06/03/2020 - 19:33

Redacción MX Político

A casi 310 kilómetros de la capital del estado, unas 9 horas en automóvil, se encuentra Coicoyán de las Flores, en la región Mixteca, colindando con el estado Guerrero, lo que, de acuerdo con las autoridades, dificulta la llegada de apoyos y la implementación de programas.

“Como administración no tenemos suficientes recursos para apoyar a la gente”, aseguró el presidente municipal de Coicoyán de las Flores, Modesto Nájera Sánchez.

Por ello, dijo: “todavía no puedo prometer cosas porque todavía no sé qué vamos a hacer; llevo apenas 2 meses en el cargo, entré en enero”.

Y es que la situación, tanto en la cabecera municipal como en las agencias, es difícil, pues desde hace 15 años, las administraciones estatales y federales se han olvidado prácticamente de su existencia.

“Quizá estar tan lejos la ciudad podría ser una razón; otra sería el no dominar bien el castellano, lo que complica el entrar en una ciudad, trabajar en un restaurante o hacer limpieza en un banco”, comentó Mario Sánchez, suplente del agente municipal de El Jicaral.

Alejada de la ciudad

310 kilómetros lejos de la capital

9 horas en automóvil

4 agencias municipales conforman Coicoyán de las Flores

20 mil habitantes, población aproximada del municipio

15 años de olvido por parte de las autoridades

Esta percepción de olvido y abandono es generalizada y ha causado cierta decepción entre los habitantes de este municipio mixteco, regido por el sistema de usos y costumbres.

“El gobierno dice que primero verá por el pueblo indígena y hasta ahora yo no veo nada. Desde hace años está muy fuerte la tristeza aquí en el pueblo”, opinó Pascual Ortiz López, síndico municipal.

Ni trabajo, ni dinero

Respecto a la situación que históricamente más ha afectado a Coicoyán, las autoridades, que calculan alrededor de 20 mil habitantes en el municipio, lo tienen muy claro: no hay fuentes de empleo.

“Aquí no hay trabajo. Solamente hay para sembrar milpa y nada más. Eso es lo único que hay aquí”, afirmó el edil que, como la mayoría de personas de este lugar, también tiene dificultades para hablar en español.

“Casi aquí no se paga la siembra, eso se se hace para que se alimente la familia, es para consumo propio, no es para venderlo”, señaló respecto a la principal actividad de la región.

Por su parte, Mario Sánchez, un hombre un tanto más osado, fue tajante respecto a lo que se vive en Coicoyán: “Yo en lo personal no culpo a nadie por mi situación, tal vez soy pobre, no tengo dinero, pero nadie es culpable de eso”, indicó.

Además, reflexionó sobre las opciones que tienen los habitantes mixtecos de esta zona para mejorar sus condiciones de vida.

“Creo que lo que cambia es la persona, si yo decido irme de acá y buscar una oportunidad en otro lugar, por ejemplo que no sea Estados Unidos, que sea aquí en México, yo puedo ir, pero si yo me quedo aquí, es mi responsabilidad, mi decisión”, dice.

Disputa limítrofe

A pocos kilómetros de la cabecera municipal, se encuentra la línea que divide a Oaxaca de Guerrero; una frontera ‘caliente’, dicen las autoridades que han visto cómo las fértiles tierras que les pertenecieron a sus antepasados les han sido arrebatadas.

“Seguramente si mi abuelo viviera, platicaría de su abuelo, que sembraba en esas tierras; según que la frontera natural es el río, no podemos pasar de ahí ni ir más allá porque nos tiran balazos los wachos”, señaló Sergio Pineda, presidente del comisariado de Bienes Comunales de Santiago Tilapa.

Incluso, afirmó: “aquí la ley es morir matando y si me disparan, disparo; si me tiran, les tiro, y si morimos por la tierra es mejor, porque la tierra no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la tierra”.

El funcionario de la región asegura que la tierra, presuntamente del lado de Guerrero, es fértil para cualquier cosa que se siembre, razón por la cual los militares instalaron una base en lo alto de un cerro y prohibieron el paso a ‘invasores’ oaxaqueños.

Tienen esperanza

A pesar de la situación que se vive en Coicoyán de las Flores y sus cuatro agencias, existe un atisbo de ánimo y optimismo por revertirla y mejorar las condiciones de vida. O, al menos, eso piensa el suplente del agente de El Jicaral, Mario Sánchez.

“Yo siempre he dicho que para que la gente tenga trabajo pues la educación es lo más importante; necesitamos a una persona que capacite a la gente para que empiecen a trabajar, a producir y que se abra un mercado en donde puedan vender lo que producen. Eso sería para poder generar dinero, porque no tiene chiste puro trabajar y trabajar, producir y producir y no vender o dejar que se eche a perder”, concluyó.