• La Tragedia de México Tiene Nombre y Apellido
• La Destrucción de la Clase Media es Irrefutable
• Décadas Para Construirla y la Derriba en 4 años

Redacción MX Político.- Quizá sea un sueño. O una pesadilla. Lo cierto es que después de 3 años y 7 meses del gobierno de Andrés Manuel López, millones de mexicanos están -estamos- decepcionados.

Los errores gubernamentales están a la vista y el único que no los mira es el huésped temporal de Palacio Nacional.

Ante el escenario electoral que se prevé para 2023 y como experimento para el 2024, podría decirse que, con los programas sociales como pensión universal para adultos mayores, Jóvenes Construyendo el Futuro, Sembrando Vida, el gobierno federal deja volar las velas de su nave con rumbo fijo: repetir la victoria en las urnas.

Podría estarse o no acuerdo con la forma de gobierno. Sin embargo, la venda que traen tapando los ojos a millones de beneficiarios, les impide observar la realidad. La brecha entre pobres y ricos se ha ensanchado de manera alarmante. Y no es que quienes menos tienen ahora tengan menos. Las ayudas, aunque escasas, sirven para medio sobrevivir. Lo saben, porque al adquirir alimentos, medicinas, la pensión no alcanza; las becas tampoco. La inflación golpea más a los pobres. Porque los ricos tienen con qué paliarla y superar la crisis que se registra, si bien por la importación del problema. también por la falta de visión en las acciones que se han tomado para contenerla.

Hoy, con todo y las descalificaciones que sobre ella se lanza el presidente de México, la clase más afectada es la media-media y la media-baja. Miles de casas y departamentos están en venta. Imposible mantener la propiedad. Los costos se han elevado en predial, mantenimiento, energía eléctrica, gas, agua. Dos años sin empleo llevaron a los aspiracionistas a entrar en el tobogán que conduce al último decil económico.

Hace unos días acompañé a un amigo de 78 años a recoger su tarjeta de pensión universal. Acudimos al módulo ubicado en el estacionamiento 7 de la Ciudad Universitaria. Con sorpresa, porque me la causó, observé que quienes estaban ahí, unas 300 personas, todas en edad de recibir el apoyo, no eran del núcleo de la pobreza. Se advertía en su forma de vestir, en el porte para caminar, en lo bien cubiertas las canas con tintes, en los peinados.

No me atreví a preguntarles si la pensión los sacaría del problema de conocer la pobreza. Sin embargo, en el estacionamiento había decenas de camionetas y autos costosos. ¿Eran pobres? No lo sé.

Lo que se puede confirmar es que todos necesitan tener algo … aunque sea escaso el dinero. Ahora no lo reciben. Lo tendrán a partir de agosto.

Sin duda, la clase media está desapareciendo. Costó décadas construirla. Y en solamente tres años y 7 meses, ha sido derruida. Culpar la pandemia, sería razonable. Lo irrazonable es que después de superar la crisis -aunque los contagios estén de regreso y hay alarmas encendidas- no se haya establecido la recuperación.

Es verdad, la crisis de salud provoco el nacimiento de una nueva herramienta: el home office. Su beneficio: no gastar en transporte ni en comidas efectuadas fuera del hogar. El daño: el hartazgo familiar de mirarse los rostros las 24 horas del día, lo que ocasionó elevado número de divorcios y agresiones que llegaron a terminar con la vida cotidiana que habían construido los aspiracionistas.

No hay para dónde hacerse. El gobierno, su presidente, no entiende que México no es solamente el de los pobres. Menos aún el de los ricos. Aunque haya muchos, no son mayoría. La clase medida, en sus tres niveles, conforma el numeroso núcleo poblacional.

¿Cómo entender el desdén presidencial hacia los que, en su momento, generaron la riqueza del país?

Al presidente solamente le interesa que “su” proyecto de país, se consume. Y sabe y bien, que no será fácil obtener 30 millones de votos en las elecciones presidenciales de 2024.

METEORITOS

Con el control territorial de 21 estados, los recursos públicos, estatales, municipales y, por supuesto los federales. Andrés Manuel López se prepara para convertirse en el Porfirio y no Muñoz Ledo, del siglo XXI.

Para su desgracia, no tiene una salud siquiera de medio pelo. Está enfermo y por ello recurre a su consabida percepción: si el Creador y la naturaleza lo permiten.

Mantener dividida a la población, con lo cual rompe su protesta de gobernar para todos, ha provocado la polarización mayor en las últimas 7 décadas. Desde el momento en que los civiles asumieron al poder político con la anuencia de los militares por el reclamo del pueblo, los enfrentamientos entre las clases se dieron, sí, pero no en la magnitud de ahora.

Nadie puede ignorar los hechos ocurridos durante los gobiernos de Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz y con menor daño, pero existieron, con Luis Echeverría.

Después, sin que se viviera el mundo de la felicidad en donde todo era miel sobre hojuelas, el país marcho y los mexicanos más o menos nos dimos una suerte de tregua y rompimos el molde del choque frontal.

Quizá el narcotráfico haya influido mucho desde 1964, cuando Díaz Ordaz respondió a Lyndon B. Johnson: si México es el trampolín de las drogas, lo que Estados Unidos debería hacer era cerrar la piscina.

Y desde ese entonces los narcotraficantes iniciaron la construcción de sus imperios que, los llevó a formalizar el crimen organizado. Muy bien organizado y que, en el presente, muestra el poder sin rubor alguno.

BRILLA EL SOL

Durante décadas se ha conocido la corrupción. Emilio Portes Gil, en 1930, planteó tener leyes que impidiera, al término de cada gobierno, el nacimiento de una “nueva comalada de ricos”.

Es verdad: la corrupción es un cáncer, como lo definió José López Portillo, que carcomió las entrañas del poder público asociado con el privado.

Son décadas y el flagelo se mantiene por todo lo alto.

Con el presidente López es imposible entender que defenestre a quienes en el pasado pudieron y lo hicieron, cometieron actos de corrupción, mientras en su mandato protege a quienes los realizan y los hace sus amigos.

Por ello busca afanosamente y es virtualmente seguro que lo consiga, mantener el poder por seis años más y los que sigan.

Vivimos en un país que produce pena, dolor y desesperanza.

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