto líder de una célula del Cártel de Sinaloa, el cual domina la zona del Triángulo Dorado. No satisfecho con ejecutar a quien perseguía, asesino al Padre Javier Campos y al también sacerdote Joaquín Mora, dejó con vida al líder de la comunidad Jesuita Javier Ávila, quien rogó no se llevaran los cuerpos de los sacerdotes ejecutados. El mismo día, el fatal lunes 20 también desaparecieron cuatro personas y una menor de la cual informó el presidente ya había sido encontrada.

Frente a estos hechos López Obrador, en la mañanera de ayer, consideró como lo más importante encontrar los cuerpos de los sacerdotes, anunció envió elementos de la Sedena a la zona y al parecer apenas se enteró de estar perfectamente identificado el agresor, lo cual se supo minutos después de haber desaparecido El Chueco, llevándose en su camioneta los cadáveres. Por su parte el Papa Francisco al tiempo de expresar su dolor y consternación exigió justicia y recalcó “no son aislados estos hechos porque en la sierra Tarahumara, como en muchas otras regiones del país, enfrentan condiciones de violencia y olvido que no han sido revertidas”. Durante la misa en honor a los padres Javier y Joaquín, el máximo representante de la Iglesia Católica dijo que “los jesuitas no callarán ante esta realidad que lacera a miles de mexicanos”.

Una, otra y otra vez se ha alertado al Ejecutivo sobre lo erróneo de su dichito de los abrazos, de la nula actuación de aquellos a quienes les ha dado la responsabilidad de regresar la seguridad a los ciudadanos. De nueva cuenta está México en el peor papel dentro de la crítica internacional y ahora sí, cubriendo todos los órdenes, sectores, comunidades. ¿Qué nos pasa?

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