Memoria Pública: Terminó la precampaña, vienen los ajustes / En la opinión de José Gil Olmos

Por José Gil Olmos / Apro

El próximo 11 de febrero termina la precampaña de los aspirantes a la Presidencia de la República luego de que durante mes y medio probaron sus estrategias de posicionamiento de las cuales no tuvieron buenos resultados pues se reafirmaron las flaquezas de cada uno de los tres principales precandidatos: la ausencia de identidad política de José Antonio Meade, la falta de transparencia de Ricardo Anaya y la intolerancia de Andrés Manuel López Obrador.

Las precampañas que duraron 60 días y el periodo de intercampañas cuya duración será de 40 días, son en los hechos tiempos de campaña disfrazados, de ahí que lo ocurrido en estos 100 días --desde el 14 de diciembre que empezó la precampaña al 30 de marzo en el que arrancará oficialmente la campaña presidencial-- es un tiempo suficiente para que los tres aspirantes a la presidencia pudieran ver sus propias debilidades y fortalezas, y las de sus adversarios. 

En esta primera fase de precampaña se hizo evidente que en el caso de José Antonio Meade la estrategia de posicionamiento dentro y fuera del PRI no ha funcionado del todo porque no se ha podido superar el reto de darle una identidad partidista, tampoco darle un carácter ciudadano y menos aún aislarlo del problema de la corrupción con el que se identifica al PRI.

Es decir, sigue en la ambigüedad de ser priista sin pertenecer al partido y participar como ciudadano cuando es parte de una estructura partidista y de gobierno. Estas complicaciones lo siguen anclando en el tercer lugar.

En el caso de Ricardo Anaya, su protagonismo, las diferencias con sus compañeros de partido y la opacidad en su patrimonio, siguen siendo un pendiente que le ha creado conflictos en el manejo de su imagen. Su alianza con el PRD y Movimiento Ciudadano tampoco logra convencer a ninguno de los militantes de los dos partidos ni a los propios panistas.

El problema de la identificación partidista es evidente en Meade y en Anaya. Según la encuesta de Buendía & Laredo, solo un 56% del electorado reconoce al panista y un 41% a Meade. Es evidente que los simpatizantes del PAN y del PRI, no identifican el nombre de sus candidatos y este era uno de los principales objetivos de la precampaña. Este punto es grave pues para los partidos es muy importante que la gente sepa por quien van a votar.

El problema de la identificación no existe para Andrés Manuel López Obrador quien después de dos campañas y de recorrer el país varias veces tiene un porcentaje de 84% de reconocimiento popular. Esto lo mantiene en el primer lugar de las encuestas, lo mismo que la actitud despreocupada y divertida con la que venía tomando la campaña negra del PRI de un supuesto apoyo de Rusia y Venezuela.

Sin embargo, continúa sin poder controlar su carácter que explota cuando todo parece favorecerle. Las recientes críticas a su estrategia de sumar personajes de todo tipo y muchos con un pasado cuestionable, y sus declaraciones de perdonar a todos -incluyendo a su principal adversario Carlos Salinas de Gortari--, provocaron que resurgiera esa manera muy particular de descalificar a sus críticos.

Con esa sola acción López Obrador dio pie a pensar que sigue siendo el mismo, que no permite la crítica ni las opiniones diferentes a la suya, algo que se pensaba ya había cambiado.

Por cierto... En este periodo de 40 días de precampaña las redes sociales fueron el lugar donde los precandidatos tuvieron mayor presencia y resonancia porque registraron de inmediato sus mensajes, lo que no se puede tener en radio y televisión. Tan solo del 28 de enero al 4 de febrero la empresa de marketing digital PrixAd, contabilizó que los tres precandidatos presidenciales acumularon dos millones 743 mil 676 menciones en Twitter, siendo Meade el primero, seguido por López Obrador y Anaya. Pero el que tuvo más positivos fue el tabasqueño, seguido por el priista ciudadano Meade y al final el panista perredista Anaya. El sentimiento que crean las publicaciones en redes sociales es caprichoso y mucho tiene que ver el ingenio, el tono y la calidad de la respuesta en 280 caracteres.  

Las opiniones emitidas en esta columna son responsabilidad de quien la escribe y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

zam
 

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