Julián LeBarón: ante la apatía de la sociedad, estamos tocando fondo

Redacción MX Político.- A casi un siglo de su fundación, la comunidad mormona mexicana-estadunidense LeBarón no había vivido un hecho tan sangriento como el del pasado lunes 4, cuando en el camino serrano que comunica Chihuahua con Sonora fueron acribilladas tres camionetas donde viajaban familias del clan, con un saldo de nueve muertos, seis de ellos niños.

La masacre volvió a cimbrar al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que de inmediato envió a los secretarios de Relaciones Exteriores, Seguridad y Protección Ciudadana, Marina y Defensa Nacional a indagar quiénes fueron los responsables.

“Reaccionan tarde y vienen a tapar el pozo cuando ya mataron a toda la familia”, dice Julián LeBarón, quien en 2011 participó en las caravanas que realizó el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, recorriendo todo el país y una parte de Estados Unidos a fin de hacer visibles a miles de muertos y desaparecidos, víctimas de la guerra contra el narcotráfico declarada por Felipe Calderón.

Entrevistado por apro mientras se realizan las exequias de las mujeres y los niños asesinados presuntamente por el grupo La Línea –según las primeras indagaciones del gobierno federal–, manifiesta desconfianza hacia la investigación que realizan las autoridades y toma con recelo el compromiso del secretario de Seguridad, Alfonso Durazo.

“Ofreció todo lo que está en su poder para encontrar a los responsables y traerlos ante la justicia”, dice que prometió Durazo en la visita que hizo un día después de la matanza.

No hicieron caso

Desde que su formó en 1924, la colonia mormona con nacionalidad mexicana y estadunidense ha padecido violencia por cuestiones agrarias y religiosas. Pero estos problemas no habían segado vidas hasta que llegó el crimen organizado al pueblo de Galeana, Chihuahua, donde tienen sus tierras.

“Ya tocamos fondo”, sostiene en entrevista Julián LeBarón, y advierte que el gobierno federal poco puede hacer, porque las instituciones con las que cuenta para detener la violencia del crimen organizado están desgastadas.

Sin embargo, manifiesta que tiene esperanza de que esta tragedia sirva para que la ciudadanía reaccione y ponga un fin a la violencia que sigue creciendo desde la administración de Felipe Calderón: “Espero que estemos tocando fondo, porque en algún momento necesitamos unir a la sociedad civil para enfrentar la violencia desde ahí. Yo no creo que las instituciones lo pueden hacer”.

–¿Por qué no lo pueden hacer?

–Porque es una estructura corroída completamente a través del sistema electoral, en la que sólo funcionan sus propios intereses. Yo siento que la política nos divide al punto de que no podemos estar unidos ni siquiera cuando se trata del asesinato de mujeres y niños.

Desde que ocurrió la masacre en el municipio de Bavispe, Sonora, en los límites con Chihuahua, Julián se desplazó hasta donde estaban los restos calcinados de Rhonita Miller LeBarón y sus cuatro hijos: Howard Jr., de 12 años, Krystal, de siete, y los gemelos Titus y Tiana, de ocho meses.

Rescató a Faith, de siete meses, quien fue escondida bajo el asiento de la otra camioneta, que conducía su madre, Christina Marie Langford Johnson, que fue acribillada, y también constató la muerte de Dawana Ray Langford, de 43 años, junto con sus dos hijos, Trevor y Rogan, de 11 y tres años, que viajaban en la tercera camioneta. Sobrevivieron ocho niños, cinco de los cuales resultaron heridos.

Las tres mujeres y los 14 niños habían salido del poblado de La Mora, en Bavispe, con rumbo a la comunidad LeBarón, en el municipio chihuahuense de Galeana, por el camino de 150 kilómetros que utilizan frecuentemente.

El entrevistado afirma que hace tres meses denunciaron en medios de comunicación y ante la Policía Federal que ese camino se había tornado más peligroso:

–Les dijimos que ese camino estaba muy inseguro, que ha habido desaparecidos y amenazas.

–¿Qué respuesta les dieron?

–Ninguna, no capturaron a nadie.

A pesar de la inseguridad, la comunidad mormona siguió utilizando ese camino. Las tres familias atacadas se dirigían de Sonora a Chihuahua para después viajar a Phoenix, Arizona, en donde vive otra parte de esta próspera familia que cuenta con 5 mil miembros dedicados a la producción agrícola.

 

jvg

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