Redacción MX Político.- Durante la penúltima jornada de la Muestra Nacional de Teatro (MNT) se escenificaron propuestas que presentaron una mirada fresca de la juventud, al ahondar en las relaciones familiares y trasladaron al público hasta una pequeña población de Oaxaca.

A las 19:00 horas, en el Centro Cultural y Deportivo Jabonera “La Unión” se presentó Quinces, una creación colectiva co-escrita y dirigida por Sara Pinedo que resultó una propuesta amena y divertida sobre las inquietudes de la juventud y el rito de la fiesta de XV años.

Ésta, se explica, es una tradición que mezcla las culturas mexicas y europeas como un ritual para presentar a una jovencita en sociedad; pero ¿por qué tienen que presentarlas? cuestionan ellas de manera justificada. Otras objetan sobre si la cantidad de dinero que se requiere para dicha fiesta no estaría mejor invertir en pagar su educación; y los hombres, que por qué al cumplir 15 ‘ellos no reciben ni un chicle’.

Mediante intervenciones muy cortas, esta creación colectiva logró conectar realmente con el público que reía a carcajadas y que probablemente recordaba su propia juventud.

Paralelamente, en La Estética Foro Escénico se escenificó Tsunami (Crónicas sobre un desastre largamente anunciado), de la compañía coahuilense de Teatro Camaleón. La obra se enfoca en tres hermanos que, aunque crecieron con los mismos padres, no podrían ser más diferentes: Renata siempre tenía las mejores notas y era la consentida; Regina se sentía más ingeniosa y Darío, el hermano menor, era muy solitario.

Los tres hermanos van contando fragmentos de su vida en una escenografía visualmente llamativa que incluye un espejo de agua colocado al frente. Conforme progresa la trama, la cual mezcla la realidad y la ficción, Darío va dejando claro que quiere rendirse, y aunque intenta fingir que todo está bien, claramente no lo está, por lo que comete un crimen que cambia para siempre la vida de los tres, como un verdadero tsunami…

También a las 19:00 horas, en el Teatro Alfonso Garibay, estuvo Zurdo, de San Luis Potosí, un monólogo en el que el protagonista inicia compartiendo que hay muchas formas de llegar al teatro: por invitación, por gusto, por casting, pero él llegó corriendo, huyendo de la violencia de su padre, un hombre que lo disciplinaba con el cinturón. Así empezó a adentrarse en este arte, jugando un juego que no conocía, pero que le hacía sentir la libertad.

Con una escenografía minimalista, el co-autor y actor Francisco Morán lleva a un gran viaje que resulta tanto una carta de amor a su familia, como al propio teatro; ese lugar que cura, que da refugio y tanta vida.

Finalmente, a las 21:00 horas se representó El Coyul, trabajo proveniente del estado de Oaxaca, en el que la actriz Esmeralda Aragón interpreta a diferentes personajes que habitan en su pueblo: El Coyul, una comunidad rural ubicada entre el Istmo de Tehuantepec y la costa de Oaxaca, cerca de Huatulco.

Ella empezó por describir este lugar donde ‘está buena la calor’ y que es testigo de las historias de diferentes hombres y mujeres que atizan el comal, cuidan a sus hijos o trabajan la tierra.

La actriz cautivó al público gracias a su ritmo y carisma, transitando de una divertida y ágil comedia a un montaje que protesta por la vida y por mujeres desaparecidas, como Lorenza Iribarren Aragón. “No hay que dejar de hacer ruido para que nos escuchen”, remarcó la protagonista.

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