* El impasse de la transición entre el gobierno saliente de Alejandro Murat y el entrante de Salomón Jara, es la ocasión coyuntural propicia para impulsar con alteza de miras un nuevo Pacto Social en Oaxaca.
* La única manera de acotar la escandalosa corrupción de las 465 organizaciones sociales más las que se acumulen, a las que se han entregado 26 mil millones de pesos, es a través del Imperio Soberano de la Ley.

De manera general se tiene la impresión y percepción por la mayoría de los seres humanos que la vida no es justa. Se pasa por alto que Amado Nervo enseña que somos arquitectos de nuestro propio destino.

Y este supuesto destino que, a nuestro juicio, no es otro que el futuro que construimos a partir de nuestras decisiones y acciones del presente, está sujeto a diversas circunstancias que pueden ser modificadas.

En 1914, José Ortega y Gasset acuñó en su libro, Meditaciones del Quijote, la frase «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo» que generó un largo debate filosófico que sigue vigente.   

Esta reflexión filosófica pone de manifiesto la trascendencia vital en nuestras vidas de entender nuestra realidad personal, familiar, social y nacional, para catapultar nuestros sueños y hacerlos realidad.

Hoy, como nunca, Oaxaca y los oaxaqueños, tienen la oportunidad histórica de someter el andamiaje político, económico y social, a un proceso de reingeniería que plantee soluciones a los múltiples problemas.  

El impasse de la transición entre el gobierno saliente de Alejandro Murat y el entrante de Salomón Jara es la ocasión coyuntural propicia para impulsar con alteza de miras un nuevo Pacto Social en Oaxaca.

A primera vista parece una locura o un sueño de opio imposible de realizar, en virtud que lograrlo requiere de visión y sensibilidad de estadistas, que piensen en las futuras generaciones y no en la próxima elección.  

Para Alejandro Murat será un gran legado y para Salomón Jara la piedra angular para iniciar el gobierno de la tercera alternancia en la Gobernación de Oaxaca, lo que permitiría pasar a la historia a ambos.

Ante ya casi medio siglo de no respetar la Ley ni hacerla respetar por los gobiernos, por el síndrome de Tlatelolco, imbuido del terror a ser acusado de represor, sonó la hora de cambiar el derrotero de Oaxaca.   

La industria del chantaje se ha enseñoreado durante largos 48 años de anarquía, a través de permanentes presiones, mediante inacabables movilizaciones, marchas, bloqueo de calles y carreteras.

A ello hay que sumar el nefasto impacto social y económico de la toma de casetas de peaje y de oficinas, el secuestro de funcionarios y vehículos, y el saqueo de la mercancía que transportan o de la cuenta del día.   

Sin atender y buscar opciones de solución a este grave problema de fondo que mantiene paralizado en el inmovilismo el crecimiento y desarrollo de Oaxaca, no saldremos del rezago y la marginación.

La única manera de acotar la escandalosa corrupción de las 465 organizaciones sociales más las que se acumulen, a las que se han entregado 26 mil millones de pesos, es a través del Imperio Soberano de la Ley. 

A lo largo de la historia, se ha demostrado palmariamente que solo el Imperio Soberano de la Ley ha salvado a México durante sus peores crisis y la actual reviste el riesgo que surjan estallidos sociales.

O bien, el riesgo de una nueva intervención armada del gobierno de Estados Unidos, pretextando razones políticas de seguridad nacional, al considerar que la inseguridad y brutal violencia pone en riesgo a su país.

A la LXV Legislatura del Congreso del Estado corresponde jugar un papel históricamente protagónico para hacer suya la imperiosa necesidad de contar con un nuevo Pacto Social que detone el potencial de Oaxaca.

No obstante, esta singular coyuntura de las y los legisladores oaxaqueños, es de lamentar que dolorosamente hasta ahora, salvo honrosas excepciones, la mayoría, no han sabido estar a la altura de las circunstancias.

alfredo_daguilar@hotmail.com

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@efektoaguila

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