Redacción MX Político.- Como parte del ciclo Hablemos de muralismos, realizado en el marco del centenario del movimiento muralista mexicano, en el Museo Mural Diego Rivera se ofreció la tarde del miércoles 21 de septiembre la conferencia Diego Rivera… Sueño de una tarde dominical a 75 años de su creación a cargo de la investigadora Nadia Ugalde Gómez.

“Llegamos a la conclusión de que no solo se está hablando de un solo movimiento mural, sino de varios muralismos, porque fueron diversas las narrativas, diferentes las vertientes y muchos los protagonistas”, comentó en entrevista la especialista.

Organizado por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal), a través del Centro Nacional de Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap) y los museos Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, así como Mural Diego Rivera, estas charlas se presentaron como parte de la estrategia #VolverAVerte de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y del Inbal para celebrar y analizar el movimiento muralístico mexicano a 100 años de su inicio, en 1922.

La investigadora comentó que este movimiento continúa en nuestro país y las nuevas generaciones han encontrado otros temas, así como diferentes medios y soportes para expresarlo.

“Para mí es significativo que se cierre este ciclo de conferencias en el Museo Mural Diego Rivera, porque la obra de este recinto es muy icónica: este es un mural muy festivo, es muy colorido y tiene una amplia gama cromática, cosa que en otros murales no sucede, tanto de Rivera como de otros artistas.

“Es un mural que nos presenta la visión muy particular de Diego Rivera sobre la historia de nuestro país, con más de 140 figuras, por ello es muy didáctico, lo cual representa uno de los ideales estéticos del primer muralismo. Es una obra que ha tenido una vida fabulosa: sobrevivió la censura, ha sobrevivido los sismos y dos reubicaciones.

“Es el único en el mundo del que primero se hizo el mural y después el edificio que lo resguardaría, pasó poco más de un año a la intemperie, mientras se terminaba la construcción. Es, además, uno de los murales más reproducidos, tanto en el país como en el extranjero.

“En esta obra Diego Rivera le da cuerpo a la Catrina y la viste como un personaje de la alta sociedad decimonónica. Aunque su creador fue José Guadalupe Posada, él sólo hace su busto y la presenta como una calavera garbancera. Diego Rivera, en homenaje a Posada, la pinta y la coloca junto a él”.

La especialista explicó que, desde su creación, este mural ha dialogado no solo con otros artistas, sino con la sociedad mexicana “y han sido diálogos negativos y positivos: desde la polémica que se origina por la frase que incluye de Ignacio Ramírez El Nigromante en su entrada a la Academia de Letrán (Dios no existe)”.

Durante su conferencia, recordó los periplos que la obra ha vivido desde su inauguración en 1947, para el comedor del Hotel del Prado, y compartió: “Sabemos por Rina Lazo y Sánchez Flores, quienes fueron su asistente y quien le preparaba los pigmentos, respectivamente, que Rivera lo traza directamente al muro, no hubo grandes bocetos, ni anteproyectos, lo que demuestra la gran capacidad compositiva de Rivera, que le permitió trazarlo y organizarlo directamente y hacer un fresco riguroso que ha resistido dos traslados, y los grandes sismos que ha sufrido nuestra capital.

“Es un mural que sigue y seguirá para el deleite de muchas generaciones”, dijo, tras indicar que “hay que celebrar este movimiento, principalmente conservándolo y no permitiendo que este patrimonio se pierda, pues es patrimonio de nuestra nación”.

Por su parte, la coordinadora nacional de Artes Visuales, Mariana Munguía Matute, dijo que la realización del ciclo en los espacios museísticos ha permitido su reactivación.

“Tenemos el mandato, como Instituto, de no solo de resguardar y conservar el legado del patrimonio, sino también continuar su investigación, la divulgación y el acercamiento de los diferentes públicos a este patrimonio. Solo así podemos valorarlo y seguir aprendiendo de él.

“Cerrar este ciclo frente a una de las obras más icónicas del muralismo mexicano, y que fue rescatado del sismo de 1985, nos recuerda la importancia de la conservación del patrimonio y éste debe estar presente en los programas públicos para que contribuyan a formar ciudadanos más conscientes del valor patrimonial que todos custodiamos”., agregó.

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