Lo que nos toca decidir / En opinión de  Luis Miguel Cano López

Redacción MXPolítico.- De tiempo en tiempo leo la noticia de que un Congreso en tal Estado aprobó una reforma que permite casarse con la persona que se elige, sin importar si su sexo es el mismo. Luego leo otra nota que informa que en el Congreso de tal otro lado se rehusó despenalizar el aborto, que la mayoría no pasó la reforma en tal sentido.
Imagino que hay personas que aplauden una cosa y se lamentan por la otra. Pero lo que me niego a aceptar es que se haya normalizado que ese tipo de decisiones le corresponde adoptarlas a la clase política. Rechazo que se acepte sin más que la alternativa que tenemos para cambiar las cosas pasa por las urnas y ayudar con nuestro voto al partido con el que coincidimos, a fin de que tenga mayoría en tal o cual Congreso y así tener chance de que avalen casarnos o a las mujeres abortar.

Se trata de nuestros derechos, no es algo sobre lo que pueda decidir tal o cual gobierno. Ni siquiera tengo que apelar a razones externas al Derecho. A la clase política no le corresponde decidir porque esos derechos se nos reconocen desde la Constitución General de la República. Obviamente se podrá replicarme que hasta nuestra Constitución está sujeta a reformas según mude la voluntad política.

Cada sexenio la realidad les da la razón con toda claridad a las personas que sostienen que nuestra Constitución no asegura mucho. No importa quien gobierne, asume que nuestra Constitución es suya nada más y que las urnas le dieron el poder para decidir sobre temas trascendentales para nuestras propias vidas. A eso todavía podría responderse que nuestros derechos tienen reconocimiento y garantía internacional y que eso no lo puede evadir con tanta sencillez el gobierno.

Pero mi opinión no apunta a eso. Apunta a algo más cercano. Tenemos ya nueva y reluciente reforma judicial en nuestra Constitución. Todo lo que el Poder Judicial federal, desde la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, quiso cambiar para mejorar su funcionamiento interno, es ya pauta de máxima jerarquía.
Puede pasar cierto tiempo más para empezar a ver los resultados, porque se necesitan otros cambios en la normatividad secundaria. Puede transcurrir un poco más de tiempo para atestiguar los cambios en la mentalidad judicial, pues la formación con ese nuevo enfoque constitucional no da resultados de un día a otro.
En cualquier caso, hay temas que no tendrían que esperar tanto. En mi opinión, el cambio más importante que la reforma judicial ofrece para las personas de a pie es el relativo al sistema de creación de jurisprudencia por precedentes. Solo hace falta un acuerdo general de la Suprema Corte y empezaremos a ver sus ventajas.
“Las razones que justifiquen las decisiones contenidas en las sentencias dictadas por el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación por mayoría de ocho votos, y por las Salas, por mayoría de cuatro votos, serán obligatorias para todas las autoridades jurisdiccionales de la Federación y de las entidades federativas”.
Con este cambio debe consolidarse una mejor época para los derechos humanos, justo a una década de la reforma más importante en la materia. Haría falta una reforma más a nuestra Constitución para agilizar, facilitar y hacer más efectivo al juicio de amparo que garantiza nuestros derechos. Pero no es indispensable si a partir de ya mejora todavía más la impartición de justicia desde la Suprema Corte.
Una excelente manera de llenarnos de esperanza es decidir que los Congresos de los Estados violan nuestra Constitución General cada vez que omiten modificar sus leyes locales para reconocer nuestros derechos. No es decisión local con quien podemos casarnos, como tampoco lo es que a las mujeres se les criminalice por decidir interrumpir su embarazo. La Primera Sala de la Corte tiene la solución.
La próxima semana puede empezar si decide que el Congreso de Yucatán viola la Constitución de la República por mantener en su ley una idea discriminatoria sobre el matrimonio. Y cuando quiera, puede decidir que el Congreso de Veracruz falla también al haberse negado a despenalizar la interrupción del embarazo. Veremos.

Autor:  Luis Miguel Cano López


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