Redacción MX Político-. “Tengo un sueño, un lindo sueño… el lindo sueño de la libertad”. Una frase que se resonó durante más de tres horas en el Auditorio Nacional: una noche de tristeza por quienes se adelantaron, pero también de alegría por aquellos que se salvaron y por todos los que hallaron un camino para seguir adelante en el arte y la cultura.

La obra de Arturo Márquez, “Tengo un sueño”, bajo la dirección de Eduardo García Barrios, se rindió un homenaje a las víctimas de covid-19 con un minuto de silencio, que se rompió con la voz de la cantante mixe María Reyna.

El recinto de Paseo de la Reforma volvió a dar la bienvenida a cientos de niñas, niños y jóvenes, que lo invadieron para ofrecer un pedazo de sus inquietudes, pero también de sus raíces: el auditorio se llenó de magia, de color, de música.

Tengo un sueño”, bajo la dirección de Eduardo García Barrios

 Alrededor de 300 semilleros creativos, distribuidos en las 32 entidades del país, lograron que niñas, niños, adolescentes y jóvenes se aproximaran a la danza, a la música, al teatro, a la literatura y a la radio, todos con pleno respeto a sus raíces, pero sin dejar de mirar hacia el futuro.

Hubo hip-hop con Juan Sant y un llamado en lengua totonaca, “No te avergüences”, para que los hablantes de lenguas originarias cuenten sus historias en la palabra que les dieron sus abuelos y sus padres.

Y dentro de los que subieron al escenario de “Tengo un sueño 2021” había mixes, zapotecas, pai pai, totonacas, yaquis, mayas, otomís… hablantes de una lengua originaria como la soprano María Reyna o Yalitza Aparicio, pero también hablantes del español, como Javier Camarena o Eugenia León.

 Alrededor de 300 semilleros creativos, distribuidos en las 32 entidades del país, lograron que niñas, niños, adolescentes y jóvenes se aproximaran a la danza.

En la que también fueron partícipes comunidades indígenas de la sierra de Guerrero, a donde llegarán los juguetes donados en el Auditorio Nacional, que fueron como los boletos de ingreso al espectáculo: una noche que se extendió por tres horas y culminó en medio del color de la música y de las palabras, de las imágenes y de los movimientos corporales de todos aquellos que se apropiaron del escenario del Auditorio Nacional.

KC

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