17/02/2020 - 11:00

Redacción MX Político.- Nadie sabe nada del activista Daniel Rosell. El sábado 8 desapareció del patio frente al Edificio de Humanidades de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán, donde mantenía desde el pasado 27 de enero una huelga de hambre en una casa de campaña, bajo un árbol, sobreviviendo con agua, suero y unas cobijas.

Consultadas por Apro, las autoridades del plantel dicen no tener información del sexagenario, quien vendía dulces en esa escuela y se formó como historiador. No saben si está en un hospital o desaparecido. Sólo dejó algunos murales y la constancia de su activismo plasmado en su Acatlense, un impreso que da cuenta de la vida y los problemas de la FES Acatlán.

“Son demasiadas las denuncias y las propuestas para cubrirlas todas. Por lo que señalaré las más urgentes e inmediatas y va mi salud a cambio y como lo dijo Sor Juana Inés de la Cruz: Que me manden a la hoguera por el derecho a pensar”, señaló Rosell en uno de los últimos números de Acatlense.

Su pliego petitorio era corto: Transporte seguro para los alumnos de la FES Acatlán al metro Cuatro Caminos, un comedor gratuito y saludable, atender las demandas de violencia y detener el hostigamiento hacia los estudiantes así como la reubicación de los vendedores ambulantes en el plantel.

A Rosell le habían quitado su espacio, pero en una charla que tuvo con el alumno Emmanuel Herrera le confesó que “si las causas no van a ser realmente atendidas, ¿de qué sirve que ellos me entreguen el espacio que se me quitó, me adopten de nuevo y se deshagan de lo incómodo de tener un hombre muriéndose de hambre en la explanada?”

El caso de Rosell se suma a una larga lista de miembros de la comunidad universitaria desaparecidos sin que las autoridades se pronuncien al respecto, hasta que se ven obligados por protestas de los alumnos o sus padres.

De acuerdo con una base de datos elaborada por el colectivo NHF (Nos Hacen Falta, integrado por alumnos y académicos de varias facultades en 2014, tras la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa), la comunidad universitaria ha sido víctima de asesinatos, feminicidios y desapariciones, además de acoso sexual y asaltos en el campus.

El primer caso registrado por NHF data de 2002, cuando Juan Ramón de la Fuente era rector. Se trata del feminicidio de Cristel Estibalí Álvarez García, a quien su presunta pareja tiroteó en la Facultad de Ciencias.

En total, en el periodo de De la Fuente se contaron siete casos de violencia, entre ellos dos feminicidios, otro de los cuales fue el de Areli Osorno Martínez, cuyo cuerpo fue encontrado en las inmediaciones del Museo de las Ciencias Universum en 2002, pero se estableció que perdió la vida en un laboratorio de la Facultad de Ingeniería, donde estudiaba.

Los otros casos fueron cuatro asesinatos –como el de Alexis Benhumea– y la desaparición de Mónica Alejandrina Ramírez Alvarado.

En el rectorado de José Narro Robles (2007-2015) los casos de violencia aumentaron a 22 y todos ocurrieron fuera de las instalaciones universitarias. Los feminicidios de universitarias se incrementaron a nueve y los asesinatos a 10, mientras que se registraron tres desapariciones.

Sin embargo, la violencia contra universitarios rompió récord en la administración de Enrique Graue Wiechers, con más de 40 casos: siete feminicidios, 11 desapariciones y el resto, asesinatos.

Muchos de esos crímenes tuvieron alta difusión mediática, como el de Lesvy Berlín Osorio, de 22 años, cuyo cuerpo se encontró atado a una caseta telefónica del Instituto de Ingeniería, con marcas de violencia y ahorcamiento. También destacaron en los medios los casos de Mariela Vanessa Díaz Valverde y el doble feminicidio de Graciela y Sol Cifuentes.

 

jvg