Con apertura, PRI coquetea a Margarita Zavala y Moreno Valle: César Augusto Santiago

César Augusto Santiago y Ulises Ruiz sostienen que la decisión fue ejecutada también por un grupo que controla al PRI desde hace años y que manipuló la asamblea al imponer delegados a modo.

José Gil Olmos

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Al cabo de una discusión acalorada en Campeche, el miércoles 9 por la noche los priistas dieron el paso que se fraguó desde Los Pinos: modificaron los estatutos con el fin de allanar el camino para que alguno de los favoritos del presidente Enrique Peña Nieto sea presuntamente ungido candidato presidencial para 2018: José Antonio Meade o Aurelio Nuño.

Los priistas que asistieron a la mesa de debate instalada en Campeche identificaron a Augusto Gómez Villanueva, José Murat y José Ramón Martel como los “mercenarios” de Peña Nieto para abrir paso a un “tecnócrata” simpatizante, al suprimir los candados del artículo 166 de los estatutos, principalmente los 10 años de militancia, cumpliendo así el objetivo principal de la XXII Asamblea Nacional.

Jorge Carlos Ramírez Marín presidió la asamblea, pero fue el exdiputado federal José Ramón Martel –a quien Meade nombró su asesor especial cuando fue secretario de Desarrollo Social– el que propuso quitar de manera definitiva los candados de los estatutos que impedían a simpatizantes externos aspirar a una candidatura, sobre todo la presidencial.

César Augusto Santiago y Ulises Ruiz sostienen que la decisión fue ejecutada también por un grupo que controla al PRI desde hace años y que manipuló la asamblea al imponer delegados a modo. Y señalan que encabezaban ese grupo el senador Emilio Gamboa, el diputado César Camacho y el dirigente del partido, Enrique Ochoa Reza, todos cercanos a Peña Nieto.

“No hay ánimo de ruptura, pero la crisis del partido parece más crítica que en 1988”, sostiene Ulises Ruiz, quien en Campeche, donde se quitaron los candados de los estatutos, espetó: “La militancia está hasta la madre de imposiciones”.

Durante 21 años, desde la Asamblea XVII efectuada en 1996 y que estuvo dirigida por César Augusto Santiago como secretario del Consejo Político Nacional y Santiago Oñate Laborde como presidente del partido, se aprobaron los famosos candados que impedían la llegada de simpatizantes externos. Trataban de ser candidatos presidenciales los secretarios de Hacienda, José Ángel Gurría, y Guillermo Ortiz, considerados los favoritos del entonces presidente Ernesto Zedillo para la candidatura de 2000.

Antes de ser modificado, el artículo 166 señalaba que para ser candidatos a presidente de la República, legislador o presidente municipal, los aspirantes debían tener 10, cinco o tres años de militancia, respectivamente; haber ocupado un cargo de elección popular, estar al corriente del pago de cuotas, tener el apoyo de tres organizaciones y de los sectores del partido, de un porcentaje de miembros del Consejo Político, de los comités municipales y estatales, así como de la militancia.

Estos requisitos no los cumplían Meade ni Nuño. El primero no es militante del PRI ni ha sido legislador o presidente municipal. Su única aparición en un acto del partido fue como “invitado” al Consejo Político Nacional en diciembre de 2016.

En cuanto a Nuño, hasta agosto de 2015, cuando se mencionó como posible aspirante a la dirigencia nacional del PRI, no aparecía en el padrón de militantes ni había ocupado un puesto de elección popular. Posteriormente mostró una credencial firmada por Enrique Jackson cuando fue presidente del partido en la Ciudad de México.

Al suprimir todos los requisitos de militancia y de experiencia en puestos de elección popular, Nuño y Meade pueden entrar en la terna de aspirantes a la candidatura presidencial del PRI. También se menciona la posibilidad de que la integren el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el titular de Salud, José Narro, quienes sí cumplían el requisito de militancia.

La probable escisión

“Hubo absoluta apertura y disposición para escuchar hasta al último de los delegados que quiso participar, para llegar a los consensos y acuerdo. Fue una asamblea histórica, productiva, útil y necesaria, que nos deja sumamente satisfechos. Actualizará al PRI, que es un instituto político que ha tenido la sabiduría de adaptarse y modernizarse. Lo que sigue ahora es llevar ese espíritu de discusión y de apertura a la praxis”, argumentó Ramírez Marín, quien aspira a ser gobernador de Yucatán.

César Augusto Santiago, a quien se le acredita en el PRI la elaboración de los candados en la XVII asamblea, que se realizó en el Auditorio Nacional en 1996, opina lo contrario. Sostiene que con esa decisión el grupo que controla el PRI abandonó a su militancia y lo convirtió en una franquicia.

Indica que ese grupo está encabezado por el líder en el Senado, Emilio Gamboa, el coordinador de los diputados federales, César Camacho, y el presidente nacional, Enrique Ochoa Reza, quienes manipularon la asamblea:

“Creo que estos grupos, que han dirigido al PRI en los últimos años, están acabando con el partido. Esta última decisión autoriza a pensar que todas las demás mesas temáticas no tuvieron ninguna importancia. Ni la declaración de principios ni el programa, nada de eso les importa, si al final de cuentas pueden poner de candidato a una persona de la calle, a cualquiera, sin ningún vínculo, sin ninguna referencia, sin ninguna identidad con el PRI. ¿Entonces para qué quieren al partido?”

Desde su punto de vista, una cúpula manipuló la asamblea:

“Ahí estaban todos los que han manejado el partido en los últimos tiempos, los que han tomado las decisiones. Ellos fueron los que quitaron los candados para coquetearle abiertamente a Margarita Zavala o a Rafael Moreno Valle que, al final de cuentas, pueden ser candidatos del PRI, y se obvian la declaración de principios, los 10 años de militancia, la consulta interna y la identidad con el PRI. Se lo ahorran todo.

Al enterarse de los acuerdos de la mesa de Estatutos en la asamblea de Campeche –ciudad que visitaron hace unas semanas Carlos Salinas de Gortari y el presidente Peña Nieto–, dice Santiago, entendió los propósitos del grupo que controla al PRI desde 1999: “Toda esta manipulación, y de que lo único que se trataba era de no aceptar la consulta a la base, quitar los candados y quitar la obligación de que el candidato tenga alguna identidad con el PRI. De eso se trataba la asamblea”.

–¿Ese plan se fraguó en Los Pinos?

–No sé dónde, pero lo más penoso es que quienes de verdad manejan el partido, el líder del Senado, el líder de los diputados y el presidente del partido, que han estado en este proceso de deterioro del partido, siguen siendo los que mandan, a pesar de que en los últimos años ha habido puras derrotas y conflictos. Ahora, de manera abierta, ponen la posibilidad de que nuestra candidata sea Margarita Zavala, Rafael Moreno Valle, Mancera o el mismo Bronco.

–Aunque se habla más de Meade y Nuño.

–Eso es lo obvio, pero al final de cuentas son lo mismo, aunque a la mejor los dos son sólo el pretexto que encubre la verdadera urgencia de pactar y hacer alianzas con los que no ganen la candidatura en el PAN. Yo estimo que así es, porque de otra manera no entiendo por qué una pequeña cúpula abandona a la militancia real.

Y acusa: “La forma en que escogieron a los delegados fue como en otros tiempos, en los que se daban las manipulaciones para que sólo llegaran los que uno quería. Eso es como irse a la prehistoria”.

FOTO: MOISÉS PABLO /CUARTOSCURO.COM

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