El mandatario estadounidense Joe Biden creé firmemente en que las pruebas rápidas para detectar el Covid-19 son de gran utilidad para detener la última oleada mortal de la pandemia, la cual satura los hospitales y amenaza con cerrar aulas en todo el país.

Sin embargo, estás pruebas ya escazean en las farmacias del país vecino, y los fabricantes advierten que tardarán semanas en aumentar la producción, después de haberla reducido en medio de la caída de la demanda durante el verano.

La falta de pruebas se convierte en otro recordatorio de que Estados Unidos no ha gestionado con éxito su arsenal de pruebas de covid, y mucho menos lo ha desplegado del modo sistemático necesario para aplastar de manera efectiva los brotes en escuelas, lugares de trabajo y comunidades.

Los especialistas aseguran que los signos alentadores de la primavera pasada llevaron a una falsa confianza sobre el papel cada vez menos importante de las pruebas: el descenso en el número de casos, el aumento de las tasas de vacunación y la orientación de las autoridades de salud de que las personas vacunadas podían prescindir en gran medida de las pruebas.

Hace poco las autoridades revirtieron ese consejo al registrarse un nuevo aumento de casos y muertes provocados por la variante delta

Dentro de los gobiernos locales que han dejado de ofrecer pruebas rápidas como parte de sus programas de pruebas gratuitas para el público en general se encuentra el Condado de Mesa en Colorado.

“Estábamos viendo escasez de pruebas en todo el condado, por lo que estamos dando prioridad a los suministros para que nuestros distritos escolares tengan una respuesta rápida para las pruebas, para ayudarles en caso de necesidad”, comentó Stefany Busch, una portavoz del condado.

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