Así como la diversidad sexual humana incluye a heterosexuales, lesbianas, gays, bisexuales, pansexuales o asexuales, también hay distintos géneros, no sólo masculino y femenino. También, por ejemplo, hay personas no binarias.

En la calle, la pasarela, la oficina o a la universidad se visten y se arreglan indistintamente con prendas, maquillajes y objetos considerados socialmente femeninos o masculinos, como aretes, rímel y faldas mezclados fluidamente con sacos largos y botines.

Son personas no binarias. Visten así para ser reconocidas y para denunciar al régimen heteronormativo que los margina y excluye. Alzan la voz a través del atavío y del lenguaje de la denuncia y del reclamo de sus derechos humanos.

Discriminados ahora, la diversidad corporal y de géneros ha estado presente desde que el ser humano ha producido cultura. Para el doctor César Torres Cruz, del Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la UNAM, la mezcla de prendas femeninas y masculinas en su atavío es un acto político que les da identidad a las personas no binarias.

Son personas no binarias -dice- porque aunque biológicamente son hombres y mujeres (según la medicina), no se piensan ni se sienten identificados con ningún género de manera binaria. Son personas en las que fluye a la vez lo femenino y lo masculino.

Su postura va más allá de la vestimenta, de mezclar prendas femeninas con masculinas. También refrendan su identidad de género en el lenguaje, sustituyendo en algunos pronombres las vocales por la ‘e’. Así, no son ellos o ellas, sino elles; no son todas ni todos, sino todes, tampoco nosotras ni nosotros, sino nosotres.

En todes hay una fluidez continua y mezclada de lo femenino y lo masculino, “un reconocimiento a todas las identidades y a todos los géneros”.

Reclaman también ante el régimen heteronormativo, que sólo reconoce dos formas de ser (hombre y mujer), su derecho a ser reconocidos jurídicamente como personas no binarias. Demandan que en documentos oficiales, como acta de nacimiento, pasaporte y credencial de elector, donde aparece ‘sexo’ figure también ‘persona no binaria’.

En una universidad, oficialmente, en su registro de ingresos, no tiene cabida la persona no binaria. O se es hombre o se es mujer, solamente.

A diferencia de los bisexuales, que cuando se enamoran se asumen como hombre o mujer, una persona no binaria, no. “No está pensando como hombre ni como mujer”.

La orientación sexual es la dirección que le dan al deseo. En cambio, la identidad de género tiene que ver “con la certidumbre interna que tenemos sobre ser mujer u hombre o ser no binaria”.

Una persona no binaria se puede enamorar de un heterosexual, de otra persona no binaria o de otra persona del amplio abanico LGBTIQ+ (lesbiana, gay, bisexual, transgénero, transexual, travesti, intersexualidades y queer).

Como todo género que se sale del régimen patriarcal de la heteronorma, las personas no binarias y los queer, por ejemplo, han sido estigmatizados. Aunque son sancionadas socialmente, “es un derecho humano asumir la identidad de género que queramos” y no la binaria que impone el régimen heterosexual. Masculino o femenino, hombre o mujer.

La mayoría de personas no binarias son activistas jóvenes, con amplio conocimiento de los estudios de género y de la equidad. Por eso reclaman su derecho humano a ser reconocidos como otro género, en quienes lo femenino y lo masculino fluye y se manifiesta en una complejidad de formas y maneras.

El reconocimiento a la mujer (su derecho a votar y ser votada, su ascenso imparable en lo laboral, aunque aún inequitativo) y a la lucha feminista por los derechos de la mujer, ha sido un proceso histórico largo. El movimiento de personas no binarias, su reconocimiento como una identidad de género distinta, también llevará tiempo, pero “está ganando mucha visibilidad”.

Si bien es necesario su reconocimiento legal, también exigen que toda la sociedad los reconozca, que “volteemos a verlos” y dejemos de pensar en términos binarios, porque la diversidad humana es mucho más amplia.

Gaceta UNAM/Fernando Guzmán

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