Quisicosas a debatir: Candidatos: Pasarela entre banqueros / En la opinión de Marcos Marín Amezcua

Por Marcos Marín Amezcua

Nuestra campaña presidencial 2018 en sus diversas etapas, no es diferente a las anteriores. Me fastidia calificarla de inédita y de aportar escenarios inéditos. Esas son zarandajas. Todas lo hacen, y se parecen y son diferentes a la vez; así yo paso de los espacios comunes a cosas más relevantes para calificarla. Por ejemplo: el bajo perfil discursivo ante los altos problemas que enfrentamos. Eso sí es elocuente y muy cuestionable a los candidatos.

El paso de tales por la Asociación Mexicana de Bancos, que ya el nombre es de vergüenza –porque nos advierte como perdimos la banca, en su mayoría ya en manos extranjeras– adelanta la mediocridad de buena parte de ese sector. Atestiguamos de los comparecientes una pobreza discursiva no inusitada, pero sí preocupante. Y mediocre como el escenario y anfitriones a los que hablaron. 

Sí, destacó sobremanera la pobreza y visión limitada y oficialista de José Antonio Meade. Lo normal. El candidato priista, oficialista además, pareció cual abanderado del PRI, ajeno a los grandes problemas nacionales, incluido su silencio ante la carencia empresarial de la banca y temas como el robo de identidad, acrecentado en este sexenio y muy ligado a transacciones financieras de las que la banca y Hacienda por omisa, son responsables. Fue sí, a endulzarles el oído. No fue crítico ni con ellos ni con el PRI y eso que hizo un pésimo sexenio en 2012-18. Sin autocrítica de su propia gestión y de ese partido, Meade ha sido abyecto, silente de los temas graves de este país y que son  producto en gran medida de la pésima gestión priista y desde luego, fue autocomplaciente, solo yendo a repetir cifras, cifras, cifras sin atender la causa-efecto de ninguna. Poco aporte y poquitas ganas de remontar en las carencias de su modelo económico. Y claro, Meade sigue perdiendo las elecciones en las encuestas.

Ha dicho una desafortunada expresión: que metería las manos al fuego por los banqueros. Cuando uno ve los desfalcos de la banca, sus comisiones impunes y abusivas, su mal servicio en cajas y en negación de créditos, su clasismo y segregación en las filas de cajas según seas cliente o no…vamos, resulta temerario e irresponsable la expresión de Meade. 

Anaya ha comparecido dedicando gran parte de su tiempo a justificarse, a dar explicaciones que no se le han pedido sobre sus embrollos legales –sean o no creados por el PRI en el gobierno, usando la PGR como oficina alterna de campaña, como lo hace– y con un discurso halagador de banqueros. Cual mexicano globalizado, habló de robótica y drones. La pregunta que me hice al escucharlo fue: ¿y a qué hora comemos? Está muy bien pensar hacia arriba y hacia el futuro, pero no sin atender problemas puntuales y básicos con algo más que con propuestas vagas futuristas, que vean no máquinas ni números, sino personas. No lo pude diferenciar de Meade. Ese es el gran reto de Anaya, diferenciarse y no lo está consiguiendo. 

López Obrador ha sido sensato. Cuidadoso al dirigirse a una casta que le es adversa. Ha planteado lo mucho por hacer en materia de ofrecimiento de servicios bancarios a la mayoría de la población. Fue el menos aplaudido. Pero no callaré que no tuvo que  invertir tiempo en justificar al gobierno saliente ni hablar de sus problemas legales. Al grano, sin aspavientos, ha expuesto lo que le preocupa. Ha sido lo más conciliador posible con la banca. Desconozco si el aplauso recibido fue de elemental cortesía, como el que le propinaron en la American Chamber en 2006. Y ahí quedó. Ha desplegado su revolución pacífica, poniendo el acento en sus inquietudes, nada nuevo, en realidad. No más que eso.

La pasarela ante los banqueros no es la más importante ni mucho menos. La banca no ha sido tan leal al mercado mexicano, apostando solo a la hipoteca y a ordeñar pensiones, por ende, más le valdría ser cauta en sus previsiones. Ha emitido informes desalentadores en caso de ganar opciones como la de López y debería ser más objetiva. 

La pasarela ante la banca, en buena medida simples agentes de la banca internacional, puede ser significativa para enviar señales claras a ese sector. Nada más. Mi conclusión es que no quitó el sueño el paso de los candidatos, antes bien despertó algunos bostezos, y al menos a mí en más de una ocasión. 

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