Redacción MX Político.- Sorprende y hasta indigna a algunos que el Presidente López Obrador invite a varios ex gobernadores ajenos a su partido (MORENA), para sumarse al esfuerzo de gobierno que encabeza.

En cualquier otra circunstancia y hasta en otros países la invitación se tomaría como un llamado a la unidad, para que tirios y troyanos unifiquen criterios y se unan al principal propósito que es sacar al país del marasmo en que se encuentra.

Siendo México una nación en la que las distintas ideologías de los políticos nacionales se convierten en trincheras de guerra y colaborar con un gobierno ajeno al de su militancia convierte a los políticos en traidores, espurios y hasta repugnantes, suena muy fuerte el hecho.

Y lo es más por la forma en que el actual Ejecutivo federal trata a sus adversarios, a los que llama corruptos, reaccionarios y conservadores, por decir lo menos.

De ahí que llama poderosamente la atención que ahora en un solo fin de semana nos recete la incorporación de dos gobernadores, uno de militancia priista y otro panista, para que trabajen al unísono en su proyecto, aunque sea desde el mundo diplomático.

De acuerdo con el carácter que ha mostrado durante la mitad de su gobierno, el Presidente se muestra como una persona obcecada, que no da marcha atrás a su forma de pensar, por lo que resulta curioso que estos políticos provenientes de la mafia del poder sean sus primeras incorporaciones a las tareas del gobierno federal.

Ni el priista Quirino Ordaz, gobernador de Sinaloa y mucho menos Antonio Echevarría, resultan ser dos políticos que dentro de sus partidos tengan una gran influencia o que permitan la recomposición de las formas políticas del Presidente hacia esos partidos.

Quirino ni siquiera era visto como un aspirante importante al gobierno de Sinaloa, aunque le cayó en suerte la relación suya y de su padre con el llamado Grupo Atlacomulco que dominó el sexenio pasado y se sacó la rifa del tigre. Echevarría es hijo de un ex gobernador de Nayarit de larga militancia priista que rompió con el tricolor cuando este no lo quiso postular al gobierno del estado y entonces acarreó con toda la familia en una rápida migración al panismo. Él fue gobernador, su hijo también lo consiguió y la única que se quedó con las ganas fue su entonces esposa que perdió en las urnas.

Hasta ahora no ha habido respuesta de los partidos en que militan Quirino y Antonio, para saber si aplicarán alguna sanción a los colaboracionistas con un gobierno con el que no están de acuerdo los altos mandos de esos partidos.

El Presidente tampoco ha explicado por qué fueron seleccionados estos dos personajes con fama de mediocres si lo fueron por ser coparticipes de los triunfos alcanzados por MORENA en esas dos entidades del Pacífico, si lo son para protegerlo, por tratarse de dos entidades en las que los grupos delincuenciales los tenían en la mira o simplemente que el Ejecutivo federal ya mutó en un político más abierta en la que dejará los improperios o señalamientos contra los opositores a sus programas y tienda los puentes de unidad para gobernar un país más armonioso, lo que se duda mucho.

Claro que López Obrador no es el primer Presidente que invita a adversarios a colaborar en actividades diplomáticas o en las de gobierno federal, ya que antecedentes los hay en el pasado reciente.

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Durante los cinco años de gobierno de Carlos Joaquín, Quintana Roo ha recobrado la estabilidad política y las inversiones siguen llegando al estado que vivió tiempos nefastos con el anterior gobierno que encabezó Roberto Borge, hoy en la cárcel.

De acuerdo con la opinión de los diversos sectores del estado, Joaquín ha mantenido una relación de respeto y colaboración con el Presidente de la República, ya que en estos cinco años le han tocados dos Ejecutivos federales distintos y de ideología diferente a la suya.

Email: ramonzurita44@hotmail.com

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