Redacción MX Político.- A medida que el cambio climático avanza rápidamente, muchos estados del Medio Oriente tienen como objetivo hacer la transición de economías basadas en el carbono a alternativas que atraigan a personas de todo el mundo, para turismo, negocios, trabajo o para vivir.

Un ejemplo de ello es un desarrollo conocido como NEOM, que se construirá en Arabia Saudita.

Una parte clave del plan es “The Line”, una ciudad futurista de 725.000 millones de dólares australianos diseñada para albergar a 9 millones de habitantes. Comprende una estructura espejada, similar a una pared, de 200 metros de ancho y 500 metros de alto. El proyecto, que se construirá en la provincia de Tabuk, en el noroeste de Arabia Saudita, se extenderá 170 kilómetros tierra adentro desde el Mar Rojo a través de desiertos costeros, montañas y paisajes de valles superiores.

The Line pretende establecer un nuevo punto de referencia para el desarrollo sostenible. Su huella es de solo 34 kilómetros cuadrados (menos de 4 metros cuadrados por persona), ocupando una fracción del sitio de 26 500 kilómetros cuadrados de NEOM. Esto permite un toque más ligero en el paisaje de lo que normalmente se esperaría para una mega ciudad. Además, el proyecto NEOM incluye un aeropuerto y un puerto marítimo, áreas industriales, centros de investigación, instalaciones deportivas y de entretenimiento y destinos turísticos.

The Line se promociona como una ciudad ecológica post-carbono, pero la escala de sus ambiciones plantea serias dudas sobre si el proyecto puede cumplir con sus objetivos ambientales, económicos y sociales dentro de unos pocos años.

El diablo está en los detalles

A primera vista, el proyecto parece ambientalmente impresionante. El borde urbano no se encuentra a más de 100 metros de cualquier punto de la ciudad. Un servicio de transporte público eléctrico de alta velocidad garantiza que ninguna parte de The Line esté a más de 20 minutos de distancia.

Residir en una estructura tan gigantesca implica un estilo de vida claustrofóbico. Pero, en teoría, cada habitante disfrutaría de una media de 1.000 metros cúbicos de volumen urbano. Eso es mucho más generoso que la mayoría de los entornos urbanos densos.

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