Redacción Mx político.- A una década de la partida del escritor y ensayista Carlos Fuentes se rindió un homenaje a su memoria, con la participación de autores e historiadores que han estudiado su obra y dieron cuenta de su amplia trayectoria plasmada en más de 50 libros que abarcan cuento, novela, ensayo, dramaturgia y crítica literaria.

La Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes recibió a un nutrido público que por generaciones ha admirado la vasta obra literaria del autor de libros fundamentales como La región más transparente (1958) y La muerte de Artemio Cruz (1962).

En el marco de la estrategia #VolverAVerte de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal), hicieron uso de la palabra los escritores Hernán Lara Zavala y Alberto Vital; la académica Florence Olivier y el historiador Javier Garciadiego, quienes fueron presentados por la directora general del Inbal, Lucina Jiménez, luego de pronunciar una semblanza sobre el escritor homenajeado, ceremonia a la cual asistió la periodista Silvia Lemus.

Al presidir el homenaje a Carlos Fuentes, la directora general Lucina Jiménez afirmó que este 15 de mayo se cumplen 10 años de ausencia de uno de los escritores, intelectuales y diplomáticos más prolíficos y más cosmopolitas que ha dado México: Carlos Fuentes.

Asimismo, puntualizó que la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Inbal se suman al conjunto de voces que han hecho presente la obra del Carlos Fuentes en este tiempo. “Nos sumamos a las voces polifónicas de la UNAM, de El Colegio Nacional, de la Academia Mexicana de la Lengua y otras instituciones que a lo largo del mundo están recordando a Carlos Fuentes, porque al mundo pertenece él y su obra, aunque nosotros lo subrayamos profundamente mexicano.

En el homenaje Carlos Fuentes. A 10 años de su partida 2012-2022, la titular del Inbal refirió que es una figura crucial del siglo XX, “su pensamiento intelectual es más que vigente a través de una pluma fecunda y audaz,  a través de la cual envolvió novela, relato, cuento, todos aquellos dilemas asombrosos que construyeron el México del siglo 20. Todos los dilemas que acompañaron la modernidad, pero también los claroscuros de una sociedad compleja, rica en experiencias”.

Comentó  que el escritor y diplomático fue fiel observador, cuya sensibilidad le permitió adentrarse en las grietas del alma popular y conectar mundo sin dejar nunca de ejercer una mirada crítica a la sociedad que le rodeaba.

En la ceremonia, realizada en la Sala Manuel M. Ponce y transmitida por redes sociales del Inbal y de la Coordinación Nacional de Literatura, destacó que el prolífico escritor estuvo activo siempre en el mundo de las letras, de la academia y de la política. Incluso “no dudó en abrir espacios para la escritura de los jóvenes y cultivó el teatro y el guion cinematográfico”.

Al hablar de su elocuencia, dijo: Lo recuerdo en un discurso en Nueva York, donde a través de un brillante y un emotivo discurso, basado en la importancia de las artes escénicas de México, logró poner de pie a productores de teatro, de música, de cine, de danza, de todo el mundo, porque subrayaba lo absurdo de las fronteras en las artes, campo que en realidad se caracteriza por su libertad. Eso abrió las puertas para un diálogo muy enriquecedor entre los artistas mexicanos y los artistas del mundo.

Por último, agradeció el impulso y  la imprescindible ayuda, orientación y el compromiso de la maestra Silvia Lemus, quien es hoy en día una de las principales promotoras de la memoria de Carlos Fuentes, su compañero por cuatro décadas. Asimismo, mencionó que tres de las 10  imágenes exhibidas en este homenaje en la Sala Manuel M. Ponce son del fotógrafo Rogelio Cuéllar.

En tanto, la periodista Silvia Lemus agradeció al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, la realización de este homenaje, el cual contó con la participación de reconocidos escritores e historiadores.

Como primer ponente, Hernán Lara Zavala refirió que Carlos Fuentes irrumpe como un fenómeno sin precedente en la literatura mexicana. Logró combinar la voluntad con el talento, para llegar a lo profundo del alma mexicana. “Hace su debut con el libro de cuentos Los días enmascarados, en el cual logra combinar las mitologías y leyendas prehispánicas con los personajes que habitan el centro de la ciudad de México.

El también ensayista y promotor cultural acotó que Fuentes encontró en Octavio Paz  y Alfonso Reyes, Juan Rulfo y Juan José Arreola, figuras formativas que tuvieron gran influencia en su literatura, destacando que su primera obra más relevante fue La región más transparente, que se erigió como la primera novela realmente urbana, aunque existían otros antecedentes, pero que no tenían el afán totalizador de la obra de Fuentes.

Se apropió de las palabras a través de sus fonemas

En tanto, Alberto Vital expresó que “la música de Carlos Fuentes logra un enriquecimiento de las letras a través de los sonidos de las palabras. Con pautas, mitos y cadencias iba a lo esencial.

Para el también narrador, ensayista y poeta, Fuentes se apropió de las palabras a través de sus fonemas. No se puede percibir La región más transparente sin el ritmo de mambo o quizá cha-cha-cha que acompaña los pasos de Gladys García por Bucareli, terminada la fiesta, agotada la noche.

Por eso, hablo del vastísimo “repertorio tonal” del maestro Fuentes e invito a los lectores a que sigan la música del verbo, agregó Alberto Vital.

El escritor de las dos orillas del Atlántico

La catedrática Florence Olivier se refirió a Fuentes como “El escritor de las dos orillas del Atlántico, peregrino por los tiempos de la cultura. Carlos Fuentes tenía mil rostros. Se desplazaba con prodigiosa soltura entre sus diversas figuras: la del novelista y el cuentista, la del ensayista y el polemista, la del dramaturgo y el autor de libretos de ópera, la del guionista de cine, la del cronista político. Una sola, acaso, podría conciliarlas todas: la del artista”.

Consideró que Fuentes fue un paladín de la novela contemporánea, custodiador de la cultura hispanoamericana y lector sagaz siempre al acecho de la evolución del pensamiento.

Entre anécdotas y reflexiones, el historiador Javier Garciadiego habló de la relación del poeta Alfonso Reyes con Carlos Fuentes, así como la influencia que tuvo en el escritor.

En 1947, dijo, Rafael Fuentes -padre de Carlos- llevó a su hijo a la casa-biblioteca de Reyes para informarle que el muchacho de casi 20 años se quería dedicar a las letras. Reyes recomendó que paralelamente el joven estudiara derecho, alegando que México era “un país formal” en el que carecer de un título de abogado sería como ser “una taza sin asa”.

Esto le permitió establecer “redes” con otros jóvenes decididos también a ser escritores, o más bien intelectuales, para dedicarse a la política, como Porfirio Muñoz Ledo, Víctor Flores Olea y Javier Wiemer. Y recordó que en esa época fundó la Revista Mexicana de Literatura con Emmanuel Carballo.

Carlos Fuentes, hijo de padres mexicanos, nació en Panamá el 11 de noviembre de 1928. Realizó estudios de Derecho en la UNAM, y de Economía en el Instituto de Altos Estudios Internacionales de Ginebra, Suiza.

A lo largo de su trayectoria fue distinguido por su labor intelectual y diplomática en México y en el extranjero. Entre sus galardones destacan el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura 1984, Premio Cervantes de Literatura 1987, Premio Príncipe de Asturias 1994, Medalla de Oro 1998 del Círculo de Bellas Artes de Madrid, Medalla de Honor Belisario Domínguez del Senado de la República 1999 y la Gran Cruz de Isabel la Católica 2009, otorgada por el gobierno español, entre otros.

Las novelas Terra nostra (1975), Gringo viejo (1985), La campaña (1990) y La silla del águila (2003); los cuentos Cantar de ciegos (1964), El naranjo (1993); los ensayos La nueva novela hispanoamericana ( 1969), Tiempo mexicano (1971), El espejo enterrado (1992), La gran novela latinoamericana (2011), y las obras de teatro El tuerto es rey (1970), Los reinos originarios ( 1971) y Ceremonias del alba (1991), destacan entre sus publicaciones.

El mundo cinematográfico también se enriqueció con sus colaboraciones como guionista en las películas Las dos Elenas y Las cautivas, dirigida por José Luis Ibáñez; y sus adaptaciones de las obras homónimas de Juan Rulfo: El gallo de oro, en colaboración con Gabriel García Márquez y el cineasta Roberto Gavaldón; Pedro Páramo, realizada junto con Manuel Barbachano Ponce y el director Carlos Velo, y ¿No oyes ladrar los perros?, con el cineasta François Reichenbach.

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