¿El fin del romance entre la CDMX y AMLO? / En opinión de David Marklimo

Redacción MX Político.- Las elecciones celebradas este domingo en México, con una participación histórica, han emitido un doble mensaje: si bien Morena ve mermada su bancada en la Cámara (aún conserva con sus aliados la mitad de ella) también es cierto que territorialmente el partido crece. No es tanto un fracaso, como muchos en la oposición deseaban, como una indicación de que a mitad de mandato López Obrador ha tocado techo y que ha llegado el momento de rebajar la tensión. Algunos primeros debates sobre el resultado electoral, pueden ir en estos puntos:

Con la vista puesta en la elección, el presidente ha abierto un frente tras otro. Jueces, empresarios, periodistas, feministas, organizaciones no gubernamentales y rivales políticos han sido vapuleados e intimidados públicamente por no plegarse a sus designios. Era una estrategia encaminada a situar a López Obrador en centro absoluto del tablero y consolidar su popularidad entre sus bases, pero que ha abierto fracturas profundas y peligrosas, sobre todo en la clase media.

Ahora bien, la jornada electoral estuvo lejos de ser un desastre para Morena y el presidente. Su porcentaje de votos para diputados federales no es tan lejano al 37% del 2018, y es un número contundente al traducirse en legisladores. Si bajara su presencia en San Lázaro es porque no habrá sobrerrepresentación y porque a dos de sus aliados –PT, PES– han demostrado ser unas rémoras. De forma que es predecible que al interior de Morena se desate una reflexión sobre el futuro del Partido, el Movimiento y el 2024. Si esa reflexión fuera genuina, quizá empezaría por preguntarse cómo han perdido a parte de las clases medias que estuvieron con él hace tres años.

La reducción en el número de curules de la Cámara de Diputados muestra que Morena y aliados en San Lázaro, si bien ya no mandan todo, tampoco negociarán desde una debilidad. Las reformas constitucionales costarán un poco más que en los primeros tres años, pero tampoco será novedad, pues basta consultar las hemerotecas de los diarios para darse cuenta que en el primer trienio de López Obrador su Gobierno ha tenido el respaldo de la oposición para sacar múltiples leyes y no pocos nombramientos. Sin embargo, para la legislatura que comenzará en septiembre, el PAN, el PRI y el PRD, que han anunciado que se coaligarán para enfrentar a Morena y constituirse en contrapeso al Ejecutivo.

Las elecciones también han sacado a luz la debilidad de la oposición. PRI y PAN siguen pagando la factura de su ominoso pasado y, aunque crecen, son todavía fuerzas marginales frente a las presidenciales de 2024. Este vacío entraña un peligro para la estabilidad mexicana. Una derecha huérfana de liderazgo es un territorio abonado para que germinen los aventurerismos políticos que tantos estragos han causado en América en los últimos años. En todo caso, San Lázaro se ha de convertir en una cancha donde la oposición tendrá la oportunidad de encarecer al Gobierno cualquier intento de avasallaje.

Si hay un lugar donde se puede decir que Morena ha perdido es la Ciudad de México. La capital aparece como principal cambio en el tablero político del país tras las elecciones del domingo. La derrota de Morena en la capital abre una etapa de incertidumbre en la formación; más que nada porque nos referimos a la punta de lanza del proyecto obradorista. ¿Se ha acabado el romance entre la Ciudad y su otrora alcalde? Esa es la gran pregunta. Estrictamente sólo tres años le ha durado a Morena su hegemonía en Ciudad de México. Un trienio complicado, inaugurado al calor del conflicto entre grupos delictivos -el jefe de la policía sobrevivió a un ataque a balazos junto a su casa-, tejido alrededor de la pandemia, anclado al derrumbe de la línea 12 del metro hace ahora un mes. Con más del 98% de los votos contados, Morena pierde cerca de un millón en la capital respecto a los comicios de 2018. A vista de pájaro, la capital aparece ahora partida por la mitad, lo que ha generado una gran cantidad de memes en las redes sociales. La idea del voto de castigo a Morena, producto del manejo de la tragedia del metro; o del desgaste que deja un año de pandemia, con restricciones a sectores económicos vulnerables; o incluso una forma de repudiar el tono combativo de López Obrador. Pero tampoco hay que echar campanas al vuelo desde la oposición: con los números en la mano, lo cierto es que la campaña electoral no ha movilizado en general a los votantes. La coalición PRI-PAN-PRD pierde casi 900,000 votos respecto a los que consiguió en 2018, entonces por separado. La cercanía del derrumbe del metro resulta difícil de ignorar. La caída de la estructura ilustraba -por lo menos- la negligencia de las autoridades. Primero, las encargadas de construir la línea, el Gobierno de Ciudad de México en tiempos de Ebrard. Y luego, las encargadas de mantenerla, las administraciones posteriores, encabezadas por Miguel Ángel Mancera, del PRD, y de la propia Sheinbaum. La capacidad autocrítica de la actual administración podría marcar el futuro del partido en la capital y por ende, en el resto del país: no en vano, Sheinbaum y el propio Ebrard aparecen por delante del resto de aspirantes de cara a las presidenciales del 2024.

Capítulo aparte merece el lado más doloroso de estas elecciones. Con más de 90 asesinatos y cientos de ataques armados, México ha sufrido una terrible escalada de violencia política durante la campaña. Aunque no hay una sola razón que explique la violencia política,difícilmente se la puede desligar de la incapacidad del Gobierno de poner coto a las organizaciones criminales más virulentas. Son lecciones que el presidente debería darse prisa en aprender. Más allá de sus sueños de trascendencia histórica y primacía moral hay hechos sangrantes que requieren de su intervención. Es necesario que el realismo vuelva a ocupar la rectoría del Estado. Ahora que va a iniciar la segunda parte de su mandato y que el perímetro de su poder ha quedado delimitado, López Obrador ha de escuchar el mensaje de la ciudadanía y dedicarse a construir un país donde el diálogo prime sobre la descalificación, el pacto sobre la imposición y la ley sobre el crimen.

David Marklimo es escritor. Su último libro es Treinta canciones de rocanrol y la melodía desencadenada.

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