PRI: Los retos de la nueva dirigencia / En opinión de Heriberto M. Galindo Quiñones

Redacción MX Político.- Hago a un lado las protestas y las impugnaciones derivadas de las elecciones celebradas hace algunos días para elegir a la nueva dirigencia nacional de mi partido político, el PRI.

Quiero ignorar la baja votación observada, y prefiero no ocuparme de los vicios, defectos y motivos de protesta que se presentaron, pues de ese tipo de señalamientos estamos ya cansados, y deberán ser las instancias legales correspondientes las que habrán de resolver.

En este texto me referiré, esencialmente, a los que en mi opinión son los retos que esperan a quienes asumirán en fecha proxima la dirigencia del Comité Ejecutivo Nacional.
 
Habrá que demostrar que hemos aprendido las lecciones recibidas de parte del electorado, sobre todo las que la terca realidad política nos impuso recientemente, cuando nos propinaron la golpiza más estruendosa y fratricida de la historia.

La sociedad mexicana está harta de mentiras, demagogia, simulaciones, indolencia, despilfarro, corruptelas, fraudes, ineptitudes, impunidad, arrogancia, altanería, abusos, prepotencias, abandonos e irresponsabilidades. Si bien es cierto que estas lacras existen en todos los partidos, en el PRI por ser el mayoritario se presentan de manera más destacada. Pero afortunadamente también existen militantes y cuadros virtuosos en todas las organizaciones sociales y políticas, y el PRI no es la excepción, sino al contrario, pues tiene más personalidades brillantes y respetables, aunque la mala fama pública nos tenga invadidos.

¿Y por qué entonces nos trató tan mal el electorado, si el PRI ha sido fundamental en la creación de las principales instituciones públicas nacionales, y si hemos sido tan importantes en el impulso del crecimiento y del desarrollo y respecto de la edificación de las principales obras de infraestructura?

Fue por la pésima imagen generada debido a una deficiente divulgación de los logros -que los hubo y con creces- de la más reciente administración federal; también fue por la difusión negativa tan intensa de la imagen que generaron los adversarios del gobierno priista supuestamente corrupto y frívolo; más los pésimos desempeños de gobernantes surgidos del PRI, muchos de ellos tras las rejas de reclusorios, y algunos más que huyen de la acción de la justicia.

¿Qué hacer, para que el PRI resurja después de la debacle y de tanto desprestigio?
Es indispensable y urgente reconocer las fallas y los errores; invitar e integrar al seno del partido a la gente más prestigiada, con liderazgos reconocidos o en gestación, con capacidades específicas y con niveles intelectuales de fama pública sabida, veteranos y jóvenes valores, en cada entidad federativa, en los municipios y a nivel nacional.

Se precisa de renovar las causas y de adecuar la ideología, los principios y las propósitos a los tiempos actuales, pero reafirmando actitudes de vanguardia, de oposición responsable, de activismo razonado y permanente, y de avanzada, para recuperar el contacto y el respaldo ciudadano, en aras de reemprender la marcha hacia un mejor futuro, con triunfos indiscutibles.

El PRI no debe, nunca más, asumir actitudes inspiradas en las filosofías del neoliberalismo o en el conservadurismo que le impusieron a los gobiernos priistas los organismos financieros internacionales y que el gobierno federal le exigió a las dirigencias,  desde los tiempos del presidente Miguel de la Madrid hasta los del presidente Enrique Peña Nieto, pasando por los de los presidentes Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo.

El PRI ya no debe ser más un partido que vaya en la retaguardia, ni ser solamente una agencia de colocaciones laborales al servicio de los intereses y de los caprichos del gobernante en turno, pues no es una dependencia gubernamental; debe luchar, eso sí,  por los intereses y por las causas de la gente de todos los estratos, pero con preeminencia de la gente que más necesidades sin resolver tiene.

El PRI, en todas sus instancias, debe ser vigilante y precursor; debe presionar a los gobiernos, en los tres órdenes, surgidos de los diferentes partidos; a gobernar bien, en justicia, en la legalidad, y con honradez y transparencia absolutas. La nueva dirigencia nacional deberá recorrer el país entero, y motivar y alentar a los comités estatales, municipales y secciónalos, a reemprender la marcha por la victoria, hacia las elecciones del 2021 y del 2024.

Se imponen discursos y conductas que atraigan y convoquen a personas de todas las edades y géneros.
Las luchas de los campesinos, agricultores, ganaderos, pescadores, obreros, jóvenes, clases medias, profesionistas, maestros y gente sin empleo, deben ser las luchas del PRI.

El impulso al empleo bien remunerado, la defensa de los derechos humanos, el cuidado de la ecología, la política exterior digna y el trato humanista a los migrantes deberán ser temas prioritarios para la recuperación del PRI con miras al resurgimiento que le permita reposicionarse en todo el ámbito nacional.
Debe haber democracia, respeto y espíritu de inclusión en todos los procesos internos de selección de candidatos.

Deben imaginarse fórmulas y formas modernas de financiamiento, con transparencia y con base en lo que permita la ley: El PRI no está muerto ni está a punto de morir, como dicen nuestros más feroces adversarios y críticos.

Pero cuidado, porque podríamos arribar a esos nefastos estatus existenciales y políticos, si no nos aplicamos, con capacidad y empeño, a realizar los cambios y adecuaciones que se requieren;y deberemos hacerlo con realismo, vision, imaginación, creatividad e innovación, para ganar el futuro.
Estoy convencido de que no existe persona alguna, dirigente, líder o gobernante que, en su sano juicio, quiera significarse por ser ineficiente o inepto. 

Tengo fe y confianza en la nueva dirigencia nacional. Tengo fe y confianza en que al asumir la dirigencia se decidan a convertirse  en verdaderos líderes sociales y políticos, como los que el PRI y MÉXICO requieren.

Autor: Heriberto M. Galindo Quiñones

 

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