Contexto Político. Escenario adverso para Toño Gaspar

Por Efraín Flores Iglesias

Conquistar el poder es difícil, pero lo es aún más mantenerlo. Muy pocos logran reelegirse para un cargo de elección popular, ya que el ejercicio del poder desgasta. Además, lo más importante en la política es que le crean al personaje que pretende reelegirse, porque todo aquel que se dice político y no es creído no es un buen político.

Para algunos expertos en marketing político, la credibilidad tiene que ver, además, con la veracidad, el prestigio, la coherencia y, sobre todo, el cumplimiento de la palabra empeñada.

En su libro “El arte de ganar elecciones: Marketing del nuevo milenio”, Andrés Valdez Zepeda señala que la credibilidad, como la política, “implica un proceso de construcción que debe atenderse y edificarse con base en el esfuerzo, la disciplina y la honestidad”.

Refiere también que la credibilidad es efímera y que, así como se construye se puede destruir.

Hace tres años, la mayoría de los electores de Chilpancingo decidieron en las urnas que su presidente municipal fuera Antonio Gaspar Beltrán, candidato de la coalición “Por Chilpancingo al Frente” (PRD-PAN-MC). Y castigaron al PRI, instituto político que durante 89 años detentó el poder.

Toño Gaspar –así lo conoce desde que inició su carrera política– fue un buen candidato, ya que supo aprovechar muy bien el desgaste del tricolor, su otrora partido, y convenció con su discurso de un cambio para Chilpancingo. De hecho, en 2015 estuvo a punto de ganar la elección, pero perdió ante el priista Marco Antonio Leyva Mena, quien se vio favorecido por la ola astudillista.

En 2018 y apadrinado por Jesús Evodio Velázquez Aguirre, dirigente de la corriente Nueva Mayoría y en ese entonces alcalde de Acapulco, contendió por segunda ocasión para la alcaldía capitalina. Y ganó por 5 mil 314 votos de diferencia sobre su más cercana contrincante, la morenista Silvia Alemán Mundo.

A Toño Gaspar le favoreció la coalición que el PRD concretó con el PAN y Movimiento Ciudadano, ya que si la pelea fuera solamente entre el Sol Azteca y Morena la ganadora sería Silvia Alemán y no el protegido de Evodio Velázquez.

Morena y su candidata lograron 37 mil 227 sufragios frente a los 35 mil 707 del PRD y su abanderado. O sea, la diferencia fue de 1,520 votos.

El PAN y MC le aportaron a Toño Gaspar 3 mil 436 y 3 mil 398 votos cada uno. Sin ese apoyo, el perredista no hubiera disfrutado de las mieles del poder.

El gran problema del primer alcalde de la alternancia en Chilpancingo es que pronto enseñó el cobre. Traicionó a la mayoría de sus aliados e incrustó en las principales áreas de la administración municipal a gente cercana de Evodio Velázquez. Y lo más cuestionable de todo es que se la pasó lloriqueando que el presupuesto no le alcanzaba para resolver varios problemas.

La confianza que le depositaron los electores en 2018 la echó por la borda.

El poder lo mareó inmediatamente.

A los trabajadores del Ayuntamiento y de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado de Chilpancingo (Capach) les retuvo por varias quincenas sus salarios y otras prestaciones de ley. Y a miles de chilpancinguenses los ha dejado por varios meses sin agua entubada.

Otro de los graves errores de Toño Gaspar es que se convirtió en un soberano mitómano, por lo que varios integrantes del Cabildo capitalino se le fueron encima y lo exhibieron como un ambicioso vulgar.

Al igual que Marco Antonio Leyva (MAL), su predecesor, los sindicatos del Ayuntamiento y de la Capach, así como ciudadanos inconformes por los pésimos servicios públicos y por incumplimiento de acuerdos, le tomaron varias veces el Palacio Municipal.

El 2 de septiembre del año pasado, durante su segundo informe (virtual) de labores, aseguró que no buscaría la reelección como alcalde de Chilpancingo. Y mintió.

A mediados de diciembre y de manera secreta se registró como precandidato del PRD a la Alcaldía, a pesar de que a varios de sus compañeros de partido les juró que no lo haría y que no se preocuparan por él. Días después intensificó sus actividades en los barrios y colonias para inaugurar obras y promocionar la entrega de pipas gratis de agua con el slogan “Continuemos el Cambio”.

El pasado 13 de marzo y rodeado de su equipo de colaboradores y/o aduladores informó a través de las redes sociales que se retiraba del proceso interno de su partido, al asegurar que los resultados de las encuestas no le favorecían. Y no sólo eso: agradeció al PRD por considerarlo como precandidato y prometió que “terminaría” su periodo como alcalde para irse “con dignidad”. Y mintió de nuevo.

Alejandro Arcos Catalán y Servando de Jesús Salgado Guzmán, los “finalistas” de la contienda interna, cayeron en la trampa.

El 9 de abril y luego de una intensa operación política que realizó Jesús Evodio Velázquez con el otro “Chucho” (Jesús Zambrano) en la Ciudad de México, se dio a conocer que ni Arcos Catalán ni Salgado Guzmán serían los candidatos a la Alcaldía capitalina, sino Toño Gaspar. Y no solamente como abanderado del Sol Azteca. También por el PRI. ¡Zas!

El gran problema de esa perversa decisión es que sacrificaron al diputado Jorge Salgado Parra, el candidato natural de la coalición PRI-PRD y el más competitivo para enfrentar a Morena.

Toño Gaspar, además de mitómano, inestable e inepto, no garantiza el triunfo de la coalición en Chilpancingo y se quedará con las ganas de reelegirse.

Es entendible que sus funcionarios lo defiendan a capa y espada. La chamba es la chamba.

El megalómano alcalde vive en su mundo color de rosa. Para él “todo está bien” en Chilpancingo y cree que los capitalinos volverán a votar por él.

Lo que no entiende es que varios dirigentes del PRD le darán sopa de su propio chocolate. Sin contar, claro, el repudio que le tienen los priistas de base.

Así las cosas, con el más grande farsante de Chilpancingo.

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