Son tres espacios de idolatría escondida en los que el Maligno utiliza sus ídolos para depotenciar la vocación de pastores, dijo el Papa Francisco durante la Misa Crismal de este Jueves Santo.

Redacción MX Político.- “El Amor y el perdón incondicional de nuestros pecados a precio de su sangre derramada en la Cruz”, es el salario y la recompensa del trabajo de los sacerdotes católicos del mundo, pagada por el mismísimo Señor Jesucristo.

De esa premisa partió Francisco la mañana de este Jueves Santo, al iniciar su homilía en la llamada Misa Crismal y tras haber hecho referencia a la lectura del profeta Isaías, leída durante esta concelebración.

“Ser sacerdotes es, queridos hermanos, una gracia, una gracia muy grande que no es en primer lugar una gracia para nosotros, sino para la gente”, también dijo el Papa Francisco en su homilía desde la Basílica de San Pedro, acompñaado de los patriarcas, cardenales, arzobispos, obispos y presbíteros presentes en Roma.

Una celebración en la que el Pontífice bendice el óleo de los catecúmenos y de los enfermos, consagra el Crisma y los sacerdotes renuevan sus promesas sacerdotales.

“No hay salario mayor que la amistad con Jesús. No hay paz más grande que su perdón. No hay precio más costoso que el de su Sangre preciosa, que no debemos permitir que se desprecie con una conducta que no sea digna”.

Es decir, subraya a continuación el Obispo de Roma, “estas son invitaciones del Señor a que le seamos fieles, a ser fieles a su Alianza, a dejarnos amar, a dejarnos perdonar; no sólo son invitaciones para nosotros mismos, sino también para poder así servir, con una conciencia limpia, al santo pueblo fiel de Dios”.

Tres espacios de idolatría: mundanidad, pragmatismo y funcionalismo

A continuación, el Santo Padre compartió con los presentes tres espacios de “idolatría escondida” en los que el Maligno utiliza sus ídolos para depotenciar la vocación de los pastores y alejarlos “de la presencia benéfica y amorosa de Jesús, del Espíritu y del Padre”.

El primer espacio de idolatría escondida es aquella que se abre donde hay mundanidad espiritual que es “una propuesta de vida, es una cultura, una cultura de lo efímero, una cultura de la apariencia, del maquillaje”. Su criterio es el triunfalismo, un triunfalismo sin Cruz, afirma Francisco.

Es la mundanidad de andar buscando la propia gloria nos roba la presencia de Jesús humilde y humillado, Señor cercano a todos, Cristo doloroso con todos los que sufren, adorado por nuestro pueblo que sabe quiénes son sus verdaderos amigos. Un sacerdote mundano no es otra cosa que un pagano clericalizado.

La Misa Crismal en la Basílica de San Pedro

Otro espacio de idolatría escondida echa sus raíces allí donde se da la primacía al pragmatismo de los números. Los que tienen este ídolo escondido se reconocen por su amor a las estadísticas, pero las personas no se pueden “numerar” y Dios no da el Espíritu “con medida”, advierte el Papa y añade:

Una característica de los grandes santos es que saben retraerse de tal manera que le dejan todo el lugar a Dios. Este retraimiento, este olvido de sí y deseo de ser olvidado por todos los demás, es lo característico del Espíritu, el cual carece de imagen propia simplemente porque es todo Amor que hace brillar la imagen del Hijo y en ella la del Padre. El reemplazo de su Persona, que ya de por sí ama “no aparecer”, es lo que busca el ídolo de los números, que hace que todo “aparezca” aunque de modo abstracto y contabilizado.

El tercer espacio de idolatría escondida es el que se abre con el funcionalismo y se trata de un ámbito seductor en el que muchos, “más que con la ruta se entusiasman con la hoja de ruta”, dice el Pontífice. “La mentalidad funcionalista no tolera el misterio, va a la eficacia. De a poco, este ídolo va sustituyendo en nosotros la presencia del Padre”.

El sacerdote con mentalidad funcionalista tiene su propio alimento, que es su ego. En el funcionalismo, dejamos de lado la adoración al Padre en la pequeñas y grandes cosas de nuestra vida y nos complacemos en la eficacia de nuestros planes.

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