Gerardo Treviño, el empresario mexicano varado en China por el coronavirus

Redacción MX Político.- En viaje de negocios, el ingeniero regiomontano Gerardo Treviño fue a China, sin embargo fue sorprendido por el brote del coronavirus el cual, según describe, ha paralizado a todo el país.

Empresario de 46 años, que se desplaza constantemente por todo el mundo, para vender maquinaria que fabrica en su empresa radicada en Monterrey y en la frontera con Texas, se encontraba al inicio del año en la ciudad de Xiamen, al sur oriente del gigante asiático, cuando fue lanzada la alerta nacional por la enfermedad mortal.

Esta provincia queda a unos mil kilómetros al sur de distancia de Wuhan, donde fue detectado el 7 de enero el padecimiento de origen hasta ahora desconocido.

Por decreto presidencial, señala Treviño en videoconferencia, los espacios públicos cerraron a lo largo de toda esta nación de mil 500 millones de habitantes.

Cuando cundió la alarma y comenzaron a reportarse las muertes por contagio, su socio chino, Guo Chao Sheng, al que llama George, se apresuró a rescatarlo del Hotel Ji, donde se alojaba, y lo trasladó a Fujian, unos 300 kilómetros más al norte, en el campo, donde él reside con su familia, según reportó Apro.

“Mi socio, como que me vio asustado y, por su propia decisión, me sacó del hotel, porque sabe que ahí llega mucha gente y no se sabe de dónde vienen. Podría haber gente procedente de Hubei, donde está la mata del virus, por lo que me aisló y me hospedó en una casa, la suya, de área rural. Me dijo que si yo, como mexicano, me llego a enfermar va a ser muy complicado poder sacarme del país”, dice.

Ni él habla chino, ni George español. Tampoco saben inglés, por lo que se comunican a señas y con dibujos, ríe el mexicano, sorprendido de la propia habilidad que han desarrollado en esa casa para comunicarse.

Gerardo ya había estado en China en muchas ocasiones, trabajando en el área de la elaboración de circuitos de protección. Ha estado ahí más de diez veces en los últimos 20 años. Su anterior travesía fue en diciembre pasado. Entonces regresó a México por navidad para estar con su esposa y dos hijos, y se regresó al inicio del año nuevo de occidente, para continuar con la fabricación de partes electrónicas.

Estaba en Shanghai y de ahí pasó a Xiamen, donde lo sorprendió la alerta, que se transformó en una alarma colectiva que se percibe, dice, con la desolación en las calles.

La casa de George, donde ahora comparten sus días, está en un barrio que parece una colonia mexicana, llena de departamentos, dice el regiomontano.

Este sitio forma parte de una isla que, para ventaja de sus pobladores, sólo se accede por un túnel bajo el mar y un puente. Las dos vías están férreamente vigiladas por las autoridades que monitorean todo el movimiento por ahí.

A él ya le ha correspondido someterse a varias revisiones en la carretera. Médicos le han colocado en el rostro escáneres que miden la temperatura y hasta ahora no ha presentado anomalías.

En la zona conurbada y en la rural, la ciudad parece un pueblo fantasma, dice Treviño, porque las avenidas rápidas que están atestadas por el intenso flujo vehicular, por estos días de recogimiento se encuentran vacías.

“Aquí la gente está entrenada para estas emergencias. Ya tienen experiencia en esto, es una cuestión de cultura. El gobierno dice nada de antros, ni festivales, ni eventos públicos, nada de discos, todo mundo cierra. La ciudad está vacía y no hay nada”, atestigua.

La celebración del Año Nuevo chino, que inició el 25 de enero y termina el 11 de febrero, significa uno de los más grandes movimientos migratorios del planeta por personas que regresan a sus casas y otras que salen, incrementa los riesgos de contagio, considera.

“He seguido todas las indicaciones que el gobierno de aquí me ha pedido. Ando con tapabocas, no estoy con muchas personas, no hablo con extraños, evito taxis y avión. No voy a lugares públicos, ni a malls. George me ha puesto chofer y carro solo para mí. Aquí en su casa la gente cocina su propia comida. No comemos en restaurante y me dan de comer. Me atienden bien y sin ningún costo”, platica.

Ya contactó a la misión consular mexicana en la región para que conozca su paradero. Por ahora, dice Treviño, no desea moverse de la ciudad, pues contagiarse no solamente arriesgará su salud, sino que le puede afectar en sus planes personales y empresariales.

“Yo no me quiero mover en la siguiente semana porque es lo que todo el mundo va a hacer. Me quiero esperar para irme más tranquilo, porque si me topo con alguien de Hubei, que esté contaminado, ya valí madre. De regreso, llegando a Estados Unidos, los gringos me van a retener si caigo enfermo. Imagínate si llego en un avión lleno de chinos y soy extranjero, a todos nos van a fregar”, asegura.

Su vuelo de retorno está programado para el 5 de febrero. Gerardo quiere buscar una ruta que evite Estados Unidos. De la manera ordinaria, viajaría de Xiamen a Shangai y de ahí a Los Ángeles o Dallas, para llegar a San Antonio, Texas, de donde tomaría un coche para llegar a su casa en Monterrey vía terrestre.

Aunque está voluntariamente estacionado en Fujian, se mantiene en contacto en línea con su familia y con sus trabajadores. Hace conferencias diarias para que el negocio siga en funcionamiento.

“Yo estoy tranquilo, no estoy como muchos mexicanos que quieren salir de Wuhan a como dé lugar. Lo que sí te puedo decir es que llegando la fecha de regreso no sé cómo se vaya a poner más fuerte la situación con el virus. No sé si Estados Unidos cierre las fronteras o China cancele vuelos. La moneda está en el aire y así me la voy a aventar”, señala.

El que ha batallado es su socio George, pues dos de sus ingenieros se encuentran varados en Wuhan, la ciudad donde surgió el problema. Les ha ordenado que permanezcan ahí hasta que pase la emergencia, pues no quiere arriesgar ni a su compañía ni a la comunidad.

Por el momento, Gerardo no ha tenido problemas en el funcionamiento de su empresa. La prueba de fuego ocurrirá después del 5 de febrero, cuando deba regresar y algunos ingenieros que están en la ciudad en cuarentena que también trabajan para él, tengan que regresar a sus obligaciones.

jvg

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