Redacción MX Político.- El próximo domingo 5 de junio el Partido Revolucionario Institucional (PRI) podría perder uno de sus dos últimos bastiones, es decir el estado de Hidalgo, al que ha gobernado durante 93 años, derrota electoral que acentuaría el final de su hegemonía durante casi un siglo de historia política en México.

En marzo de 1929, el tricolor nació de la mano de Plutarco Elías Calles, quien se convirtió en el primer presidente de la República emanado del “partidazo” y, luego de un par de transformaciones en su nomenclatura, durante casi todo el siglo XX fue el instituto político hegemónico que llegó a controlar todas la gubernaturas del país, hasta 1989, cuando el PAN logró arrebatarle Baja California.

Actualmente, el priismo gobierna únicamente en Oaxaca, con Alejandro Murat; Coahuila, con Miguel Ángel Riquelme, el Estado de México, con Alfredo del Mazo; e Hidalgo, con Omar Fayad.

De estas cuatro entidades, en Hidalgo y el Estado de México nunca ha existido alternancia política, pues siempre han estado gobernados bajo los colores priistas. En el caso de Oaxaca, ya la perdió en 2010 ante el aliancista opositor, Gabino Cué, sin embargo, en 2016 logró recuperarla con el segundo de la dinastía Murat.

De cara a su futuro inmediato, según las encuestas, este domingo podría caer por segunda vez en tierras oaxaqueñas y en las hidalguenses viviría una de sus derrotas más dolorosas, por tratarse de uno de los últimos reductos del priismo tradicional. En cuanto al escenario en Durango, luce muy cerrada la competencia entre el priista Esteban Villegas y la morenista, Marina Vitela.

Sin embargo, debe destacarse que en Hidalgo y Durango los candidatos del partido se encuentran cobijados por la alianza Va por México, que integra al PAN y el PRD, mientras que en Quintana Roo y Oaxaca compite de manera independiente sin que las encuestas auguren un resultado prometedor.

Así, el lunes 6 de junio el antiguo “partidazo” podría amanecer con solo dos gobiernos estatales: Coahuila y el Estado de México, pero con la elección en puerta, pues en 2023 también irán a las urnas, donde Morena busca controlar estos dos estados estratégicos por su importancia económica y el tamaño de su población, particularmente el del territorio mexiquense.

Aunque el priismo inició su debacle en el año 2000, año en que finalmente perdió la presidencia de la República ante el panista, Vicente Fox, los más entusiastas consideraron que el triunfo en 2012, a través de Enrique Peña Nieto, representaba la reinvención del partido y que una nueva generación de políticos jóvenes como Javier Duarte, Roberto Borge y César Duarte le daría un nuevo rostro ante el electorado.

La historia plagada de huidas al extranjero de sus “nuevas figuras emergentes”, investigaciones por corrupción, escándalos por excesos y abusos de poder, terminaron sepultando el intento de renovación del PRI y a partir de 2015, con la irrupción de Morena en las boletas electorales, las gubernaturas empezaron a caer rápidamente y el espacio del tricolor se redujo cada vez más y más.

De modo que en 2023, el partido que emanó de los ideales de la Revolución Mexicana podría quedarse sin ningún gobierno a nivel estatal y con muy escasas posibilidades de competir de manera independiente por la presidencia de la República en 2024 y para la celebración de su centenario quizá no tenga mucho que presumir.

En aras de presentar en esta entidad una candidatura competitiva para tratar de retener uno de sus dos últimos bastiones, el tricolor eligió a uno de sus cuadros más importantes, Carolina Viggiano Austria, sin embargo, las casas encuestadoras adelantan una noche de domingo lúgubre en la sede nacional del PRI en Insurgentes Norte.

Además, la tormenta que atraviesa su dirigente nacional, Alejandro Moreno Cárdenas, debido a la filtración de audios que lo involucran en presuntos actos de corrupción, parecen hundir todavía más a este partido, que según algunos analistas políticos solo podrá aspirar a sobrevivir ejerciendo un papel similar al del Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

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