El 6 de julio, mientras el huracán Elsa rugía hacia Florida, cinco hombres cubanos en una desvencijada embarcación de madera desembarcaron a unas 18 millas al norte de Miami. Tras días en el mar, algunos de los refugiados aplaudieron aliviados al desembarcar.

Horas más tarde, los guardacostas estadounidenses se apresuraron a salvar a otro grupo de cubanos cuya embarcación, que navegaba en la trayectoria de la tormenta, había volcado frente a Cayo Hueso la noche anterior. Trece supervivientes fueron sacados del agua. Nueve nunca fueron encontrados.

La repentina oleada de balseros que zarpan hacia la costa del sur de Florida es, al igual que las protestas espontáneas que estallaron en La Habana el pasado fin de semana, una señal de que las condiciones de vida en la isla comunista se están deteriorando rápidamente tras 16 meses de pandemia. 

Un indómito brote de Covid se está extendiendo por la isla, profundizando una crisis económica que comenzó cuando el antiguo benefactor del régimen, Venezuela, puso fin a su apoyo financiero tras el colapso del precio del petróleo en 2014.

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