El muro de ¡pas!

Pareciera simbólico, pero no lo es. El muro que rodea Palacio Nacional, y que lo convierte en un “búnker” transitorio, -en espera de una gran manifestación feminista con motivo del Día Internacional de la Mujer-, representa ni más ni menos el reconocimiento de que las deudas en cuestión de género amenazan por desbordar -una vez más-, la tremenda, desesperada ya inconformidad ante la violencia padecida. Y es que el recuento de hechos en el que se ha victimado a las mujeres de nuestro país no solamente no ha mejorado, sino que las cosas están peor que nunca. Las autoridades todavía no se ponen de acuerdo para calificar, por ejemplo, el feminicidio según características especiales, pero la verdad es que la cifra ha ido en aumento y en los dos últimos años crecido a un promedio del diez por ciento anual. Como pasa en todos los delitos de género, manejar cifras sobre violencia contra la mujer es difícil ya que es alto el porcentaje de subregistro por falta de denuncias. Aun así, lo más conservador es pensar que una de cada tres mujeres sufre en distintos grados las agresiones. Y hay quienes afirman que puede ser hasta el doble.

 Sin embargo, lo que más lastima no es exclusivamente la total falta de protección sino, lo peor, la tremenda impunidad que padecemos. Muchísimas mujeres así se mantienen en silencio pese a la violencia ya que simplemente no confían ya en los organismos responsables de protegerlas. A veces, dicen, hasta les resulta contraproducente. Lo grave es que entonces dichos ataques que van desde el acoso verbal hasta el físico, la violación y las lesiones corporales e incluso la muerte, se mantienen en una relativa invisibilidad. Además, en nuestro medio, plagado todavía del sentido machista y patriarcal, tampoco se ha llegado a superar el concepto de que esto es “normal” dentro de nuestra sociedad. Lo prueban los casos prácticamente generalizados de violencia intrafamiliar y que terminan de manera frecuente en consecuencias muy lamentables.

Para el mundo la conmemoración -que no celebración- del Día Internacional de la Mujer, tiene muchos significados, habida cuenta de que históricamente representó la lucha de las obreras textiles de Nueva York en 1909, que se continuó con la larga batalla por ejercer el voto, en Estados Unidos, México y casi todo el mundo, y un movimiento a nivel de México que se suscitó con vigor hasta la tremenda etapa de las “muertas de Juárez”. Además de todo, la lucha femenil ha sido objeto de toda clase de desacreditaciones, mofa y hasta denuestos.

 A eso hay que agregarle la desigualdad y discriminación que padecen las mujeres en otros ámbitos, como el profesional, social, económico y de salud. Un ejemplo de ello es el impacto que la pandemia tuvo en la vida de 5 millones de mujeres en el país que perdieron su trabajo. Por donde se le mire, el panorama nacional para las mujeres no es muy alentador; viven en un país en el que su género las condena de por vida. Aquí las grandes interrogantes son, y ¿qué está haciendo el Estado al respecto?, ¿qué estamos haciendo cómo sociedad para revertir este tipo de fenómenos? Tal parece que los gabinetes y congresos paritarios y las cuotas de género en las instituciones públicas y privadas solo hacen de fachada, puesto que la raíz de la problemática que viven las mujeres en el día a día sigue intacta; la violencia y discriminación hacia ellas, persiste. Y aquí es donde creo que los hombres debemos empezar a trabajar al respecto. La violencia, discriminación y rezago que han padecido las mujeres durante siglos se debe a un sistema que casi de manera perpetua se ha resistido a sucumbir, y si bien esa estructura política, económica y social nos ha beneficiado a los hombres, también es cierto que ha sido nociva para nuestra relación con el sexo opuesto y para nosotros mismos. La irrupción acelerada del feminismo en los últimos años da cuenta del hartazgo que viven las mujeres frente a un sistema que las denigra, las mata y las considera ciudadanas de última categoría. Este fenómeno no debería pasar por alto para nosotros los hombres; es nuestro género el que las violenta. Debemos reeducarnos, ellas están en su tarea que consiste en alcanzar derechos que históricamente les han sido negados, nuestra labor es replantearnos nuestra concepción de masculinidad y todo lo que ella implica. La sociedad nos ha exigido durante mucho tiempo la exigencia de roles acorde con nuestro género que nos han constreñido emocional, social y hasta sexualmente, en ese sentido, la labor del feminismo va mucho más allá de la consecución de leyes equitativas, tiene que ver también con la modificación de todo un sistema de valores y creencias del que los hombres formamos parte y tenemos que ayudar a cambiar.

Para colmo, la violencia se hace presente en plena etapa política. Si hoy o mañana el multiacusado Félix Salgado Macedonio renuncia o no a la candidatura es casi irrelevante. El daño está hecho y la defensa a ultranza de tan tristemente célebre personaje, incluso de manera vigorosa desde el máximo púlpito nacional, tendrá su sitio especial en la marcha que ya se convoca para este lunes en la ciudad de México y en casi todo el país.

Hacia el futuro, ni duda cabe de que esta vez las causas femeninas tendrán mucho que ver con los procesos electorales ya que se denuncian o descubren unos cuantos casos, pero al paso del tiempo de seguro podrían ser muchos, muchos más. Con todo, hay que tomar en cuenta que la mujer, sea que marche con su paliacate verde o morado según sus motivaciones, o que sencillamente busque la paridad de género, la equidad social, el combate a la discriminación, el reclamo ante una condición económica que especialmente le ha afectado a lo largo de la pandemia y muchas razones más, está en su pleno derecho de enarbolar banderas y protestar. En realidad, debería esta fecha estar siempre presente, pero, en cambio, en vez de conciencia, de educación, de atención a plena a sus problemas, las mujeres siguen topando contra vallas y muros de todo tipo, como los que se montaron en Palacio Nacional, convertida en el “búnker” para no oír, para no ver, para ignorar o disimular en lo posible el grito de justicia que ya merecen en todos los órdenes las mujeres, y no es muro de paz como el presidente machista lo llamó, sino más bien muro de ¡pas!

Jugadas de la Vida.

Las cifras relativas a violencia de género en nuestro país son espeluznantes. Según datos del INEGI, en México son asesinadas 10 mujeres al día. En el primer semestre del año pasado, de acuerdo a los datos proporcionado por la misma institución, se registraron 1,844 feminicidios, el número más alto desde que se comenzaron a registrar los asesinatos de mujeres en nuestro país.

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